El ADN, testigo silencioso en los juicios que pone nombre a las víctimas y desmonta coartadas

La interpretación de las muestras no están exentas de errores como en el caso Asunta tras una contaminación en un laboratorio de Madrid

Archivo - El presunto asesino de Juana Canal, Jesús Pradales (d) y su abogado Juan Luis Salgado (i), durante un juicio en la Audiencia de Madrid, a 17 de septiembre de 2024, en Madrid (España).
Archivo - El presunto asesino de Juana Canal, Jesús Pradales (d) y su abogado Juan Luis Salgado (i), durante un juicio en la Audiencia de Madrid, a 17 de septiembre de 2024, en Madrid (España). - Fernando Sánchez - Europa Press - Archivo
Europa Press Madrid
Publicado: domingo, 18 octubre 2026 7:48

MADRID, 18 Oct. (EUROPA PRESS) -

Las pruebas de ADN se han convertido en una herramienta fundamental en las investigaciones criminales para su uso posterior en un juicio, capaces de poner nombre a víctimas cuyos restos permanecen irreconocibles, situar a sospechosos en una escena del crimen o desmontar coartadas.

Sin embargo, pese a la precisión de la genética forense, la recogida, manipulación e interpretación de las muestras no están exentas de errores. Las contaminaciones pueden comprometer una investigación como ocurrió en el caso de Asunta Basterra, una niña de 12 años asesinada en septiembre de 2013 en Santiago de Compostela.

En los últimos años, Guardia Civil y Policía Nacional han resuelto crímenes en la Comunidad de Madrid gracias a la obtención del perfil genético de las víctimas, incluso décadas después.

El caso de Juana Canal, vecina de Ciudad Lineal desaparecida en febrero de 2003, se reactivó a raíz del hallazgo fortuito de un cráneo y un fémur por parte de unos excursionistas en abril de 2019 en un paraje de la provincia de Ávila, cerca de Navalacruz y Navarredondilla.

Los análisis de ADN permitieron confirmar meses después que los restos pertenecían a la mujer. El hallazgo fue clave porque permitió poner nombre a unos restos óseos que llevaban años en el terreno. En octubre de 2022, una nueva búsqueda permitió localizar más huesos en la misma zona y la expareja de Juana fue detenida, siendo condenada por la Justicia

El perfil genético también fue determinante para esclarecer el caso de Francisco de Pablo Páez, 'Francis', cuyo cadáver fue hallado en una fosa séptica en Aldea del Fresno más de dos años después de desaparecer y cuya identidad se confirmó mediante el análisis genético de dos piezas dentales.

También en el caso del conocido como el 'Rey del Cachopo', el ADN permitió identificar como Heidi Paz el torso hallado en una maleta. La investigación apuntó a César Román, cuya expareja había desaparecido.

Sin embargo, la defensa cuestionó que los restos pertenecieran a la joven, apoyándose, entre otros argumentos, en las primeras apreciaciones sobre las características físicas del cadáver, que no parecían coincidir con las de la desaparecida.

Fue entonces cuando las pruebas genéticas adquirieron un papel fundamental. Los análisis compararon el perfil genético obtenido del torso con muestras de referencia de Gloria, la madre de Heidi Paz.

Las peritos explicaron en el juicio que los resultados arrojaban una compatibilidad del 99,9985% y que era aproximadamente cinco millones de veces más probable que ambas fueran madre e hija que si se comparaba el resultado con el de dos personas sin ese parentesco.

La prueba permitió confirmar la identidad de la víctima pese al avanzado deterioro de los restos y rebatir uno de los principales argumentos de la defensa.

CONTAMINACIÓN

Frente a estos ejemplos del papel clave de la genética forense, el caso de Asunta Basterra puso de manifiesto los riesgos de contaminación de las muestras y las dudas que pueden surgir sobre la fiabilidad de una prueba científica en una investigación penal.

Aunque el juicio por el asesinato de Asunta Basterra se celebró en Galicia, la investigación puso el foco en el laboratorio de Criminalística de la Guardia Civil en Madrid a raíz de la aparición de un perfil genético masculino en la camiseta de la niña.

El perfil correspondía a un hombre que estaba siendo investigado en otro procedimiento y cuyo preservativo se encontraba en el laboratorio. El juez apreció indicios suficientes de que se había producido una contaminación accidental, ya que los fragmentos de la camiseta en los que apareció el semen se habían cortado con las mismas tijeras utilizadas para manipular el preservativo.

El hombre fue desimputado y la causa contra él quedó archivada. El episodio puso de manifiesto hasta qué punto la manipulación de una muestra biológica puede generar dudas sobre su origen y condicionar una investigación penal.

OBTENCIÓN DE LA PRUEBA

La Policía Científica desempeña un papel fundamental en la recogida de muestras biológicas en una investigación criminal. Los agentes inspeccionan la escena del crimen y recogen posibles vestigios de ADN, como sangre, saliva, semen, cabellos o restos de tejido, además de muestras obtenidas directamente de un cadáver cuando resulta necesario para su identificación.

Todo el material se fotografía, documenta, etiqueta y embala por separado para evitar posibles contaminaciones y se traslada al laboratorio de genética forense, donde los especialistas extraen el ADN, obtienen el perfil genético y lo comparan con las muestras de referencia disponibles.

Durante todo el proceso, la cadena de custodia permite dejar constancia de quién recoge, manipula y analiza cada muestra, así como de las condiciones en las que se conserva, para garantizar su integridad y que los resultados puedan utilizarse como prueba en un procedimiento judicial.

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