El 'autobús de la amistad' emerge como uno de los últimos símbolos de concordia entre India y Pakistán

Publicado 23/03/2019 8:29:46CET
India/Pakistán.- El 'autobús de la amistad' emerge como uno de los últimos símbo
REUTERS / ALASDAIR PAL

Los dos países mantienen un trayecto que está en la ruina económica como gesto de buena voluntad a pesar del conflicto en Cachemira

NUEVA DELHI/LAHORE, 23 Mar. (Reuters/EP) -

En medio de la extraordinaria tensión que se vive en estos meses en la disputada región de Cachemira, entre India y Pakistán, un vehículo emerge como símbolo de paz y concordia: el llamado 'autobús de la amistad', que transporta a viajeros de ambos países, bajo fuertes medidas de protección, a pesar de ser claramente deficitario.

El autocar, un Volvo, parte todos los días excepto los domingos de la terminal de autobuses de Ambedkar, en Nueva Delhi, con las banderas de los dos países que enarbola a través de la ruta de la frontera, hasta la ciudad paquistaní de Lahore. Sus viajeros son el ejemplo viviente de las relaciones personales que unen a los habitantes de la región de Cachemira, separada por la política y un conflicto que ha roto una cultura unida durante miles de años.

Los viajeros desayunan en un restaurante gestionado por el Gobierno indio y ven películas del cine indio de Bollywood en el autocar sin que los paquistaníes protesten lo más mínimo. "Este actor, Salman Jan, es musulmán, y por lo tanto es uno de los nuestros", declara el cachemir paquistaní Hilal Ahmad Mir, de 36 años.

Hilal, como el resto de los ocupantes, pasa el tiempo como puede a sabiendas de que el viaje podría haber sido mucho, mucho más corto de no ser por el actual conflicto. La ruta más directa podría haberle llevado por el valle de la Cachemira Sur hasta la capital de Pakistán, Islamabad, en aproximadamente un día.

Ahora, cruzar directamente la Línea de Control, la línea de separación entre ambos países es imposible, por lo que tiene que desviarse por Nueva Delhi y Lahore antes de llegar a la capital para ver a su hermano. El viaje dura dos días.

Con todo, Hilal se muestra animado. "La verdad es que Pakistán nos facilita bastante el visado. Para todo lo que nos está pasando, en algunos ámbitos India y Pakistán se llevan muy bien. Sucede que tenemos mucho dolor a nuestras espaldas", indica.

SEPARADOS AL NACER

La historia conjunta de India y Pakistán abarca miles de años, desde los fuertes de arenisca y las mezquitas que Nueva Delhi y Lahore compartieron bajo el imperio Mughal y, después, bajo el dominio de Londres. El final de la era colonial británica abrió la actual crisis. El imperio cedió el control del subcontinente indio en 1947 en una de las divisiones más catastróficas del siglo XX: la partición de la India hindú y la Pakistán islámica degeneró en la matanza de cientos de miles de personas durante las posteriores guerras étnicas.

Desde entonces, ambos países han librado tres guerras, dos de ellas con la Cachemira --de mayoría musulmana-- en el centro de un conflicto entre dos potencias nucleares. Los repuntes de la violencia son normales, pero rara vez se recuerda episodios tan tensos como el del mes pasado, cuando milicianos paquistaníes asaltaron un convoy de fuerzas paramiliares indias. Más de 40 agentes murieron.

En un intento de conservar un mínimo de contacto, Pakistán concede visados instantáneos a los viajeros del autobús, en contraste con los tres meses que suele tardar este tipo de documentos. "Mi familia, por ejemplo, está dividida. La parte de mi mujer vive en India y los míos están en Pakistán", explica el banquero Shoaib Mohamed. "Y, cada vez que quiero quedarme un mes, el visado tarda 45 días en llegar", lamenta.

El autobús ha conseguido, de alguna forma, escapar a la violencia. Su recorrido ha permanecido ininterrumpido exceptuando momentos muy puntuales desde su inauguración en 1999 por el entonces primer ministro indio, Atal Bihari Vajpayee.

Los ataques, eso sí, han reducido el número de pasajeros, que ahora apenas llegan a la decena. Los sitios vacantes están ocupados ahora por agentes de Policía, armados hasta los dientes, y haciendo guardia por turnos, que se añaden a la aparición de puntos de control por todo el trayecto y un convoy especial para despejar el tráfico.

El servicio está perdiendo dinero, según diplomáticos paquistaníes, que no obstante defienden a capa y espada la necesidad de que siga operando por el valor simbólico que representa. "Está claro que este autobús es un fracaso desde un punto de vista comercial. Pero es que ahora las cosas están tan mal entre los dos países que ninguno quiere permitirse el lujo de prescindir de él", explica.

HACIA EL ATARDECER

Tras el almuerzo --de nuevo, en otro restaurante semiabandonado y bajo estricta vigilancia policial-- el autobús pasa por Wagah-Attari, uno de los pocos cruces fronterizos activos entre India y Pakistán. Ahí, los guardias de ambos países celebran al anochecer una coreografía en un estadio que abarca la misma extensión de territorio a ambos lados de la frontera.

Ocasionalmente, cachemires como Mir son retenidos durante casi una hora en la frontera india. "Es que somos un peligro", bromea durante su regreso al autobús. El autobús atraviesa el estadio, donde cientos de espectadores rugen su aprobación al paso del vehículo, ya a punto de cubrir su último tramo hacia Lahore.

"Llevo de visita unos 40 años y esta vez no he tenido problemas", dijo Mohammed, sobre su visita a Nueva Delhi cuando las tensiones estaban en su punto álgido. "No sentí ninguna ira contra los paquistaníes. Absolutamente ninguna", añade.

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