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Actualizado 31/03/2017 2:36:41 CET

¿Cómo influye la agresividad en nuestro día a día y en la relación con el resto?

La indolencia puede contribuir al mal funcionamiento del sistema

Actualizado 31/03/2017 2:36:41 CET

   MADRID, 19 Nov. (CHANCE) -

Un sábado más te traemos un nuevo artículo de Nano López. El coach para organizaciones y adolescentes nos acerca esta semana a través de una experiencia personal una nueva reflexión sobre la agresividad. Vivimos en una sociedad donde la violencia está presente en muchos momentos del día, desde el bullying que sufren muchos pequeños en los colegios hasta agresiones como la que protagonizó Canales Rivera este pasado jueves contra un cámara que estaba realizando su trabajo.

A continuación, Nano López se cuestiona con esta anécdota personal el grado de agresividad que tenemos hoy en día, y cómo este influye en la calma social en la que deberíamos vivir.

Ayer me ocurrió una cosa que, según he observado bastantes veces, que me ha dado pie a pensar en la agresividad y, a su vez, en la indolencia que hay en el día a día.

El caso es que yo estaba incorporándome a una rotonda y era de noche. Justo a mi izquierda venía un coche al que me costó muchísimo ver porque no llevaba las luces puestas. Como advertí el peligro que esto podía conllevar, tanto para la persona que conducía ese coche como para los demás, trate de avisar para que fuera consciente. Cuando traté de ponerme a su altura y avisarle con el claxon, cuál fue mi sorpresa al ver que la señora que conducía el coche actuaba de forma altiva e, incluso, se giró para insultarme. Este momento, me hizo cuestionarme qué debía de pasarle por la cabeza a esa señora como para que interpretase mi reclamo como si fuera una agresión.

Llegué a dos conclusiones: una, que la señora debe de estar acostumbrada a que le llamen la atención y por eso dio por hecho que eso era lo que yo hacía; y otra, que seguramente interpretó mi actitud y la juzgó agresiva sin preguntarse mi intención al respecto. De todas formas, dentro de la situación, para mí lo peor es que cuando su copiloto, que me había observado, le aclaró el porqué de mi reclamo, ella encendió las luces sin dignarse ni siquiera a darme las gracias.

Muchas veces funcionamos en modo automático, sin apenas darnos cuenta de las consecuencias que podemos ocasionar a los demás. Esta señora -sin juzgar si era mujer u hombre a la hora de conducir- podía haber provocado un accidente con consecuencias graves a raíz de su descuido. Sin embargo, ella estaba más centrada en enfadarse conmigo porque yo le estaba llamando la atención que en ser consciente de su error y corregirlo.

No es el único caso que veo como este. Por ejemplo, siguiendo con el tema de la conducción, las personas que se paran en doble fila porque están enviando un mensaje con el móvil. ¿Realmente somos conscientes de que en vez de aportar algo al sistema estamos más pendientes de nosotros mismos y encima, si nos dicen algo nos tomamos el reclamo como un ataque?

¿Por qué ocurre esto? Bajo mi perspectiva, está faltando una visión común de las cosas. Detectar cuál es nuestro papel dentro de los sistemas en los que interactuamos e identificar cuáles son nuestros juicios ante los demás y qué podemos hacer nosotros para que esto fluya.

Partamos de la base que siempre debemos tener en cuenta que nosotros no dejamos de emitir juicios. Que de estos juicios, nosotros somos los responsables de cómo sentirnos y cómo actuar. Poner foco en que, igual que nosotros lo hacemos, los demás también. Eso no significa que tengamos que ceder ante esto. Sin embargo, es importante fijarnos en si nosotros estamos haciendo algo para que esto cambie. Que las cosas se modifican solamente si nos esforzamos por verlas de otra forma. Pensar en lo bien que podemos sentirnos si todos aportamos algo para que los demás vivan una vida feliz.

Se crean sistemas porque necesitamos cosas y para conseguirlas vivimos constantemente interactuando entre nosotros y es necesario ser conscientes de cuál es nuestro papel en cada uno de esos sistemas y conseguir un equilibro en él. Para ello, es necesario darnos cuenta de que no somos los únicos que formamos parte del grupo, que debemos ser conscientes de soportar una tensión (emocional) a favor de ese equilibrio y perder protagonismo para que funcione.

Pongamos consciencia en que, nuestra indolencia puede contribuir al mal funcionamiento del sistema actual que conocemos. Hagamos algo nosotros para que evolucione correctamente.

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