Mar Romera defiende que el modelo en España "tiene que ser Finlandia sin PISA a la vez que África"

Mar Romera, máxima exponente en la educación emocional y presidenta de la Asocia
EUROPA PRESS
Publicado 10/02/2019 9:59:35CET

Aboga por una escuela para todos los niños, la de Hogwarts, y asegura que si prohibimos a los niños el juego "le privaremos de su infancia"

MURCIA, 10 Feb. (EUROPA PRESS) -

Mar Romera, máxima exponente en la educación emocional y presidenta de la Asociación Pedagógica Francesco Tonucci, ha reconocido que "estamos mejor que nunca a pesar de los pesares y de lo que sacamos a la palestra como negativo, para intentar evolucionar".

Por ello, Romera, en una entrevista a Europa Press, defiende que en España "el modelo no debe ser Finlandia, debe ser África", como dice su amigo Javier Romero, ya que consiste en "hacer comunidad". "Solos sabemos poco, en equipo podemos aportar mucho", puntualiza.

"El modelo en España tiene que ser Finlandia, sin PISA, a la vez que África, porque al final nuestros orígenes, cultura, respeto e interculturalidad debe ser el elemento que marque la diferencia", asegura, para después explicar que consiste en utilizar las diferencias como recurso y no como debilidad.

La escuela ideal no existe, ya que "si cojo la mejor escuela de Finlandia y la coloco en el sur de Murcia será un fracaso; no hay una marca de escuela con la que me quede; he encontrado escuelas Montessory maravillosas y otras que no merecen ser escuelas, sistemas Waldorf maravillosos y escuelas Waldorf que podrían cerrar, centros que apuestan por la tecnología a muerte increíbles y otros que no respetan a los niños".

La escuela que quiere Mar Romera es una escuela para todos los niños y niñas y no hacer un colegio para cada una de las variantes, quiere la escuela de Hogwarts, que hace que "el protagonista sea el niño, que potencia la curiosidad, la seguridad, la admiración, el amor, amor por quienes son y no por lo que hacen, en la que se juega, se ríe, en la que el profesorado está preparado a alto nivel, en la que la sociedad completa respeta al profesorado".

Con motivo de su participación en las III Jornadas del Profesorado 'Innovaedum: Educamos desde el corazón', organizadas por la Unión de Directivos de Educación Infantil y Primaria de Murcia (Direcmur), celebradas hace una semana en Murcia, Romera, parafraseando a Chaplin cuando habla de que "en un momento de explosión hasta los planetas chocan y del caos nacen las estrellas", hace alusión a la movilización e ilusión entre el profesorado.

Cierto es que hay mucha comparativa con muchos países, entre ellos los nórdicos, pero insiste en que "ni estamos tan alejados ni tampoco creo que tengamos que acercarnos tanto".

Esta maestra, licenciada en Pedagogía y Psicopedagogía, considera que nunca hay que volver hacia atrás y aunque señala que es importante conocer el pasado y respetar los orígenes, advierte que "estamos mejor que nunca".

LAS ESCUELAS BILINGÜES O TRILINGÜES

Como consecuencia de los cambios en la normativa y en la legislación que se han realizado en el conjunto nacional, Mar Romera lamenta que ello "ha generado un caldo de cultivo de desasosiego, incertidumbre y, en muchas ocasiones, de excusa".

Considera que algunas aportaciones a posteriori de la Logse, que aportó "un gran cambio conceptual que no supimos interpretar", han sido oportunas, "independientemente del partido político que haya habido tras ellas".

El tema, dice, es que el desarrollo de esa normativa global "ha burocratizado tanto la estructura y el sistema en las diferentes comunidades que el docente de aula se ha cansado y no ha tenido repercusión directa en la escuela, pero se ha intentado sumar todo el tiempo".

En su opinión, "si queremos transformar un sistema y solo sumamos explota y no es meter más cosas". Muestra de ello son las escuelas bilingües o trilingües y sobre esto pone de manifiesto que "no se está haciendo un bilingüismo correcto y los neurocientíficos nos dicen que es de lo más incorrecto; hemos metido horas de idiomas, no estamos haciendo un enfoque comunicativo y de lenguaje, hemos metido horas de robótica pero no hemos transformado". A pesar de que se ha evolucionado "poco", celebra que el profesorado que quiere "coge las riendas y sí lo puede cambiar".

En esta línea, hace referencia a un real decreto de Primaria que habla de la posibilidad de la autonomía pedagógica de los centros, "hagamos eficiente ese artículo" a través de la "profesionalización de los equipos directivos con proyectos educativos evidentes y propios, la estabilidad de las plantillas en los claustros, dar una vuelta importante a los procedimientos de concurso de traslados en la escuela pública".

El interés del menor, advierte, "debe prevalecer, porque no podemos hablar de proyectos educativos consolidados con plantillas en la escuela pública, donde el 70 por ciento es provisional o cambia todos los años, así no podemos hacer proyecto".

EL JUEGO Y LA PRIVACIÓN DE LA INFANCIA

Romera también habla de la hiperprotección e hiperpreocupación hacia el niño, de la posibilidad incluso de que se le esté privando de su infancia y ello le genere enfermedades propias de adultos, como trastornos en el sueño, estrés o depresión.

Antes existía y estaba justificado en escenarios como una Guerra Civil o una posguerra, pero "no tan exagerado como ahora, ya que se pueden evitar".

Y es que, resalta, los niños "necesitan jugar y eso es sentido común, pero jugar implica riesgo, autonomía y una vigilancia no constante, estar con otros iguales pero diferentes". "Los niños tienen que construir su propio mundo a partir de ahí y si le prohibimos el juego le privamos de su infancia", incide.

Todo porque "tenemos miedo y nuestro cerebro se cree todo lo que imagina y pensamos en la sobreprotección, porque no hemos sabido interpretar e incluir en nuestra vida lo que han supuesto las tecnologías, las redes sociales y la utilización de dispositivos móviles, cuánto tiempo nos quitan, porque mientras acompañas a tu hijo al parque estás con el móvil".

Romera aboga por familiarizar al niño con las tecnologías y no privarles de ellas, ni de la imaginación; "necesita de esa vivencia con las tecnologías, pero hasta los 7, 8 ó 9 años no necesita la pantalla en los centros".

No aboga por suprimir la tecnologías en los colegios, sino que es partidaria de entrenar con los adolescentes las redes sociales; "no es que se potencie desde el aula, sino aprender a utilizarlas de forma responsable".

Las tecnologías "intentar robar ese espacio a las emociones, pero no pueden reproducirlas; es imposible que puedas vincular con la mirada de una pantalla de la misma manera que vinculas con la mirada de una persona".

"Tenemos que hacerlo mirar", reconoce Mar Romera, aunque vuelve a incidir en que no estamos tan mal como hace 50 años, "cuando era mucho más preocupante el porcentaje tan elevado de analfabetos". "A día de hoy no hay rango de analfabetismo en el país, ningún niño sin escolarizar, pero no podemos permitir que se nos escape por un agujero algo por una falta de control", añade. Según Mar Romera, "hay que hacer un acceso autónomo, responsable, consciente y desde el desarrollo de un pensamiento crítico".

También opina sobre la supresión de algunas asignaturas de antaño, porque lo que se aprende con música y emoción "no se olvida". "Las artes, la plática, recuperar la filosofía, el debate, el diálogo, el pensamiento opuesto, divergente, en la actualidad las grandes empresas buscan para los altos ejecutivos la gente de filosofía antes que la de economía", concluye.

En definitiva, resalta la necesidad de "no olvidar nunca que el objetivo debe estar puesto en la infancia y no en aspectos colaterales que nos distraen del horizonte marcado. Niños y niñas son ciudadanos de pleno derecho ya hoy; no es necesario esperar a mañana".

"La escuela que quiero tiene nombre y apellidos, es la escuela Juan, Hugo o Laura, y se llama así porque es el nombre del niño en el que piensas cuando leer estas líneas", concluye.

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