Archivo - Marta Beranuy y Elena Esteban, investigadoras sobre la salud mental de los estudiantes de la UPNA . - JESÚS M GARZARON - Archivo
PAMPLONA 24 Ago. (EUROPA PRESS) -
Una investigación realizada en la Universidad Pública de Navarra (UPNA), a partir de datos recabados entre 4.925 estudiantes de la propia institución (el 46% del total), concluye que existe una brecha entre la necesidad percibida de apoyo psicológico y la búsqueda efectiva de ayuda profesional.
El trabajo detecta que más de la mitad del alumnado que manifestó haber necesitado apoyo psicológico desde el inicio de sus estudios universitarios no consultó con profesionales de la salud mental. El equipo investigador subraya la urgencia de reforzar la detección precoz e implantar la evaluación continua de la salud mental en el contexto universitario, además de mejorar la difusión entre el alumnado de los recursos psicológicos disponibles.
Este trabajo forma parte del proyecto EVAPSI (Estudio y Valoración de la Salud Psicológica Universitaria), una investigación liderada por la UPNA y financiada por el departamento de Salud del Gobierno de Navarra para analizar la salud emocional del alumnado de la institución académica e identificar factores de riesgo y de protección, así como diseñar estrategias de prevención e intervención adaptadas a la realidad universitaria. Dicho proyecto está dirigido por dos profesores del departamento de Ciencias de la Salud: Marta Beranuy Fargues y Mark Beyebach, quienes desarrollan la investigación, junto a Diego Rivera Camacho, docente del mismo departamento, y Sylver Yllanes Lizarraga, personal investigador predoctoral en formación.
Los resultados antes citados corresponden a un análisis de una parte de los datos recopilados dentro del proyecto EVAPSI. Esta investigación ha sido realizada por Elena Esteban Rezusta como trabajo de fin de estudios del máster universitario en Psicología General Sanitaria, bajo la dirección de Marta Beranuy. El trabajo, que constituye una de las primeras explotaciones de la información obtenida por el proyecto, se ha centrado en cuatro ámbitos considerados 'críticos': el malestar psicológico, los estresores académicos, la conducta suicida y la búsqueda de ayuda psicológica.
MALESTAR PSICOLÓGICO Y CONDUCTA SUICIDA
Los resultados del estudio EVAPSI indican que el 16,2% del alumnado presentó sintomatología depresiva; el 21,3%, sintomatología ansiosa; y el 39,8%, sintomatología de estrés. Además, 205 estudiantes (el 4,2%) mostraron niveles severos o muy severos de malestar psicológico.
En relación con la conducta suicida durante el último año, el 5,3% del alumnado señaló haber sentido que la vida no merecía la pena; el 5,1%, deseos de muerte; el 5,2%, ideación suicida; el 2,3%, planes de suicidio; y el 1,7%, intentos de suicidio. Si se tienen en cuenta los indicadores de mayor gravedad, 144 estudiantes (el 2,9% de la muestra) informaron de planes y/o intentos de suicidio.
El trabajo constata que "los niveles elevados de malestar psicológico se asociaron con una mayor presencia de conducta suicida". En concreto, la sintomatología depresiva presentó "asociaciones significativas con todas las formas de conducta suicida analizadas".
EL MIEDO AL FRACASO Y LOS ASPECTOS ECONÓMICOS
La investigación también examinó la relación entre el malestar psicológico y los estresores académicos. Estos últimos son factores del entorno universitario que pueden generar tensión o malestar en el alumnado, como "la sobrecarga de trabajo, el miedo al fracaso, la presión por las calificaciones, la incertidumbre sobre el futuro profesional y las creencias sobre el rendimiento". "Dichos estresores van asociados con pensamientos negativos, irritabilidad, alteraciones del sueño y agotamiento físico", según la literatura científica existente.
El miedo al fracaso fue el factor que, en el estudio EVAPSI, mostró las asociaciones más fuertes con el malestar psicológico. El resto de los estresores académicos analizados también mantuvo una relación estrecha con dicho malestar.
Por su parte, los aspectos económicos presentaron una relación con las variables de conducta suicida. Según el trabajo, este resultado podría explicarse tanto por la influencia de la situación socioeconómica del alumnado en la salud mental como por el efecto del estrés económico percibido sobre el malestar psicológico.
UNA BRECHA ENTRE NECESIDAD Y CONSULTA
Uno de los principales resultados del estudio se refiere a la distancia entre la necesidad percibida de apoyo psicológico y la consulta efectiva. El 31% del alumnado reconoció haber necesitado ayuda psicológica por problemas de salud mental desde el inicio de sus estudios universitarios. Sin embargo, únicamente el 13,5% consultó con profesionales de la salud mental; es decir, entre quienes percibían la necesidad de apoyo psicológico, el 56,3% no había consultado con profesionales de la salud mental. La proporción de estudiantes que conocían el servicio de atención psicológica que la UPNA ofrece a la comunidad universitaria también fue limitada. El 29,3% del alumnado afirmó conocer su existencia y el 1,9% señaló haberlo utilizado.
El trabajo analizó, además, la búsqueda de ayuda entre el alumnado con mayor gravedad, tanto por malestar psicológico severo o muy severo como por planes o intentos de suicidio. En este grupo, entre el 63% y el 73% percibía necesidad de apoyo psicológico. No obstante, al igual que en la población general del estudio, entre el 49% y el 53% no había consultado con profesionales.
Además, el estudio observó que los niveles graves de malestar psicológico se asociaban con una mayor probabilidad de buscar ayuda profesional. En cambio, la presencia de planes o intentos de suicidio no mostró una asociación significativa con la búsqueda de ayuda.
SIN UN PERFIL ÚNICO DE RIESGO
La investigación no identifica un perfil de riesgo claramente definido. Las variables sociodemográficas y académicas explican poca variabilidad de la sintomatología evaluada, aunque sí se observan determinados patrones de riesgo.
Así, el trabajo recoge una mayor vulnerabilidad en mujeres que en hombres y apunta indicios en el estudiantado de género diverso, aunque estos últimos resultados deben interpretarse con cautela por el reducido tamaño de la muestra. Asimismo, el alumnado de las facultades de Ciencias Humanas, Sociales y de la Educación y de Ciencias Jurídicas se asoció con mayores niveles de malestar y estrés académico. "Esto podría explicarse porque la alta feminización de estas disciplinas facilita el reconocimiento y la expresión del malestar, lo que justificaría, a su vez, las menores cifras observadas en hombres cis y en áreas como ingeniería o ciencias económicas y empresariales", afirma Elena Esteban.
En relación con el curso, el de primero presenta más malestar, con predominio de sintomatología ansiosa, un dato que el trabajo relaciona con "el proceso de transición universitaria". En cursos intermedios "disminuye el malestar general, pero aumentan los estresores académicos, especialmente, el miedo al fracaso y el estrés por rendimiento". En niveles académicos avanzados, el malestar vuelve a incrementarse, en particular, durante el doctorado, etapa en la que también adquieren relevancia los factores económicos.
DETECCIÓN PRECOZ Y RECURSOS DE APOYO
El trabajo concluye que es necesario reforzar la detección precoz del malestar psicológico en el ámbito universitario, mejorar la accesibilidad a los servicios de atención psicológica y su difusión y diseñar intervenciones específicas para los grupos con mayor acumulación de factores de riesgo, incorporando una perspectiva de género y socioeconómica. El estudio también destaca la importancia de actuar sobre los estresores académicos (especialmente, el miedo al fracaso) y de tener en cuenta los aspectos económicos por su relación con la conducta suicida.
El proyecto EVAPSI recogió los datos del alumnado entre septiembre y octubre de 2025. Esta iniciativa cuenta con la aprobación del Comité Ético de Investigación Clínica de Navarra.