El embrujo de Granada y la Alhambra

Patio de los Leones.
EP
Actualizado 29/04/2010 13:00:07 CET

El origen de la ciudad de Granada está envuelto en un halo de misterio, muchos de sus rincones encierran leyendas y fábulas que la convierten en una ciudad mágica, llegando incluso a a remontar su creación al bíblico Noé, a Hércules o hasta distintas civilizaciones de la antigüedad.

Lo cierto es que el origen de Granada se remonta a la tribu ibérica de los túrdulos, una de las tribus más civilizadas y de las primeras pobladoras de la Península Ibérica, que fundó el asentamiento con el nombre de Ihverir. Posteriormente los romanos la conquistaron, alrededor de los siglos I y II a.C, y la convirtieron en un municipio que ocupaba los actuales barrios de la Alcazaba y el Albaicín y se extendía hasta la colina de la Alhambra. La llamaban tanto por su nombre ibérico Iliberis, como por el nombre latino, Florentia o "ciudad florida".Granada es hoy un importante referente cultural a nivel internacional. Su Universidad, de gran prestigio y cuyos estudiantes han ocupado un lugar importantísimo dentro de la ciudad, es uno de los motores de la economía y la cultura de la misma.

La Alhambra, denominada así por sus muros de color rojizo (Castillo Rojo), está situada en lo alto de la colina de al-Sabika, en el margen izquierdo del río Darro, al este de la ciudad frente a los barrios del Albaicín y de la Alcazaba. Su posición estratégica, desde la que se domina toda la ciudad y la vega granadina, hace pensar que existían construcciones anteriores a la llegada de los musulmanes. Su conjunto, completamente amurallado, posee una forma irregular limitado al norte por el valle del Darro, al sur por el de la al-Sabika, y al este por la Cuesta del Rey Chico, que a su vez la separan del Albaicín y del Generalife, situado en el cerro del Sol.

Se tiene constancia por primera vez de ella en el siglo IX, cuando en el año 889 Sawwar ben Hamdun tuvo que refugiarse en la Alcazaba y repararla debido a las luchas civiles que azotaban por entonces al Califato cordobés, al que pertenecía Granada. Posteriormente, este recinto empezó a ensancharse y a poblarse, aunque no hasta lo que sería con posterioridad, ya que los primeros monarcas ziríes fijaron su residencia en lo que posteriormente sería el Albaicín.

A pesar de la incorporación del castillo de la Alhambra al recinto amurallado de la ciudad en el siglo XI, que la convirtió en una fortaleza militar que dominaba toda la ciudad, no sería hasta el siglo XIII con la llegada del primer monarca nazarí, Mohamed I (1238-1273) cuando se fijaría la residencia real en la Alhambra, lo que marcó el inicio de su época de mayor esplendor.

Primero se reforzó la parte antigua de la Alcazaba, y se construyó la Torre de la Vela y del Homenaje, se subió agua del río Darro, se edificaron almacenes, depósitos y comenzó la construcción del palacio y del recinto amurallado que continuaron Mohamed II (1273-1302) y Mohamed III (1302-1309), al que también se le atribuyen un baño público y la Mezquita sobre la que se construyó la actual iglesia de Santa María.

A Yúsuf I (1333-1353) y Mohamed V (1353-1391) les debemos la inmensa mayoría de las construcciones de la Alhambra que han llegado a nuestra época. Desde la reforma de la Alcazaba y los palacios, pasando por la ampliación del recinto amurallado, la Puerta de la Justicia, la ampliación y decoración de las torres, construcción de los Baños y el Cuarto de Comares, la Sala de la Barca, hasta el Patio de los Leones y sus dependencias anexas. De los reyes nazaríes posteriores no se conserva prácticamente nada.

De la época de los Reyes Católicos hasta nuestros días podemos destacar la demolición de parte del conjunto arquitectónico por parte de Carlos V para construir el palacio que lleva su nombre, la construcción de las habitaciones del emperador y el Peinador de la Reina y el abandono de la conservación de la Alhambra a partir del siglo XVIII.

La mayor preocupación de los arquitectos de la Alhambra era cubrir decorativamente cada espacio, por pequeño que fuese. Cualquier elemento decorativo resultaba escaso. La mayoría de los arcos interiores son falsos, no sustentan ninguna estructura, simplemente decoran, las paredes están recubiertas de cerámica o yeserías, hemosísimas y muy ricas, las cubiertas presentan armazones de madera labrados de manera exquisita, etc.

A pesar de tener prohibido el arte musulmán la representación de figuras, los temas de decoración en la Alhambra son muy variados. Se utiliza la clásica decoración caligráfica, en concreto escritura cursiva y cúfica, en la que se pueden leer, además de las palabras del fundador de la dinastía nazarí: *sólo Dios es vencedor*, poemas de distintos poetas de la corte.

El elemento decorativo más utilizado por los arquitectos granadinos será el ataurique, o decoración vegetal, y, en menor medida, la lacería y las redes de rombos.

En la Alhambra se emplea un tipo de columna propio que no aparece en ninguna otra construcción. Es una columna de fuste cilíndrico muy fino, con una base que presenta una gran moldura cóncava, y adornada por anillos en su parte superior. El capitel, dividido en dos cuerpos, presenta en el primero, en forma de cilindro, una decoración muy sencilla y sobre él un prisma con los ángulos de la base redondeados, decorado de ataurique.

Uno de los elementos decorativos más impresionantes utilizados en la Alhambra es la bóveda de mocárabe, que está compuesta por celdillas o alveólos superpuestos, destacando por su utilización la Sala de los Abencerrajes y la Sala de las Dos Hermanas.

A la hora de visitar la Alhambra podemos elegir entre un buen número de formas para acceder a ésta. Pero, sin lugar a dudas, la mejor forma es a pie, ya que se pueden apreciar aspectos naturales y artísticos del entorno que pasan desapercibidos si elegimos otros medios.

Tenemos básicamente dos caminos para acceder a la Alhambra desde el centro de la ciudad. Quizá el recorrido más bello e históricamente más interesante es el que, partiendo de Plaza Nueva, comienza en la Cuesta de Gomérez.

La Puerta de las Granadas marca el comienzo de las alamedas de la Alhambra. Carlos V encargó construir esta puerta a Pedro Machuca hacia 1536 sobre la *Bib al-Buxar* o *puerta de las alegres nuevas*, un torreón defensivo que constituía una de las entradas de la ciudad. Abierta hacia las actuales alamedas de la Alhambra, enlaza con el recinto amurallado de ésta.

Tras dicha puerta, nos adentramos en las alamedas de la Alhambra, frondoso bosque de álamos de época cristiana que ha ido modificando su aspecto a lo largo de los años. El actual corresponde a la remodelación realizada en el siglo XIX.

Más arriba, a la izquierda y junto a la explanada de la Puerta de la Justicia -entrada al recinto de la Alhambra- se encuentra el Pilar de Carlos V. Fuente de tres caños que mandó construir el Conde de Tendilla de nuevo a Pedro Machuca en el siglo XVI, restaurado posteriormente en el siglo XVII por el granadino Alonso de Mena.

Otro de los posibles accesos a pie a la Alhambra se puede realizar por la Cuesta del Rey Chico, llamada así en honor del último de los reyes narazíres, Boabdil *el Chico*. Popularmente se conoce esta cuesta como Cuesta de los Chinos, debido al empedrado del piso que presenta durante todo su recorrido.

La cuesta parte del margen izquierdo del río Darro, al final del Paseo del Padre Manjón o *Paseo de los Tristes*, denominado así por encontrarse en el trayecto de las comitivas fúnebres camino del antiguo cementerio. La cuesta recorre el exterior de la muralla, finalizando en la Mimbre, junto a Fuentepeña, explanada del Generalife.

Este trayecto quizás resulte menos interesante desde el punto de vista histórico o artístico, sin embargo se convierte en un romántico paseo, más agradable de bajada a la ciudad tras la visita a la Alhambra, entre los muros de la ciudadela y la vegetación propia de la colina.