Publicado 09/05/2022 16:02

La experta Catherine L'Ecuyer advierte de que rebajar las exigencias en la educación no sirve como "igualdador social"

La experta en Educación Catherine L'Ecuyer
La experta en Educación Catherine L'Ecuyer - EUROPA PRESS

   ROMA, 9 May. (EUROPA PRESS) -

   La doctora en educación Catherine L'Ecuyer (Québec, 1974) rechaza las políticas educativas que tienden a "igualar por abajo" y que, a su juicio, responden a una "corriente romántico-idealista" que demoniza la "instrucción" y acaba haciendo de la ignorancia "un valor".

   "La tendencia actual es igualar por la base. No se les da importancia a las evaluaciones porque se entiende que no hay una realidad objetiva, sino que todo es una representación concreta de la realidad. Entonces se rebajan las exigencias, pero esto no es un igualador social", defendió la experta en educación en las II Jornadas sobre 'Religión, Ciencia, Cultura y Sociedad' organizadas por el Pontificio Colegio Español de Roma la pasada semana.

   Para L'Ecuyer, hay una tendencia prevalente en las escuelas que "resta importancia a la educación clásica" porque se entiende que "el niño lleva en sí la semilla innata de su aprendizaje". Esta visión de la educación encaja en la "corriente romántico-idealista" que deriva de las enseñanzas del filósofo Emilio de Rousseau que llegó a decir a decir: "odio los libros". "Aquí la educación está al servicio del político y no al revés", asegura L'Ecuyer.

   "Se entiende que es el niño el que tiene que construir su aprendizaje. Y el maestro casi no debe intervenir. De hecho, se ve a la instrucción como algo negativo", reflexiona esta experta afincada en Barcelona desde hace más de dos décadas y autora del superventas 'Educar en el asombro'.

   Durante la conferencia titulada 'Libertad educativa: Retos y fines de la educación', defendió que la política tiene que ofrecer a las familias una "pluralidad" de centros educativos que estén de acuerdo con su proyecto y su visión antropológica. Para L'Ecuyer, uno de los problemas en este ámbito es la "mentalidad clientelar" que cataloga al hijo como "un producto inacabado" donde la escuela tiene la función de entregarlo de vuelta "como un producto completo".

   En este sentido, señala una serie de "obstáculos" que impiden realizar la conciencia educadora de los padres, como el "mito" de la necesaria "sobreestimulación" en los niños menores de tres años.

   "Se piensa erróneamente que si no hay sobreestimulación temprana en el colegio no llegarán a ser tan inteligentes porque son como esponjas. Del mismo modo, se despoja de contenido la maternidad/paternidad porque se piensa que el padre o la madre no sirven para educar", avisa.

   A este respecto, denuncia la existencia de una "industria del consejo empaquetado" ofrecida en manuales de educación que informan a los padres de la crianza que deberían hacer y de "cómo funciona un niño a la carta" sin remitirse al porqué o al para qué de la educación. También constata "creciente influencia de intereses económicos en el ámbito educativo" que hace que los padres acaben delegando su responsabilidad educativa "en manos de expertos que se autoproclaman gurús".

   Así, tal y como señala, en la "corriente romántico-idealista", la "trasmisión del conocimiento no es importante" y hay un riesgo de que la "ignorancia se convierta en un valor real". Como consecuencia, explica que en esta visión, la ambición es "negativa" porque la sitúa como la "causa de la desigualdad social". "Todas las políticas que siguen esa tendencia tienden a igualar o nivelar por la base", concluye.

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