Fachada del antiguo comercio 'Comestibles Finos', en Lavapiés - EUROPA PRESS
MADRID, 23 Ago. (EUROPA PRESS) -
En una esquina de Lavapiés, unas grandes letras azules continúan anunciando 'Comestibles Finos' casi un siglo después de que fueran colocadas para atraer a los clientes de un antiguo ultramarinos. El negocio ya no existe, pero su fachada, revestida con cerca de nueve metros cuadrados de azulejos, sigue haciendo reconocible el local en el número 3 de la calle San Carlos con Ministriles.
La cerámica, fechada entre 1924 y 1935, permite además reconstruir algo más que la historia de aquel establecimiento: muestra cómo los comercios madrileños comenzaron a utilizar sus propias fachadas como reclamo publicitario, con colores, rótulos y composiciones pensadas para destacar en la calle y captar la atención de quienes pasaban por delante.
Así lo recoge Beatriz Collar Castro en su trabajo 'Estudio y propuesta de intervención para la conservación de la cerámica aplicada en la fachada del comercio histórico Comestibles Finos en Lavapiés, Madrid' (2020), presentado en la Universidad Complutense de Madrid (UCM).
En aquel momento, convertir la fachada en una suerte de anuncio permanente no era algo excepcional. A finales del siglo XIX se desarrolló con fuerza la publicidad callejera en Madrid y los establecimientos comenzaron a incorporar rótulos y decoraciones relacionadas con los productos que vendían utilizando materiales como el metal, el cristal, el mosaico o el azulejo.
La cerámica tuvo especial presencia entre el último tercio del siglo XIX y los años treinta del XX por reunir varias características especialmente útiles para estos establecimientos, en concreto, resultaba llamativa, resistente, alegre y fácil de limpiar.
AZULEJOS DE AZUL COBALTO, AMARILLO Y BLANCO
En 'Comestibles Finos', la cerámica ocupa buena parte de la planta baja y se adapta a la propia esquina del inmueble. Los azulejos principales miden 20 por 20 centímetros y presentan una composición de simetría radial en la que se mezclan el azul cobalto y el amarillo sobre un fondo blanco, acompañados de cenefas con los mismos colores.
A diferencia de los azulejos decorativos que repiten un mismo dibujo, cada baldosa del rótulo tuvo que adaptarse a las letras y las cartelas que forman el conjunto. Sumadas ambas partes de la fachada, la superficie cerámica alcanza unos nueve metros cuadrados.
Los azulejos tienen aproximadamente un siglo, pero la actividad comercial de esta esquina es bastante anterior. En 1879 ya aparece registrada una tienda de comestibles en el número 3 de San Carlos, entonces a nombre de Antonio Alonso Álvarez. El local fue cambiando posteriormente de actividad y entre 1890 y 1929 albergó negocios tan diferentes como carnicerías, tiendas de comestibles, lecherías, peluquerías, zapaterías o fruterías.
Era un reflejo de un barrio en el que el pequeño comercio tenía un peso especialmente importante. El estudio señala que en 1903 existían 1.063 establecimientos dedicados a la alimentación en la zona, de los cuales 195 eran tiendas de ultramarinos.
El 28 de abril de 1929 el establecimiento pasó oficialmente a Juan Álvarez Álvarez, que continuó dedicado a la venta de comestibles hasta 1935. Sus iniciales coinciden, además, con las que pueden verse integradas en la fachada, una circunstancia que lleva al estudio a considerar que probablemente fue durante aquel periodo cuando se instaló la azulejería que ha llegado hasta la actualidad.
UNA TIENDA EN LA QUE TAMBIÉN VIVÍA LA FAMILIA
La historia del establecimiento continuó en 1936, cuando Juan Álvarez traspasó parte del negocio a Juan Aritmendi, que mantuvo allí una tienda de comestibles hasta 1972.
El interior respondía al modelo tradicional de ultramarinos de barrio. Además del espacio de venta, había una trastienda que funcionaba como almacén y una pequeña vivienda destinada a la familia que atendía el negocio. A partir de 1936 fueron los miembros de la familia Aritmendi González quienes se ocuparon del establecimiento.
También era diferente la manera de comprar. Los productos se despachaban al por menor y muchos se vendían a granel, pesados en básculas de un kilo. En sus estanterías podían encontrarse legumbres, conservas, patatas, galletas, bacalao, membrillo, queso, jamón york, aceite, chocolate, azúcar, café o jabón, entre otros artículos.
EL 'ECONOMATO' QUE SE ESCONDE BAJO 'COMESTIBLES'
La propia fachada conserva además pistas de los cambios que experimentó este establecimiento de Lavapiés. Una de las más curiosas está precisamente en uno de sus rótulos.
En la parte que da a la calle San Carlos aparecía originalmente la palabra 'ECONOMATO', pero posteriormente la azulejería fue pintada con el término 'COMESTIBLES'. En su trabajo, Collar Castro apunta que todavía podía apreciarse bajo la pintura el relieve de la rotulación anterior y plantea la posibilidad de que el local hubiese funcionado durante un periodo como economato antes de regresar a su actividad como tienda de alimentación.
La cerámica ha conservado incluso una antigua numeración de la calle. En el rótulo correspondiente a Ministriles aparece el número 25, aunque esa dirección pasó oficialmente a ser el número 23 en abril de 1949.
También evolucionó la propia distribución de la tienda. Antes de los años cincuenta, los dos vanos existentes funcionaban como puertas de acceso, pero posteriormente el de Ministriles fue cerrado para transformarlo en escaparate. El estudio señala asimismo que los cierres metálicos podrían remontarse aproximadamente a 1938.
Con el paso de las décadas el ultramarinos terminó desapareciendo, pero no su principal reclamo. Hispania Nostra llegó a incluir la fachada en su Lista Roja por el deterioro de la cerámica aunque, tal y como ha podido comprobar Europa Press, ha sido objeto de una actuación de rehabilitación, junto al resto del inmueble.