Publicado 18/05/2021 08:02CET

Fernando Jáuregui.- La Cataluña que no interesa al resto de España. Ni a Cataluña

MADRID, 18 May. (OTR/PRESS) -

Sé, porque me lo dicen directores de medios y editores con los que colaboro, que el 'tema catalán' a nadie apasiona fuera de Cataluña -ni dentro- por repetitivo, aburrido, falto de ideas y de 'seny'. Y sobrado, en cambio, de ambiciones y corruptelas. Pero hoy la actualidad fuerza a que no quede otro remedio que hablar de un asunto que constituye el mayor peligro, de lejos, para la estabilidad y la democracia española, aunque los actuales responsables políticos nacionales, instalados tenazmente en el ombliguismo de Madrid, no quieran verlo o, al menos, traten de no pregonarlo.

Sí, es cierto que, gracias a sus mediocres dirigentes políticos -no hablo solo de los independentistas--, Cataluña ha dejado de interesar en la propia Cataluña, y no digamos ya en el resto de España. Como un barco que va a la deriva y que todos intuyen que acabará en la escollera, llevando a la desgracia a la tripulación. Es lo previsible, como previsible era que, 'in extremis', las dos mayores formaciones independentistas, secundadas por los más furibundos antisistema, los de la CUP, llegarían a un acuerdo de última hora para repartirse el poder y evitar otras elecciones de resultado quizá poco satisfactorio para ellos.

Claro que tampoco resulta demasiado arriesgado predecir que el pacto de Junts y Esquerra Republicana de Catalunya, bendecido por las 'organizaciones civiles' ANC y Omnium, durará poco, será inestable y generará para la convivencia y el progreso de los catalanes más problemas que soluciones. Dos personalidades como el republicano encarcelado Oriol Junqueras y el fugado Carles Puigdemont nunca permitirán que sus respectivos 'segundos de a bordo', entre ellos quien oficializará 'su' presidencia de la Generalitat, Pere Aragonés, lleguen a un pleno entendimiento. Es el suicida juego de tronos que impera en la Plaza de Sant Jaume, donde la preponderancia del partido propio interesa mucho más que el bien de la ciudadanía.

Lo que preocupa más, con todo, es la aparente molicie en la que se han instado las fuerzas llamadas 'constitucionalistas', o sea, no independentistas. Que el PSC de Salvador Illa, que era la gran esperanza blanca, no haya podido llegar a un mínimo acuerdo con 'populares' y Ciudadanos para, al menos, salvar los muebles e intentar alguna suerte de acuerdo que evite la locura que se avecina resulta difícil de entender, por más complicado que este acuerdo pudiera haber parecido. Que los 'comuns' de Ada Colau y compañía sigan en su deriva ambigua, que cada día les cuesta una mayor indiferencia del electorado, muestra que, de nuevo, todos siguen sumidos en algo que el sector independentista parece, con todo, estar empezando a superar: la pelea entre 'las derechas' y 'las izquierdas'. Como si eso fuese ahora lo importante en una Cataluña que se aleja, se aleja* Sobre todo, se aleja de cualquier planteamiento razonable. Porque la independencia será imposible, al menos a corto y largo plazo, y la convivencia con el resto del país ha de imperar, guste o no guste al secesionismo. Y todos lo saben, aunque no lo demuestren.

Para mí, siento decirlo, que se haya evitado una repetición de las elecciones merced a un reparto de consellerías que es más bien un ejército de Pancho Villa que un Govern eficaz que resuelva las cuestiones que crecientemente angustian a los catalanes, no es una buena idea: lo importante para ellos será el indulto a los presos, el referéndum plebiscitario y, en último término, la independencia, ya digo que imposible hasta donde la vista política alcanza.

Claro que vista la resignación con la que actúan los por otra parte casi desaparecidos en tierras catalanas Partido Popular y Ciudadanos --¡¡que llegó a ganar las elecciones hace menos de cuatro años!!_y vista la inoperancia aparente en la que se desenvuelve 'la esperanza Illa', que ni siquiera ha podido delinear un frente con los 'comuns', es casi mejor que no se den nuevas elecciones; total, para dejar todo como está y prolongar una provisionalidad tan dañina...

Sí, entiendo que le aburra el relato del surrealismo político que se encarna en una tierra admirable como Cataluña, cuyos representantes son tan indignos de sus representados. Pero debo advertirle a usted: es un surrealismo contagioso y Cataluña será coherente con el resto de España o no será. Y entonces nadie seremos. Fíjese lo que nos estamos jugando en este envite.

fjauregui@educa2020.es

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