MADRID 16 Oct. (OTR/PRESS) -
"O se da un volantazo a la campaña o nos vamos al carajo". Esta frase es la de un socialista pronunciada en compañía de algunos compañeros de partido. Como es habitual, quiere anonimato pero advierte: "Como yo piensan muchos". Ni el CIS de Tezanos alivia la intranquilidad que se respira en muchos rincones del PSOE.
Los últimos acontecimientos han estado a punto de desbordar el ya famoso e indestructible temple con el que el mando supremo del PSOE afronta todas aquellas situaciones que le son adversas, que le rompen la mínima certeza y que obligan a modificar el argumentario.
De situaciones más o menos adversas no se libra ningún partido, pero el cúmulo de noticias de los últimos días supera con mucho cualquier traspiés. Es mucho más que un traspiés que nos enteremos ahora de cómo la fragata estrella de Marruecos estuvo en aguas españolas, no unas horas, sino unos días, justo cuando 80.000 personas cruzaron la frontera con Ceuta. El hecho en sí mismo es grave, pero no es menos grave la reacción del Ejecutivo. Primero, por la ocultación del hecho, incluso al jefe del Estado, que fue informado semanas después de un "hecho puntual" que, sin embargo, se mantuvo en secreto porque afectaba a la seguridad nacional. Resulta que lo ocurrido fue un juego de barcos que, como siempre ocurre cuando de Marruecos se trata, se resolvió con el diálogo. Si fuera Mohamed estaría tranquilo; total, fue un juego de barcos...
La posición del Gobierno resulta irritante. Habla de transparencia, pero se obvia un 'hecho puntual' que afecta a la seguridad nacional. Lo ha dicho el ministro Bolaños. Ha sido una tomadura de pelo que indica el nulo respeto al Parlamento y al conjunto de los españoles. Pensarán los socialistas que esto se olvida repitiendo una y otra vez que somos la economía que más crece, inundando sus discursos con porcentajes triunfalistas.
Pero si el 'hecho puntual' y la forma de gestionarlo a espaldas de quienes tenemos derecho a saber la verdad ha sido un serio traspiés para el Ejecutivo, ni qué decir tiene el hecho de que la portavoz de campaña, Montse Mínguez, no es, ni ha sido, la mejor representante para lanzar discursos apasionados como los que ha venido defendiendo. 'La vivienda es un derecho, no especulación', dijo en el Congreso, y hete aquí que ella y su pareja son eso que se llama grandes tenedores. Dice la portavoz que la tal sociedad paga impuestos y acata la ley. ¡¡¡Solo faltaba!!!
No es delito poseer treinta viviendas; lo vergonzoso son esos discursos, a modo de homilía, que con un lenguaje agresivo separan entre buenos y malos, entre los que defienden el derecho a la vivienda y, para ello, hablan de pymes carroñeras. El problema está cuando lo que dices no te representa, cuando no existen los grises y la responsabilidad nunca es tuya. En este caso lo es de quienes han votado en contra de dos decretos elaborados a última hora después de ocho años al mando del Gobierno de España.
El presidente del Gobierno no pierde la sonrisa. A fin de cuentas, lo de Montse Mínguez es irrelevante porque lo importante es lo que se vota, no lo que se es, y que Marruecos envíe a su fragata estrella a aguas de Ceuta es algo tan inocente como un juego de barcos. Ver para creer.
Ahora ha entrado en liza el debate sobre las pensiones. VOX que diga lo que quiera decir, pero sabe el PSOE que el PP no las va a tocar salvo para revalorizarlas. Feijóo ha tenido que recordar que es él quien manda y que las pensiones no se tocan. Tellado, jefe de campaña, tiene trabajo para taponar cualquier rendija, no sea que alguien del PP diga también eso de 'volantazo o nos vamos al carajo'.