El renacer de Bangui

Mercado navideño en Bangui
OXFAM
Bangui Bangui
Actualizado 29/12/2018 12:17:00 CET

La capital acoge una carrera de piraguas y un mercado navideño mientras en el resto del país la población vive necesitada de ayuda

BANGUI, 29 Dic. (Por Ferran Puig i Abós, director de Oxfam en República Centroafricana) -

Es diciembre en la República Centroafricana. La villa de Bangui parece despertar de un largo letargo durante el cual toda actividad cívica había desaparecido, dejando paso únicamente al conflicto y la destrucción. Tras la visita del Papa y las elecciones presidenciales, en diciembre 2016, un nuevo ambiente se había establecido. La voluntad de pasar página se hacía más y más evidente. La actividad económica iba retomando su puesto progresivamente.

Desde entonces las pequeñas tiendas informales hechas en casetas de madera iban apareciendo a los lados de los ejes principales de la ciudad: mini-restaurantes, ropa, comida, ferretería, piezas de recambio...

A pesar de todo, los grandes acontecimientos públicos se resistían a volver. Los ecos de Fátima todavía resonaban en los oídos de los banguienses. El mes de abril de 2018 la Iglesia de Fátima, en el distrito sexto de la capital, fue atacada con granadas por milicias de pretendidos grupos de autodefensa durante una celebración religiosa, sembrando la muerte, el caos y numerosos desplazamientos de población.

Hoy en día esas milicias siguen presentes en el barrio de PK5 (a 5 kilómetros del punto kilométrico cero, lo que sería el equivalente a la Puerta del Sol) ofreciendo "protección" a los comerciantes del gran mercado central a cambio de una contribución económica; pero esa presencia se diluye día a día a causa del rechazo de esa comunidad a la que supuestamente están defendiendo.

Se resistían a volver... hasta ahora. El 1 de diciembre, día de fiesta nacional, se celebra la proclamación de la república. Al desfile habitual se suman otras múltiples actividades lúdicas entre las que destaca la famosa carrera de piraguas.

Esta carrera que fue suspendida a raíz de la toma de la capital por los rebeldes Séléka en 2012 ha vuelto a celebrarse por primera vez desde entonces. Diez equipos en sendas piraguas excavadas en troncos de enormes árboles han participado en la carrera de este año, cada equipo contando con la participación de una trentena aproximada de remeros, imposible por mi parte contarlos ante el movimiento continuo de remos.

Las embarcaciones han recorrido un circuito marcado en el rio Oubangui, que riega la capital y que hace de frontera natural con la vecina República Democrática del Congo (RDC). La población de Bangui ha acudido masivamente a las orillas para animar a sus equipos. Causa emoción ver como la población se vuelca en un acto deportivo-cívico en lugar de a luchar entre sí.

Más avanzado diciembre, ya con las fechas de Navidad en ciernes, también aparece en Bangui un nuevo mercado navideño. Patrocinado por el ayuntamiento de la capital y ONG locales celebra su primera sesión en el estadio de BoungaBounga. Decenas de puestos entre lo formal y lo informal se multiplican. Juguetes, todos de segunda mano, y decoraciones navideñas dominan los puestos. También las trompetas, las famosas vuvuzelas del Mundial de Sudáfrica, con su ruido ensordecedor.

Pocos pueden realmente comprar ya que la economía sigue estando en crisis profunda, pero muestra claramente un signo de cambio y esperanza en el porvenir.

UNA DE LAS MAYORES CRISIS HUMANITARIAS

Mientras en Bangui la vida parece renacer, el resto del país sigue inmerso en una de las mayores crisis humanitarias que hay hoy en el mundo. Las cifras de desplazados y refugiados aumentan continuamente, alcanzando ya casi 1,2 millones de personas y se considera que 2,9 millones necesitan ayuda humanitaria sobre un total de población estimada en apenas 5 millones de personas.

Un ejemplo claro de la asimetría histórica que ha habido en este país, donde la capital ha vivido siempre de espaldas al resto del territorio. Un territorio alejado de todo: de la economía, del desarrollo, de la salud, el agua potable, la educación y la más importante, la paz.

El conflicto en la República Centroafricana sigue abierto. Los esfuerzos de la iniciativa de paz de la Unión Africana avanzan a duras penas. La mayor parte del territorio, se estima en un 75 por ciento, sigue fuera del control del Gobierno de Bangui. Las diferentes milicias dominan importantes zonas de extracción de diamantes y oro.

Y en medio de todo ello, la población civil sufre víctima de la violencia que se desata de forma impredecible a lo largo del territorio. A principios de noviembre el campo de desplazados de la ciudad de Batangafo y los barrios cercanos, donde residían unas 32.000 personas fueron atacados y completamente arrasados.

Las pequeñas cabañas de infortunio en las que habitaban los desplazados desde hacía más de cinco años fueron quemadas por completo. Menos de quince días más tarde el campo de Alindao sufrió la misma suerte dejando al menos 43 personas asesinadas.

BANGUI ES UN ESPEJISMO

El espejismo de Bangui muestra al menos la gran capacidad de resiliencia de la población centroafricana, capaz de resurgir de cualquier crisis por dura que sea a poco que la seguridad se reinstaura. Los signos en todo caso para el resto del país no son muy alentadores.

Quizás la detención por el Tribunal Penal Internacional (TPI) en diciembre de dos líderes de milicias, los conocidos Rambo y Ngaissona, acusados de crímenes contra la humanidad sea un signo del fin de la impunidad y una luz al final del túnel de la crisis centroafricana. El tiempo lo dirá.

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