MADRID 22 Oct. (OTR/PRESS) -
La batalla política de estos días, en los que Valencia vuelve a sufrir el barro y las inundaciones, se centra en dos temas que no suscitan gran preocupación en la ciudadanía: las trabas que se imponen para que los nietos de los exiliados por el franquismo puedan votar en las elecciones del 29 de noviembre y la lucha por el reparto de escaños en el Senado.
Curiosamente, este inusitado interés por ambos temas tiene que ver con el control de los órganos judiciales. De conseguir el PP y Vox superar la mayoría de tres quintos en la Cámara Alta, podrían elegir a los miembros del Tribunal Constitucional o del Consejo General del Poder Judicial y ratificar el nombramiento del Defensor del Pueblo sin pacto alguno.
Y, como el control del Poder Judicial se ha convertido en una obsesión para la polarizada clase política, Abascal está dispuesto a no presentar candidaturas al Senado en varias provincias para no dividir el voto de la derecha. Ocurre al igual que en el PSOE y sus socios de la izquierda, que no han sido capaces de lograr la unidad en las listas del Congreso, pero sí la proeza de una candidatura conjunta para la Cámara Alta, que no elige al presidente del Gobierno. Puede que sea precisamente esa la razón.
En cuanto a la 'ley de nietos', el Constitucional, que ya está en claro enfrentamiento con el Supremo por la aplicación de la amnistía, no va a aceptar el recurso del Defensor del Pueblo. Los nietos que no vivan en España no van a poder votar. No obstante, se entiende mal tanto lío por ciento sesenta mil votos que no necesariamente iban a ir todos a Pedro Sánchez.
Y en estas broncas estamos mientras, como recordaba al principio, los habitantes de Valencia y Alicante vuelven a salir, cepillo en mano, a limpiar las calles de sus pueblos y a dejar los muebles inservibles en las aceras. Los meteorólogos llevaban todo el verano advirtiendo de que el cambio climático había llevado al Mediterráneo a temperaturas nunca vistas y que el riesgo de inundaciones era alto. Pero ¿eso a quién le importa?
Por si faltaba alguna distracción más, el incómodo y esperpéntico presidente argentino Milei se ha plantado en Madrid. Feijóo se ha marchado corriendo y Ayuso le ha recibido, como suele, en su despacho de Sol. Todo igual que siempre.