31 de mayo de 2020
 
Publicado 10/04/2020 15:14:16 +02:00CET

David Trujillo, psicólogo: El riesgo de conflicto en las familias es posible que aumente en las semanas de confinamiento

SANTA CRUZ DE TENERIFE, 10 Abr. (EUROPA PRESS) -

El riesgo de conflicto en las familias ante la situación generada por el confinamiento existe y es posible que aumente en el transcurso de las semanas; sin embargo, la cuestión no es que durante este periodo surjan determinados problemas entre sus miembros, lo cual no solo es posible sino comprensible, sino que no sean capaces de resolverlos y se mantengan en el tiempo. Esto conllevaría que la reclusión se vuelva aún más compleja, hasta incluso que la convivencia se convierta en un verdadero infierno.

Así lo afirma David Trujillo, psicólogo clínico y especialista en Psicoterapia, docente del Instituto de Psicología y Psicoterapia de Roma y que actualmente trabaja en el Centro Mencey (IPRA Tenerife), quien ha respondido en una entrevista realizada por Europa Press a algunas de las preguntas que muchos se hacen a raíz de la declaración del estado de alarma por la pandemia del covid-19.

Desde su punto de vista, esta experiencia fundamental que ha irrumpido en el seno de cada familia es como un haz de luz que permite alumbrar y poner en juego las capacidades y las dificultades para convivir día tras día, semana tras semana. El experto asevera que una gestión saludable de esta convivencia sin tregua y sin precedentes dependerá de si los miembros son capaces o no, entre otras cuestiones, de organizarse con las tareas cotidianas, de mantener una rutina diaria, de crear momentos de complicidad, de dedicar tiempo a alguna actividad familiar, de expresar emociones y abrir vías de comunicación, de respetar y mantener los espacios de autonomía e intimidad de cada uno o de promover recursos para afrontar los posibles conflictos.

En cuanto a cómo afecta el confinamiento a los más pequeños, David Trujillo sostiene que hay que tener en cuenta que los niños son receptores especiales para captar las señales del entorno más inmediato, por lo que su estado emocional se verá influido por el estado emocional en el que se encuentran las figuras más próximas, más aún si consideramos la cantidad de horas compartidas y las restricciones de libertad a las que estos niños se están viendo sometidos. Resulta fundamental, entonces, atender a sus necesidades emocionales, pero estableciendo límites y normas adaptadas a la situación en la que nos encontramos.

Sobre cómo afecta a los demás, según el psicólogo, además del incremento del malestar emocional, el resto de las personas hemos sufrido un cambio radical en la vida que realizábamos todos los días, desde el giro total de nuestra rutina habitual hasta la reducción extrema de nuestros ingresos económicos. A su juicio, la posibilidad de que después de este acontecimiento produzca niveles mayores de fortalecimiento en una persona dependerá de la capacidad que muestre en integrar en su propia historia de vida tanto el acontecimiento como sus consecuencias.

MIEDO AL 'VOLVER'.

Una vez termine el estado de alarma, podría ocurrir que muchos sientan 'miedo' a salir de sus casas, a volver a la normalidad. David Trujillo afirma que la dificultad de saber con cierta certeza lo que acontezca en el futuro tiene que ver con que la mayoría de españoles no hemos vivido en el pasado experiencias de esta índole. Y esto incrementa los sentimientos de incertidumbre e inseguridad que se respira en la atmósfera.

Por esta razón, piensa que en la medida en que no tengamos garantías en los próximos meses de sentirnos seguros y protegidos más allá del umbral de la puerta de nuestro hogar, la posible respuesta será el miedo y las conductas correlativas a dicha emoción, pues como es lógico intentaremos auto-protegernos de cualquier agente externo que atente contra nuestra vida. Ve evidente también que mientras esa inseguridad flote en el aire, se verán modificadas nuestras modalidades de encontrarnos con los demás y de expresar la afectividad.

A quienes sientan ese miedo, el psicólogo les recuerda que es una emoción humana y que puede experimentarse ante este tipo de situaciones, por eso recomienda identificar y reconocer el miedo que siente. En segundo lugar, aconseja que no se excluya, elimine o evite este tipo de afección mediante procedimientos que suelen resultar contraproducentes, sino que la acepte activamente buscando alternativas más saludables: tener información veraz y clara, administrar la información que quiere recibir, procurar no centrarse en el cuerpo y no hacer continuos chequeos sobre el mismo, evitar que el tema del covid-19 no monopolice las conversaciones con familiares y amigos, elaborar un plan de acción sobre el futuro y el condicional, para centrarse luego en tareas cotidianas y actividades de cierto interés para la persona, etcétera. Y en tercer lugar, que si la situación les desborda, pese a los intentos reiterados de recuperar algo de normalidad en su vida, pida ayuda profesional.

En este sentido, no descarta que haya personas que puedan llegar a sufrir un shock post traumático: "Es una posibilidad, pero depende de cómo este acontecimiento o ciertas condiciones persistentes en el tiempo impacten en la historia de vida de una persona. Es decir, depende de si la capacidad para integrar la experiencia (emocional, auditiva, visual, olfativa, cenestésica) resulta sobrepasada o de si las experiencias vividas representan una amenaza para su vida o su integridad física o psicológica".

En su opinión, los más expuestos en la actualidad a vivir tales experiencias son los profesionales sanitarios. En la literatura científica se informa de síntomas de estrés postraumático y afecciones emocionales después de la finalización del confinamiento en otras pandemias, pero considera que sería necesario tomar en cuenta las variables particulares que se dieron en esos casos durante el periodo de reclusión.

Sin embargo, ve más probable que la población sufra de otros problemas psicológicos derivados, por ejemplo, de la dificultad de adaptarse a nuevas condiciones de vida, de la imposibilidad de asumir la pérdida de un ser querido, de la fractura total de las expectativas acerca del futuro o de la incapacidad para regular el malestar de manera destructiva y no creativa.

CONSECUENCIAS.

Acerca de las consecuencias que puede tener toda esta nueva situación, David Trujillo indica que se han hecho todo tipo de pronósticos de que vamos a cambiar, como personas y como sociedad, en distintos territorios de nuestras vidas, pero se cuestiona en qué medida esos cambios se mantendrán en el tiempo o si muchos de esos cambios positivos que se pronostican son más un deseo de quién proyecta que lo que realmente pueda ocurrir.

El material con el que trabaja David Trujillo son las historias de vida de los pacientes, y solo apunta dos alternativas futuras cuando un evento imprevisto, sorprendente -como así ha sido el acontecimiento del coronavirus- afecta a la vida de una persona. Puede ocurrir, en unos casos, que este acontecimiento, y las acciones y pasiones que está produciendo, sean integrados en la historia personal, contribuyendo incluso al desarrollo de la propia historia. O puede ocurrir, en otros casos, que marque una ruptura, un quiebre en la historia de la persona, pues socava las expectativas creadas por el curso previo de los acontecimientos. Y es aquí donde se producen los cambios más profundos de ser humano, porque no puede ampararse en lo mismo que ha sido en el pasado para determinarse a sí mismo en el futuro, asevera.

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