Desplazados cerca de Gueskerou, en Diffa (Níger)
SYLVAIN CHERKAOUI/COSMOS FOR MSF
Níger Níger
Actualizado: sábado, 4 junio 2016 16:09

La región de Níger acoge a más de 240.000 refugiados nigerianos y desplazados internos que huyen del grupo terrorista

MADRID, 4 Jun. (EDIZIONES) -

"Música". Así es como llaman irónicamente en Diffa, una región del sur de Níger fronteriza con Nigeria, a los ataques del grupo terrorista Boko Haram, una organización que ha jurado lealtad a Estado Islámico y que está sembrando el caos en la región del Lago Chad, provocando cientos de miles de refugiados y desplazados.

"Aquí lo llamamos 'música'", explica Adam Ousmane N'Gari, coordinador de campo de Médicos Sin Fronteras (MSF) en la región y que nació en Barwa, una localidad nigerina en la orilla del Lago Chad que fue atacada por Boko Haram en octubre de 2015, provocando la huida de todos sus habitantes.

Aunque inicialmente Boko Haram centró sus ataques en Nigeria, especialmente en los tres estados del norte --Borno, Adamawa y Yobe--, el grupo terrorista ha perpetrado cada vez más atentados --algunos cometidos por niños suicidas-- en los vecinos Camerún, Chad y Níger, esencialmente en las zonas fronterizas.

"Desde diciembre de 2015 a febrero de 2016, Diffa estuvo en silencio y luego 'la música' comenzó de nuevo", explica N'Gari en su blog. A partir de entonces se han sucedido los atentados --algunos de ellos afortunadamente evitados por las fuerzas de seguridad-- "sin que parezca que haya un final a la vista", lamenta.

Ante esta situación, el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR) ha dado la voz de alarma sobre "la creciente inseguridad y el deterioro de las condiciones humanitarias en la región de Diffa".

REFUGIADOS Y DESPLAZADOS

Según las últimas cifras el Gobierno nigerino, la región acoge a 241.000 refugiados nigerianos, desplazados internos de Níger y nigerinos que han estado viviendo en Nigeria y han regresado a su país.

"Unas 157.000 personas que han huido del terror se han establecido en 135 campamentos improvisados a lo largo de los 200 kilómetros de la Ruta Nacional 1 (RN1), una importante arteria que discurre paralela a la frontera con Nigeria y al río Komadugu", precisa Adrian Edwards, portavoz de ACNUR. Algunas de estas personas se han visto desplazadas ya hasta dos o tres veces.

La RN1 "se ha convertido, de hecho, en la nueva frontera", reconoce el responsable de MSF. "Antes, el río Komadugu solía separar los dos países, hoy lo hace el asfalto", añade. N'Gari atribuye el que los refugiados y desplazados, incluida su propia familia, se asienten junto a ella a que "sienten que hay menos probabilidades de que sean atacados por Boko Haram". "Puede que tengan razón, las localidades en la carretera han sido atacadas pero no los campamentos", añade.

Las condiciones de vida en estos campamentos improvisados son funestas. Actualmente, en temporada seca, las temperaturas alcanzan los 48 grados mientras que las lluvias que llegarán en dos o tres meses "a menudo inundan los destartalados asentamientos", resalta el portavoz de ACNUR.

A esto se suma el toque de queda vigente en Diffa entre las 19:00 y las 5:00 horas impuesto a raíz de que el Gobierno nigerino decretara el estado de emergencia en la región en febrero de 2015 y que dos importantes mercados en la RN1 hayan sido cerrados en abril por temor a que puedan producirse atentados suicidas, como ya ha ocurrido en otros.

Los campamentos carecen de suficientes letrinas y duchas, buena parte de los niños no tienen acceso a educación y el acceso a alimentos tampoco está garantizado. De acuerdo con el análisis del Gobierno nigerino hay un déficit de 100.000 toneladas de cereales con respecto al año anterior.

INSEGURIDAD ALIMENTARIA

Según el Programa Mundial de Alimentos (PMA), unas 450.000 personas viven en situación de inseguridad alimentaria moderada o grave, siendo los que viven fuera de los campamentos propiamente dichos los más vulnerables.

Además, la tasa global de malnutrición aguda supera el umbral de emergencia de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y se sitúa en el 17 por ciento. De acuerdo con los datos del Fondo de la ONU para la Infancia (UNICEF), en abril había contabilizados más de 14.000 niños con malnutrición aguda severa.

El PMA está ofreciendo asistencia alimentaria y nutricional a unos 136.000 refugiados y desplazados, principalmente los que se encuentran en los campamentos, mientras que se centra en ayudar a los más vulnerables de los que están fuera de ellos. Además, en los casos en los que los mercados están operativos, está dando dinero en efectivo para que puedan comprar alimentos y apoyar con ello la economía local. Unas 35.000 personas se han beneficiado de ello.

ATENCIÓN SANITARIA

La salud es otra de las preocupaciones de las organizaciones humanitarias en la zona. Para mejorar el acceso a la salud de la población local y desplazada, MSF trabaja con el Ministerio de Salud en el principal centro de salud materno-infantil de la ciudad de Diffa, la capital de la región, y en el hospital de distrito de la localidad de Nguigmi, además de apoyar siete centros de salud de los distritos de Diffa, Nguigmi y Bosso, así como un centro de salud en el campo de Assaga.

MSF también gestiona un puesto de salud en el asentamiento de desplazados de Yebi, a cuatro kilómetros de la localidad de Bosso, que quedó destruido en un ataque hace unos días pero cuyas actividades ya han podido reanudarse desde entonces.

Asimismo, para evitar el riesgo de una epidemia de cólera, MSF ha realizado una campaña de vacunación masiva para unas 100.000 personas, y tiene prevista una campaña de sarampión para 60.000 personas, que quedó suspendida momentáneamente por el ataque en Yebi. Además, también tiene en marcha un programa específico de apoyo psicosocial para la población local y desplazada, muy afectada por la violencia de la que ha sido testigo.

En el caso de ACNUR, en mayo ha comenzado a reubicar a cientos de refugiados de dos emplazamientos improvisados en la RN1 a un campamento situado a unos 50 kilómetros de la frontera y que acoge actualmente a unas 3.000 personas. Según Edwards, quienes se están trasladando allí lo hacen porque consideran que estarán mejor protegidos y tendrán un mejor acceso a comida y servicios básicos.

Como viene siendo habitual en los últimos años, las organizaciones humanitarias carecen de los fondos suficientes para poder llevar a cabo sus operaciones. Así, de los 112 millones de dólares que más de una veintena de organizaciones solicitaron para operaciones en Diffa en 2016, a fecha de mayo solo se habían recibido 20 millones.

Más noticias

Leer más acerca de: