Publicado 19/10/2021 09:15CET

El cambio climático agravará la pobreza extrema en África hasta afectar a 118 millones de personas en 2030, según la OMM

Agricultora afectada por la sequía en África.
Agricultora afectada por la sequía en África. - ALIANZA-ACTIONAID

MADRID, 19 Oct. (EUROPA PRESS) -

El derretimiento de los últimos glaciares en el este de África puede menoscabar los esfuerzos para reducir la pobreza extrema en la que en 2030 pueden encontrarse 118 millones de personas en el continente, según advierte un informe de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) que alerta de que el número de personas que vive con menos de 1,90 dólares al día estarán expuestas a la sequía, las inundaciones y al calor extremo si no se establecen medidas de respuesta inmediatas.

Durante la presentación del 'Informe sobre el estado del clima en África en 2020', el secretario de la OMM, Petteri Taalas ha advertido de que la "rápida" reducción de los últimos glaciares de África Oriental, que se prevé que se derritan por completo en un futuro próximo, amenaza de un cambio inminente e irreversible en el sistema" y puede provocar un aumento de la inseguridad alimentaria, la pobreza y los desplazamientos en África.

Esta fusión de los glaciares africanos, según advierte la OMM supondrá una "carga adicional" para las iniciativas de mitigación de la pobreza y obstaculizará "de forma considerable" el crecimiento de la prosperidad", expone la comisionada de Economía Rural y Agricultura de la Comisión de la Unión Africana, Josefa Leonel Correia Sacko.

El estudio multidisciplinar avisa de que cambios en la configuración de las precipitaciones, el aumento de las temperaturas y el incremento de las condiciones meteorológicas extremas contribuyeron a aumentar la inseguridad alimentaria, la pobreza y los desplazamientos en África en 2020, agravando la crisis socioeconómica y sanitaria provocada por la pandemia de COVID-19.

En la actualidad el estudio afirma que solo tres montañas de África están cubiertas por glaciares. Se trata del macizo del monte Kenya (Kenya), los montes Rwenzori (Uganda) y el monte Kilimanjaro (República Unida de Tanzanía).

Aunque estos glaciares son demasiado pequeños para desempeñar una función importante como depósitos de agua, tienen una gran importancia turística y científica, pero sus índices de retroceso actuales son superiores a la media mundial y de seguir así, se producirá una desglaciación total en la década de 2040, 10 años antes en el monte Kenia, que se convertirá en una de las primeras cordilleras enteras en perder glaciares como consecuencia del cambio climático debido a la actividad humana.

El documento detalla las tendencias e impactos del cambio climático en el continente, como el aumento del nivel del mar y el deshielo de los emblemáticos glaciares del continente, destaca la vulnerabilidad desproporcionada de África y muestra cómo los beneficios potenciales de las inversiones en adaptación al clima, servicios meteorológicos y climáticos y sistemas de alerta temprana superan con creces los costes.

Por otro lado, muestra los beneficios potenciales de las inversiones en adaptación al clima, servicios meteorológicos y climáticos y sistemas de alerta temprana superan con creces los costes.

Para Taalas, junto con recuperación tras la COVID-19, la mejora la resiliencia climática es una necesidad "urgente y continua" y urge a hacer inversiones, especialmente necesarias en el desarrollo de capacidad y la transferencia de tecnología, así como en la mejora de los sistemas de alerta temprana de los países, incluidos los sistemas de observación del tiempo, el agua y el clima".

El informe es fruto de la colaboración de la OMM, la Comisión de la Unión Africana, la Comisión Económica para África (CEPA) a través del Centro Africano de Política Climática, organizaciones científicas internacionales y regionales y organismos de las Naciones Unidas.

El Estado del Clima en África 2020 ese presenta en el marco de una reunión extraordinaria del Congreso Meteorológico Mundial y antes de las negociaciones de las Naciones Unidas sobre el cambio climático que tendrán lugar en el 26º*período de sesiones de la Conferencia de las Partes (COP26) que comenzará el próximo 1 de noviembre.

Este nuevo estudio urge a reducir las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, aumentar el nivel de ambición climática e incrementar la financiación para la adaptación.

Leonel Correia ha denunciado que África está presenciando un aumento de la variabilidad meteorológica y climática, que provoca desastres y trastornos en los sistemas económicos, ecológicos y sociales. De hecho, calcula que en África Subsahariana el cambio climático podría provocar una reducción del producto interno bruto (PIB) en hasta un 3 por ciento para 2050.

"No solo están empeorando las condiciones físicas, sino que también está aumentando el número de personas afectadas", lamenta.

El nuevo informe concluye que África se ha calentado a un ritmo superior a la temperatura media mundial en el conjunto de la superficie terrestre y oceánica y que el año 2020 estuvo entre el tercer y el octavo año más cálido desde que hay registros en el continente, en función del conjunto de datos usado.

En concreto, las tasas de aumento del nivel del mar son superiores a la media mundial en la costa atlántica tropical y meridional y en la costa del océano Índico: en 3,6 mm/año y 4,1 mm/año, respectivamente, frente al nivel del mar en las costas mediterráneas, que aumenta a 2,9 mm/año, un valor inferior a la media mundial.

Respecto a las precipitaciones, observa que son superiores a lo normal y con inundaciones en el Sahel, en el valle del Rift, en la cuenca del Nilo y en el noreste de África, así como en la cuenca del Kalahari y en el curso inferior del río Congo. Frente a ello, la sequedad prevaleció en la costa norte del Golfo de Guinea y en el noroeste de África y a lo largo del sureste del continente. Por su parte, la sequía en Madagascar provocó una crisis humanitaria.

Finalmente, el informe de la OMM calcula que los costes de adaptación en el África Subsahariana están entre 30.000 y 50.000 millones de dólares anuales durante la próxima década para evitar costes aún más elevados en caso de desastre.