Campesinos de Laos convierten metralla en joyas a la espera del desminado de su tierra

Metralla en Laos
THOMSON REUTERS FOUNDATION/RINA CHANDRAN
Actualizado 16/12/2018 9:00:41 CET

BAN NAPIA, 16 Dic. (Fundación Thomson Reuters/EP) -

Decenas de familias de Laos están transformando metralla en joyería con motivos benéficos, procedente del que se convirtió, entre 1964 y 1973, en el país más bombardeado del mundo, para recordar el peligro permanente al que están expuestas cada día en su provincia, plagada de munición sin detonar.

Ocurrió durante la segunda guerra de Indochina -- lo que Occidente denominó como la guerra de Vietnam --, cuando Estados Unidos llegó a lanzar hasta dos millones de toneladas de bombas de racimo sobre las rutas de suministro de Vietnam del Norte. De ellas, un 30 por ciento nunca llegó a estallar, según las estimaciones del Grupo de Asesoramiento de Minas (MAG).

       Thomson Reuters Foundation / Rina Chandran

De acuerdo con la organización, en Laos quedan todavía 1.600 kilómetros cuadrados de tierra -- el equivalente a la ciudad de Londres -- sin despejar de minas o bombas sin detonar. Laos es, de por sí, uno de los países más pobres del mundo y la presencia constante de munición sin explotar está impidiendo que los campesinos puedan trabajar sus tierras con la intensidad necesaria.

"La gente lleva viviendo así 40 años", según el director de MAG para el sudeste de Asia, Greg Crowther. "No les queda más remedio que vivir todos los días con el miedo constante a morir o a resultar incapacitados por estas bombas", explica, con la circunstancia añadida de que precisamente por el falta de desarrollo de la tierra, estas comunidades en peligro son las más subdesarrolladas del país.

LEGISLACIÓN CON AGRAVANTE

Más de dos terceras partes de los laosianos dependen de la tierra para vivir. Muchos de ellos trabajan parcelas que no son legalmente suyas, un problema que el Gobierno del país quiere resolver para 2025 cuando, esperan las autoridades, se consolide una nueva ley que dotará al campesinado de garantías de propiedad.

Si ello se une a la última iniciativa del Gobierno para atraer la inversión extranjera, es muy posible que la población de la provincia Xieng Khouang tenga una oportunidad de desarrollo cuando concluya las tareas de desminado.

Mientras tanto, la idea que se le ocurrió a la fundadora de la ONG Artículo 22, Elizabeth Suda, puede servir para compensar la falta de ingresos por el trabajo campestre. Metralla en joyas.

UNA CUCHARA DE METRALLA

Suda, ex empleada de una marca de lujo, tuvo la idea durante una visita a un mercado de la provincia donde los campesinos estaban transformando la metralla en cucharas.

"Fue una especie de 'momento eureka'", expica Suda. "Convertir un arma de destrucción no solo en un símbolo de paz, sino en un medio de vida hasta que despejen de explosivos sus campos", añade la ahora cooperante, que tituló su organización en recuerdo al artículo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos referente al derecho de los individuos a ver cumplidos sus "derechos económicos, sociales y culturales indispensables para su dignidad y su persona".

Artículo 22 trabaja junto a la también ONG Helvetas para distribuir los artículos por internet y a través de algunas tiendas en el país, como la que está en la antigua capital real de Luang Prabang. De la fabricación de las joyas se encarga una docena de familias en Xieng Khougang. Las familias completan la mayor parte de los artículos, que después envían a la capital del país, Vientiane, para su finalización.

La ONG quiere hacer hincapié en dos aspectos: los campesinos solo trabajan con metralla o con munición que ya ha explotado, y solo con metal sin componentes tóxicos.

PALOMAS DE COLOR PLATA

Vanthon es una de las responsables de fabricar estos ornamentos. La mayor parte del tiempo lo dedica a cultivar arroz en la localidad de Ban Napia pero hace horas extra frente al hornillo donde derrite la metralla antes de verter el metal fundido sobre un molde de madera con forma de paloma.

"Mientras no nos despejen de bombas nuestros campos, me temo que esta va a ser la principal fuente de ingresos. Tenemos cuidado al trabajar la tierra, pero al final es una cuestión de cruzar los dedos y esperar que nada estalle", indica.

Vanthon no vivirá para ver el desminado total en Laos. Los expertos calculan que todavía faltan más de 100 años para que esto suceda. Mientras tanto, les queda la orfebrería. "En los años de posguerra no tenían absolutamente nada", recuerda el veterano guía Nouds Phedrasy. "Ahora, la metralla se ha convertido en un negocio. No crea que no son conscientes de la ironía. Pero de algo hay que vivir", añade.