Publicado 13/05/2020 12:03:29 +02:00CET

Gestas del deporte: Jesse Owens y su exhibición en casa de Hitler

Jesse Owens durante su concurso de longitud en los Juegos de Berlín de 1936
Jesse Owens durante su concurso de longitud en los Juegos de Berlín de 1936 - COI

   MADRID, 13 May. (EUROPA PRESS) -

   En una Alemania en plena euforia nacionalsocialista, con Adolf Hitler en el poder, los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936 pretendían ser el mejor espectáculo deportivo de todos los tiempos, a pesar del primer intento de boicot protagonizado por Estados Unidos. El 'Führer' pretendía que la cita se convirtiese en una exaltación de la raza aria y de la pujanza de los deportistas alemanes, pero tuvo que vivir la exhibición de un velocista estadounidense de raza afroamericana, auténtico 'rey' de la velocidad en el Olympiastadion.

   Jesse Owens fue sin duda uno de los grandes protagonistas de aquellos Juegos, los últimos antes del parón obligado por la II Guerra Mundial que estallaría tres años después. El americano fue medalla de oro en las pruebas de 100 y 200 metros, 4x100 relevos y salto de longitud. Todo en una semana. Habría que esperar casi medio siglo, hasta Los Angeles'84, para que Carl Lewis igualase esta hazaña.

   Muchos estadounidenses no vieron con buenos ojos que sus deportistas fueron a participar en una cita que podía magnificar ante el mundo las bondades del régimen nazi impuesto por Adolf Hitler en Alemania, arropado por una espectacular maquinaria de propaganda. Los deportistas alemanes dominaron el medallero con 89 metales, 33 de ellos dorados, pero en la 'fiesta' se coló el joven Owens.

   El velocista de Alabama, que estaba a punto de cumplir 23 años, terminó convirtiéndose en uno de los grandes ídolos del Estadio Olímpico de Berlín con su gran actuación en los que serían sus únicos Juegos. De hecho, en las inmediaciones del recinto una avenida lleva el nombre de un atleta, que ya un año antes de la cita, había deslumbrado logrando cinco récords mundiales e igualando un sexto en una reunión universitaria en tan sólo 45 minutos.

   Su cosecha empezó en los 100 metros, donde además estaba 'favorecido' por la baja por lesión del que parecía su mejor rival, su compatriota y paisano Eulace Peacock, y dos meses antes había corrido la distancia en 10.2. Nadie pudo con él ni en las series ni en la final y se colgó su primer oro al ganar con cierta comodidad con 10.3 por delante de su compatriota Ralph Metcalfe y el neerlandés Tinus Osendarf. El único alemán, Erich Borchmeyer, fue quinto a medio segundo.

   El siguiente triunfo de Owens llegó en el salto de longitud, aunque antes de iniciar el concurso tuvo tiempo de marcar récord olímpico (21.1) en las series de los 200 metros. Poseedor de la plusmarca mundial gracias a un salto de 8,13 metros, el estadounidense era el gran favorito, pero estuvo cerca de ni pasar a la final.

   Un error de comunicación con los jueces provocó que su salto de calentamiento fuese considerado como válido, mientras que el segundo fue nulo. Le quedaba un tercero y ahí apareció la figura del alemán Lutz Long. El campeón de Europa, seguramente fiel reflejo físico de lo que Hitler idolatraba y que fallecería durante la II Guerra Mundial, aparcó cualquier tipo de interés personal y, como el americano reconoció posteriormente, le dio un útil consejo a Owens para su último salto.

   El de Alabama pasó a la final donde libró un gran duelo con el germano, que aguantó el pulso hasta que su rival rozó primero los ocho metros (7,94) y posteriormente los superó (8,06) para proclamarse campeón por delante del que a partir de entonces considería un amigo. "Puedes derretir todas las medallas y copas que gané y no serían un reflejo de la amistad que sentí por Luz Long en ese momento", llegó a recalcar Owens.

POLÉMICA EN EL RELEVO

   Tras ganar siete carreras y la longitud, el cansancio físico no hizo mella en el velocista y al día siguiente ganó su tercer oro en Berlín en los 200 metros, donde no encontró oposición pese a la amenaza de su compatriota Mack Robinson, que llegó a igualar su récord olímpico. Pero en la final, Owens fue demoledor y le metió casi medio segundo a su compañero, ganando con 20.7.

   El Olympiastadion vibraba y disfrutaba con el americano, al que aún le quedaba un oro por conquistar, el del relevo 4x100, aunque no tenía previsto correrlo y hubo cierta polémica porque su entrada y la de Metcalfe dejó fuera a Sam Stoller y Marty Glickman, al parecer porque ambos eran judíos. Owens, que según relató Glickman habría solicitado sin éxito no correr en lugar de sus compañeros, y Metcalfe hicieron las dos primeras postas para coger buena ventaja y Frank Wykoff y Foy Draper cerraron el trabajo para ganar con un récord del mundo (39.8) que duró dos décadas.

   Lo que nunca quedó claro es si Adolf Hitler llegó a felicitar personalmente al corredor afroamericano por sus éxitos. Las informaciones son contradictorias, pero parece ser que ese encuentro se pudo dar y que incluso Owens tendría una foto con el dictador. En los Estados Unidos, donde las personas de raza negra tampoco gozaban de derechos, tampoco recibió a su vuelta de Alemania el reconocimiento por parte del presidente Franklin Delano Roosvelt. "Hitler no me rechazó, fue Roosevelt el que lo hizo, ni siquiera me envió un telegrama", replicó años después el atleta.