Publicado 09/02/2021 15:01CET

El Vaticano propone la atención de los ancianos en el hogar familiar tras el abandono sufrido en la pandemia

ROMA, 9 Feb. (EUROPA PRESS) -

La Pontificia Academia para la Vida y el Dicasterio para el Desarrollo Humano e Integral del Vaticano han publicado un documento conjunto en el que denuncian el abandono que han sufrido los ancianos durante la pandemia y llaman a replantearse el modelo asistencial que se da a la tercera y cuarta edad. En este sentido, apuestan por reintegrarlos en los ambientes familiares y por la atención domiciliaria.

Así se explica en el documento publicado este martes con el título 'La vejez: nuestro futuro. Las condiciones de los ancianos tras la pandemia' en que se invita a "honrar a los ancianos" porque es algo "crucial para el futuro" de las sociedades actuales. En el texto se insiste también en la necesidad de que "la sociedad cambie su mentalidad sobre las personas mayores y las vuelva a integrar en los ambientes familiares". De este modo, se ha instado a favorecer atención domiciliaria, para lo cual el Vaticano ha pedido "un nuevo pacto entre familias, profesionales sanitarios y voluntarios".

En el texto, que lleva la firma del presidente de la Academia para la Vida, el arzobispo italiano Vincenzo Paglia, se insta a "crear las mejores condiciones para que los ancianos puedan vivir esta fase particular de la vida, en la medida de lo posible, en un ambiente familiar". "¿Quién no querría seguir viviendo en su propia casa, rodeado de sus seres queridos, incluso cuando se vuelve frágil? La familia representa la elección más natural para cualquiera", se ha preguntado

Bajo esta óptica, reclama "soluciones que hagan realizable el cuidado en el domicilio". Si bien se admite que "hay situaciones en las que la propia casa ya no es adecuada" se insta a "no dejarse llevar por una 'cultura del descarte'" que el Vaticano identifica también como "la pereza" y "la falta de creatividad para buscar soluciones eficaces cuando la vejez también significa falta de autonomía". "Poner a la persona, con sus necesidades y derechos, en el centro de la atención es una expresión de progreso, civilización y auténtica conciencia cristiana", se lee en el texto.

Por ello, se invita a que las casas sean adaptadas a las necesidades de los ancianos. "Cuando uno se enferma o se debilita, cualquier cosa puede convertirse en un obstáculo insuperable. La atención domiciliaria ha de ser integrada, con la posibilidad de curas médicas a domicilio y una distribución adecuada de los servicios en todo el territorio", afirman. Y agregan: "Todo esto requiere un proceso de conversión social, civil, cultural y moral. Porque solo así se puede responder adecuadamente a la demanda de proximidad de las personas mayores, especialmente las más débiles y expuestas".

Bajo estas premisas, el Vaticano afirma que residencias deberían redefinirse en una extensión sociosanitaria, es decir, que ofrezcan algunos de sus servicios directamente en los domicilios de los ancianos". "Todo esto hace todavía más evidente la necesidad de ayudar a las familias que, sobre todo las que están formadas por pocos hijos y nietos, no pueden sostener por sí mismas, en una habitación, la responsabilidad a veces agotadora de cuidar de una persona con una enfermedad exigente, costosa en términos de energías y dinero", añaden.

Por ello, proponen que sea rediseñada "una red de solidaridad más amplia" no necesariamente y exclusivamente fundada sobre vínculos de sangre, sino "articulada según los vínculos de pertenencia, las amistades, las afinidades, la recíproca generosidad al responder a las necesidades de los demás".

El documento también define el papel de la Iglesia en la búsqueda de ese objetivo: "En este horizonte, también las Diócesis, las parroquias y las comunidades eclesiales están invitadas a una reflexión más atenta hacia el mundo de los ancianos".

Asimismo, el documento resalta el lado espiritual de la vejez: "El hombre que envejece no se acerca al final, sino al misterio de la eternidad; para comprenderlo es necesario acercarse a Dios y vivir en una relación con Él. Cuidar de la espiritualidad de los ancianos, de sus necesidades de intimidad con Cristo y de compartir la fe es una obligación de caridad en la Iglesia".

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