Una generación de niños, marcada por la "guerra contra las drogas" de Duterte

Actualizado 29/06/2019 10:12:37 CET
Mujeres y niños en un 'slum' de Manila
 
Mujeres y niños en un 'slum' de ManilaREUTERS / DONDI TAWATAO - Archivo

En general, las víctimas son quienes "llevan el pan" a las familias, lo que las deja sin ingresos

MADRID, 29 Jun. (EUROPA PRESS) -

La "guerra contra las drogas" se ha convertido sin lugar a dudas en el emblema de la Presidencia de Rodrigo Duterte en Filipinas. En estos tres años, miles de personas han muerto a manos de las fuerzas de seguridad en el marco de la cruzada emprendida para resolver el problema, muy arraigado en el país, con el consiguiente impacto social, sobre todo para miles de niños.

Filipinas

El Gobierno filipino reconoce que unas 6.600 personas han muerto en el marco de operaciones legítimas de las fuerzas de seguridad contra presuntos narcotraficantes, si bien ONG e incluso la Comisión Nacional de Derechos Humanos sitúan esta cifra muy por encima, llegando incluso algunas estimaciones a los 20.000 o 30.000 muertos. La "guerra contra las drogas" comenzó en Manila pero se ha extendido con el paso del tiempo a otros núcleos urbanos.

Filipinas es un país pobre y el impacto de esta "guerra" se está dejando sentir en especial en las comunidades más pobres, con el consiguiente impacto para las familias y los niños, puesto que en general, los fallecidos son "quienes traían el pan", explica a Europa Press Carlos Conde, investigador para Filipinas de Human Rights Watch (HRW).

Filipinas

Así pues, "cada muerte significa en la práctica que una familia ha perdido sus ingresos" y que "miles de niños están sufriendo", denuncia. "Muchos de ellos dejan de ir a la escuela porque ya no tienen dinero ni siquiera para comprar comida y muchos sufren traumas psicológicos porque han sido testigos de asesinatos y de violencia", subraya Conde.

En otros casos, "son intimidados o excluidos por sus escuelas o comunidades" y muchos se ven obligados a trabajar para ayudar a sus familias a salir adelante y complementar "la pérdida de ingresos generada por la muerte de su padre o su madre", ilustra el investigador del HRW.

La ONG ha reunido en una web, 'Daño colateral: Los niños de la 'guerra contra las drogas' de Duterte', las historias de varios niños que han sufrido el impacto psicológico, emocional y económico de la violencia.

'Jennifer' es una de ellas. Tenía 11 años cuando a su padre le mató la Policía y desde entonces ha tenido para comer, se ha vuelto retraída y durante un tiempo dejó de ir a la escuela. En el caso de 'Kyle', de 5 años, ha desarrollado una conducta agresiva después de que su padre fuera asesinado por unos asaltantes. Otros tres niños terminaron viviendo en la calle porque nadie se podía hacer cargo de ellos.

UNA GENERACIÓN AFECTADA

"Hay toda una generación de filipinos que se está viendo profundamente afectada por la guerra contra las drogas", resume, lamentando que el Gobierno carece de programas para atender las necesidades específicas de estas familias. Aunque las ONG y las iglesias están "haciendo el trabajo que debería hacer el Gobierno, no es suficiente", lamenta.

Conde reconoce que "en Filipinas hay un problema de drogas, pero no peor del que pueden tener otros países". Muchos filipinos recurren al tráfico de drogas para ganarse la vida, pero en la mayoría de los casos de quienes están muriendo a manos de las fuerzas de seguridad "no son grandes traficantes como los que se ven en Netflix, como 'El Chapo' o los cárteles de la droga de Colombia", resalta. "Son pequeños traficantes que al día ganan unos 4 dólares al día", añade.

Por otra parte, están también quienes sí tienen otros empleos y consumen drogas con el fin de "poder trabajar más horas y así ganar más dinero" para mantener a sus familias, explica el investigador de HRW, incidiendo en que, al contrario que en Occidente, "el consumo de drogas no es de uso recreativo". En otros casos, precisa Conde, la gente "consume para olvidar" las condiciones "deprimentes" en las que viven.

ES UN PROBLEMA DE SALUD PÚBLICA

En realidad, según el investigador de HRW, el problema estriba en que Duterte está abordando esta situación "desde la perspectiva criminal cuando en realidad es una cuestión de salud pública". La solución actual, resume, pasa por "matar o detener a los vendedores y consumidores", lo cual explica también lo superpobladas que están las cárceles en Filipinas.

Para Conde, la solución pasaría por reconocer que la población consume drogas pero trabajando para que el impacto de ello en la sociedad "sea el menor posible" mediante programas de concienciación, de rehabilitación y reinserción y "no empujándoles a la clandestinidad porque entonces el problema se vuelve mucho más difícil de atajar".

El investigador de HRW reconoce que Duterte "vio una oportunidad en el problema de las drogas desde el punto de vista político" en un país en el que "el sistema es disfuncional" en todos los ámbitos de la vida, empezando el político, pasando por el económico y terminando por el social.

El ahora presidente jugó su baza de los resultados logrados en Davao, la ciudad de la que fue alcalde y en la que logró reducir el problema de la droga con una política que ahora está emulando a nivel nacional, convenciendo a muchos filipinos de apoyarle para llegar al palacio de Malacañán y a seguir respaldándole ahora que se cumplen tres años de ello.

"Muchos vieron en él un líder que, a través de la violencia, podría hacer que por fin el país avanzara y con ello mejorara su situación", algo que no han conseguido hasta ahora los presidentes que se han sucedido en el cargo desde el fin de la dictadura de Ferdinand Marcos en 1986, aclara el investigador.

NO TODOS APOYAN LA "LOCURA" DE DUTERTE

"Pero no todos apoyan esta locura", asegura Conde, que sin embargo reconoce que el presidente ha sabido "sembrar el miedo" en los ciudadanos y no todos se atreven a criticarle, lo que explica que sus índices de respaldo se sitúen en el 85 por ciento.

Sin embargo, la "guerra contra las drogas" no está dando los resultados que presuntamente persigue. "No hay menos droga, no hay más empleo", subraya, recordando que el propio Duterte ha reconocido que no ha funcionado y "el problema de las drogas es incluso peor. "Esto es lo que hace más trágico, el que parece que todas estas muertes han sido para nada", lamenta.

Por otra parte, mientras esto está ocurriendo en Filipinas, fuera del país "no hay muchas críticas hacia Duterte pese a las muertes". "Tanto las víctimas como las organizaciones de Derechos Humanos siente que la comunidad internacional no ha dado un paso adelante para abordar la calamidad de los Derechos Humanos en Filipinas", señala.

Por ello, añade, desde HRW piden que el Tribunal Penal Internacional (TPI) concluya su examen preliminar sobre las denuncias en contra de Duterte y dé paso a una investigación propiamente dicha sobre lo que considera la "catástrofe de Derechos Humanos" en Filipinas, ya que a la "guerra contra las drogas" se suman la persecución e intimidación de la que son objeto ecologistas, activistas, periodistas y otras personas.

Contador

Para leer más