Victoria Lafora.- Si se callara el ruido

Publicado 17/03/2019 8:00:25CET

MADRID, 17 Mar. (OTR/PRESS) -

Si de algo está sirviendo, de momento, el juicio del 'procès', es para contemplar la intentona independentista del otoño de 2017 sin el ruido de sus responsables políticos. Tras los mítines político/sentimentales de los procesados los primeros días, los testigos están haciendo una descripción de lo sucedido que se aparta bastante del heroísmo con que Puigdemont quiso rodear su 'gesta'.

Tal vez por eso, por la descripción minuciosa en algunos casos, exculpatoria en otros, la retrasmisión de las sesiones de la vista oral tiene enganchados a muchos ciudadanos que temieron por el orden constitucional y ahora ven dibujados sus contornos y su alcance.

Porque, si algo rodeó el 'procès' fue el ruido; la capacidad de las fuerzas políticas que lo impulsaron y de los movimientos sociales imprescindibles para mover la calle, enaltecer, fabular, mentir conscientemente, con un relato que sabían imposible. No quiere esto decir que el baño de realidad que supone el juicio en el Supremo vaya a arrancar la venda de la inmensa mayoría de esos catalanes que creyeron de buena fe que podían tocar el cielo del independentismo con las manos.

Precisamente, para que los ánimos no decaigan, el Govern convocó la manifestación en Madrid, se contrataron autobuses, y se hizo un llamamiento de prietas las filas y todos de excursión. Porque no pueden permitirse el lujo de que se enfríe el calor popular y la sensación de agravio. Y menos ahora, a las puertas de una campaña electoral donde Puigdemont ha elegido con sumo cuidado a unos candidatos que vienen, si es que llegan, al Congreso de los Diputados para hacer ingobernable el Estado. Si hasta Carles Campuzano y Jordi Xuclá han sido apartados por 'flojos'.

Por tanto, las elecciones generales de abril van a ser un verdadero termómetro de la efervescencia de la sociedad catalana y de la capacidad de Puigdemont espera seguir manejando los hilos desde Waterloo con su estrategia del ruido. Por cierto, ahora va a ampliar la querella contra el juez Llarena, incluyendo al Reino de España, al que pretende representar en el Parlamento Europeo. Eso sí, sin venir a jurar la Constitución a Madrid, no vaya a ser que lo detengan.

La declaración de Trapero, ese héroe al que ahora convertirán en un felón, causó estupor, no solo entre las defensas (no había más que ver las caras que ponían), si no en mismísimo tribunal. Su declaración, no exenta de una clara estrategia exculpatoria en su causa ante la Audiencia Nacional, ha caído como una bomba en el relato de los hechos. Cabe preguntarse si los catalanes, que acudieron a la concentración ante la Consejería de Economía alentados por Ómnium y ANC, volverían a hacerlo, sabiendo que lo que les gritaban Jordi Cuixart y Jordi Sánchez desde los techos de los todo terreno de la Guardia Civil era que se marcharan a sus casas en lugar de aplaudir su conciencia cívica.

Está claro que la lectura de lo que ocurre dentro de la sala del Supremo es muy diferente en Madrid que en Barcelona. Queda por ver si esa distancia se acorta o sigue creciendo. Ahí está la esperanza de un entendimiento futuro.

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