Charo Zarzalejos.- Esperando a Quim

Publicado 04/10/2019 8:00:40CET

MADRID, 4 Oct. (OTR/PRESS) -

Desde el pasado Domingo, que es cuando se conoció la primera filtración de las actuaciones judiciales sobre eventuales actividades violentas por parte de un reducido grupo de personas pertenecientes a los CDR, la posición del Presidente en funciones ha dado un giro nada disimulado. De repente, habla con naturalidad y hasta con contundencia del 155 y, por supuesto, de la Ley de Seguridad Nacional.

Sospechan muchos que este giro es un giro calculado, sobrevenido como ariete de una campaña en la que el PSOE, al parecer pretende parecerse a lo que se denomina socialismo de toda la vida. De hecho, la aplicación del 155 necesita de los requisitos ya dictados por el Tribunal Constitucional y los dirigentes independentistas llevan este artículo sobre sus cabezas. El gobierno de la Generalitat se va a cuidar muy mucho de cruzar las líneas rojas que cruzaron hace dos años.

Ya han experimentado en sus carnes que quien reta al Estado, siempre pierde, como bien decir el añorado Alfredo Pérez Rubalcaba. Habrá desobediencia civil por parte de amplios sectores de la sociedad catalana, manifestaciones, antorchas y apelaciones nostálgicas a lo que ellos sabían de antemano que no podía ser.

El famoso 155 se ha convertido en un argumento de campaña del que Pablo Casado ha huido. Otra cosa es la Ley de Seguridad Nacional y muy serias se tienen que poner las cosas como para que el Gobierno la aplique. Adelantar el futuro es un ejercicio de mucho riesgo y quizás es confundir deseos con realidad pero dudo mucho, muchísimo que desde las instituciones catalanas se vayan a cruzar las líneas rojas en los términos establecidos por el Tribunal Constitucional.

Otra cosa es comprobar la irresponsabilidad, una vez más, del propio Quim Torra a la hora de reaccionar ante el sumario abierto contra siete miembros de los CDR. La prudencia es lo mínimo que se puede pedir a quién es el máximo representante del Estado en Cataluña. Para muchos españoles las reacciones conocidas generan estupefacción y vergüenza. Nunca, nunca jamás, un lehendakari gritó libertad, libertad cuando se producían detenciones de gentes que ponían bombas en cajeros automáticos. Nunca se había visto semejante espectáculo.

El Gobierno está a la espera de Quim Torra y a su reacción a la sentencia del Supremo sobre los hechos acontecidos hace dos años. Esta sentencia está al caer. La espera será breve.

En todo caso el problema del secesionista catalán -que no Cataluña- va estar ahí, bien presente y bien visible y como el Presidente en funciones se ha olvidado de la plurinacionalidad, a la hora de la verdad, no tendrá más remedio, si quiere transitar acompañado, que mirar a Pablo Casado porque de Rivera tampoco se fía.

Los resultados del 10 N pueden poner a los dos líderes de los dos grandes partidos en una situación que hace un año era impensable: Sánchez necesitando a Casado y Casado sin margen, pensando en España, para decirle que no. El primero, como es natural, no va a renunciar a gobernar y el segundo no puede ni debe renunciar a ser alternativa. El panorama es tan complejo como interesante y mientras este futuro inmediato llega, todos esperando a Quim.

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