Un cartel electoral en Tel Aviv de cara a las elecciones del 27 de octubre en Israel - Jamal Awad/dpa
TEL AVIV 24 Oct. (De la enviada especial de EUROPA PRESS, Leyre Guijo) -
Los israelíes celebran el próximo 27 de octubre unas elecciones generales que se presentan como un referéndum a la gestión del primer ministro, Benjamin Netanyahu, en los últimos cuatro años y su respuesta a los ataques de Hamás el 7 de octumbre de 2023, el peor atentado sufrido por el país desde su creación.
A continuación repasamos en cinco claves, lo que está en juego en estos comicios y cuál podría ser el resultado:
- La cifra mágica de 61 escaños.
El Parlamento israelí, la Knesset, está compuesta por 120 escaños --los mismos que tenía la Gran Asamblea judía de sabios y líderes religiosos del siglo V a.C--, de ahí que quien quiera gobernar con mayoría necesite sumar la cifra mágica de 61 escaños.
Los israelíes, al igual que ocurre en España, no eligen directamente a su primer ministro, sino que votan por listas de partidos o coaliciones. Para la distribución de los escaños existe un sistema proporcional que contempla al país como una única circunscripción y que divide el total de votos válidos --una vez suprimidos los de las listas que no consiguen apoyo suficiente-- por el de escaños, fijando así el número de votos necesario para conseguir un asiento.
Actualmente, los sondeos auguran un resultado incierto y muy ajustado entre los dos grandes bloques que se han configurado en la política israelí. De un lado el conformado por Netanyahu y su socios de Gobierno, incluidos los partidos ultranacionalistas de Bezalel Smotrich e Itamar Ben Gvir, y del otro el bloque anti-Netanyahu que tiene al antiguo jefe del Ejército Gadi Eisenkot como máximo exponente al frente de su partido de nuevo cuño Yashar.
- Un umbral electoral del 3,25% y el voto útil.
Si algo ha marcado la política israelí ha sido la fragmentación del Parlamento, con una media de más de una decena de partidos que obtienen representación --actualmente hay diez pero hubo legislaturas con hasta quince partidos--. Precisamente, para evitar que esto ocurra y favorecer la conformación de coaliciones de gobierno, el umbral electoral ha ido variando con el paso del tiempo.
Así, inicialmente se situaba en el 1%, pasando al 1,5% antes de las elecciones de 1992, para volver a elevarse al 2% en 2004 y quedar fijado en 2014 en el 3,25% actual. Esto significa que aquellos partidos que no consigan alcanzar ese número de votos no obtendrán representación.
En unos comicios tan ajustados como los actuales, la elección de la lista a la que se vota se antoja especialmente importante, habida cuenta de que los votos a los partidos que no superen el 3,25% se detraen del cómputo total sobre el que se calcula el reparto final de escaños en la Knesset.
De ahí el que los llamamientos al voto útil, en particular por parte de Netanyahu, se hayan multiplicado en la recta final ante el temor de que el voto a partidos minoritarios de extrema-derecha, como Pueblo de Israel que lidera el general en la reserva Ofer Winter, termine en la basura, habida cuenta del escaso margen que hay entre los dos bloques.
- El dato de participación.
Esto enlaza con otro factor clave en estas elecciones: la participación. Tradicionalmente en Israel esta ha sido superior al 60%, manteniéndose en un porcentaje elevado en un momento en que la desafección con la clase política y el número de quienes participan en las elecciones está en descenso de forma generalizada en los países democráticos.
Ni siquiera en el periodo entre 2019 y 2022, cuando los israelíes tuvieron que ir a las urnas en cinco ocasiones ante la inestabilidad de los gobiernos y la imposibilidad de conformar coaliciones, se resintió este dato. Así, en las elecciones de noviembre de 2022 de las que salió elegido el actual Ejecutivo se situó en el 70,6%.
La previsión es que el dato sea similar en estos comicios, si bien la capacidad de movilización de los distintos bloques será fundamental. Así, los sondeos detectan una mayor intención de voto entre el bloque de oposición que encabeza Eisenkot, un dato que también es tradicionalmente alto entre los ultraortodoxos. La capacidad de movilización del electorado árabe-israelí, generalmente interior --en 2022 fue 53%--, será relevante en esta ocasión y todo apunta a que mayor.
- Resultados y plazos para la formación de Gobierno.
Los colegios electorales estarán abiertos entre las 7.00 y las 22.00 horas del 27 de octubre para que puedan votar los más de 7,3 millones de electores con que cuenta Israel, un dato que supone un marcado aumento con respecto a los 6,78 millones que hubo en las anteriores elecciones.
Los primeros resultados parciales se conocerán durante la madrugada y el escrutinio estará prácticamente completado hacia el mediodía del 28 de octubre, a falta del recuento de los votos de diplomáticos en el exterior --que votaron el 16 y 17 de octubre--, de los militares --que también pueden votar por adelantado-- y del personal médico. Todos ellos votan mediante el sistema del llamado doble sobre: introducen su voto en un sobre y este en otro con sus datos de identificación para que se pueda certificar.
Una vez publicado el resultado final, el presidente de Israel, Isaac Herzog, iniciará una ronda de consultas de un máximo de 7 días con todos los partidos que hayan obtenido representación, quienes le trasladarán una propuesta como primer ministro. Tras ello, Herzog deberá encargar la formación de gobierno a quien considere que tiene más opciones de cosechar los 61 votos necesarios, sin que necesariamente tenga que ser el líder del partido más votado.
Este tendrá entonces 28 días naturales para cerrar su coalición de gobierno y su programa, con la posibilidad de una prórroga de 14 días si el presidente se la concede. Una vez cerrado el acuerdo, el primer ministro y su gobierno se tienen que someter a una sesión de investidura en la Knesset, donde para ser refrendados necesitarán cosechar una mayoría simple, es decir, más votos a favor que en contra.
- Posibles resultados en estos comicios.
El resultado ideal sería que uno de los dos bloques consiguiera sumar de partida la ansiada mayoría de 61 escaños, que permitiría una gobernabilidad algo más cómoda, sin embargo los sondeos apuntan a que esta es una opción poco realista, a menos que fallen estrepitosamente en sus predicciones.
Otra posibilidad es que Eisenkot se imponga a Netanyahu --la mayoría de sondeos sitúan a Yashar por delante de Likud-- y consiga fraguar una mayoría suficiente para gobernar, pero aquí todos los analistas apuntan a que necesitaría el apoyo, al menos desde fuera, de los partidos árabe-israelíes, una opción incómoda en el Israel post 7-O. También existe la opción de que uno de los dos consiga romper las filas del contrario, atrayendo respaldos suficientes como para superar el voto de investidura.
Sin embargo, la opción que más inquieta es la del punto muerto, es decir, que ninguno de los bloques consiga imponerse, abocando al país a la repetición de las elecciones. Esto podría ocurrir tanto si ninguno de los dos líderes consigue superar el voto en la Knesset --ambos podrían intentarlo en caso de fracasar el otro-- como si expiran los plazos sin que haya acuerdo de gobierno. Entonces, Israel volvería a convocar a las urnas en un plazo de 90 días durante los que Netanyahu seguiría en el cargo como primer ministro en funciones.