Enormes depósitos de CO2 contenidos en las grandes praderas marinas pueden ser liberadas con destino a la atmósfera, como resultado del deterioro de estos ecosistemas por el cambio climático
En el verano de 2010-2011, el oeste de Australia experimentó una ola de calor marino sin precedentes que elevó la temperatura del agua 2-4 grados Celsius por encima del promedio durante más de dos meses.