Jero Romero, o sublimar los silencios para parar el tiempo

Jero Romero, en su concierto en la sala 16 Toneladas de Valencia en enero de 2025
Jero Romero, en su concierto en la sala 16 Toneladas de Valencia en enero de 2025 - MARCOS GARCÍA / AYUKEN MP
Actualizado: lunes, 20 enero 2025 22:08

TOLEDO 20 Ene. (De Hache Oighinn @hdelh para EUROPA PRESS) -

Una crónica que tarda 10 días en ver la luz merece una buena justificación del autor, no basta con decir que si la falta de tiempo. En mi caso, la única excusa es que desde que terminó el concierto sueño con ser el biógrafo de Jero Romero, y no porque sepa mucho de su vida, sino porque no hay nada que más desee que conocer los motivos detrás de cada una de las estrofas con las que paró el tiempo en la 16 Toneladas de Valencia.

Yo que aprendí de los buenos cronistas sin ser uno de ellos no puedo rechazar la tentación de ampararme en la primera persona para intentar transmitir lo que a mí me transmitió el señor de la guitarra, así que empezaré por el principio. Para entender lo subjetivo de estas líneas, diré que tuve la fortuna de empezar mi particular concierto una hora antes de que empezara para los demás, porque la suerte quiso que Jero fuera mi regalo de cumpleaños y porque llegué, casi casi, el primero de los segundos.

Y con la sala iluminada y vacía pude ver al toledano eligiendo cuál era la mejor de las luces que vendría a alumbrarle, y, fíjense, eligió luz cálida, declaración de intenciones o síntoma de lo que estaba por venir.

Para mí el concierto empezó con el vinilo ya firmado y ya tenía los oídos y el corazón para entrar a vivir. Fui el público fácil al que el primer acorde acuchilló como Jero apuñaló Valencia durante 90 minutos que parecieron uno.

Arrancó abriendo 'El Ventanal', pase del álbum 'La grieta' que precede a 'Miracoloso', su última entrega. No del todo mala idea para preparar el terreno antes de desparramar su último trabajo. "Mi mejor versión son una fecha que ya caducó", entonaba, "justo en el momento en el que era injusto", pero no lo fue.

Con las presentaciones hechas y mirando a los ojos, vino a confesar, y lo hizo avisando de que era la segunda vez que se enfrentaba a una sala solo con la guitarra como armadura. Cualquiera diría que no lo ha hecho dos millones de veces delante del espejo.

Después de tirar la primera le dio por hablar más de lo que acostumbra y contar cómo una conversación cuñada de Nochevieja le vino a descubrir que las canciones míticas tenían palabras esdrújulas.

Se resistió el primer 'mirácolo' en la segunda porque Jero quería contar de dónde venía para que todos entendiéramos más todavía hacia dónde quiere ir. 'Túmbate', de aquél 'Cabeza de León' que le rescató, fue la segunda del set y claro, "cómo puedes evitar gritar" si había que gritarlo. "Dedícate a mostrar indiferencia", cantaba mientras los 300 de la sala contestábamos... "No puedo más, no puedo más". ¿Cómo puede ser que lo mejor dé miedo?

Y con todo, la primera elegida del repertorio que veníamos a estrenar en este formato fue 'De mi síndrome de antes', cuál si no. Diría que le cambió la voz, que lo estaba deseando tanto o más que nosotros, como si tuviera ganas de hablarnos de ese síndrome. "Pero no sé bien cuál es". Ni nosotros, Jero. Nosotros tampoco.

Dejé aquí de tararear por un segundo para ver, por fin, cómo el calvo a mi derecha se atreve de una vez por todas a besar a su acompañante. Sin tener pruebas de que fue el primero de los besos de su vida y con la certeza de que fue solo uno más de todos los que vinieron después, me atrevo a pensar que el clima que ya habíamos construido entre todos terminó por darles el pase de la muerte, como aquellos de Amavisca a Zamorano. Mientras, Jero, mamporrero de las primeras veces, ni siquiera se lo imaginaba.

Se empeñó en que viajáramos sin salir de la sala y nos quiso llevar de nuevo a 2011 con 'Correcto' para averiguar "en qué minuto y a qué hora todo se acabó" cuando realmente no había hecho nada más que empezar, aunque de eso hizo ya 14 años. Y en aquél rincón de más de una década nos quedamos un ratito más para recordar a la 'Desinhibida', aquella musa con quien, sin saberlo, todos los que fuimos allí a escuchar y a asentir con la cabeza compartimos mucho más que lo hubiéramos imaginado.

Y fue cuando la nave empezó a despegar de verdad, porque aquí surgió el primer coro desde el público para demostrar, como la protagonista de la canción, que desinhibidos íbamos, desinhibidos íbamos. "La meto en el set para que no se me enfaden", confesó antes de entonar... "Y sale a andar por si me ve, procura bien no despeinarse". Tampoco se ha despeinado el calvo de mi derecha, aunque a estas alturas, su acompañante ya le hubiera agarrado fuerte del pelo, tanto más de lo que ya nos habíamos agarrado a la guitarra que nos mecía.

El viaje al pasado se resistía a llegar a su última parada y no lo hizo sin antes pasar por 'Ya te lo decía yo' como preludio a meter una marcha más. Y en estas, la última estación de 'Cabeza de León' no podía ser otra que 'Nadie te ha tocado', y estoy seguro de que nos miró a los ojos a cada uno de nosotros y a todos a la vez mientras entonaba el estribillo.

Se le cayó '2010' otra vez antes de regresar a 'Miracoloso' y por fuerza mayor me tocó seguir el coro casi en 'fade out' por esa manía mía de ir al baño a la cuarta cerveza, pero incluso desde allí sentí la magia, quizá por culpa de mi vecino de al lado mientras estábamos cara a la pared, con quien acabé fundiendo la voz en plena obra: "Hace varios días que me quiere una mujer", nos cantamos el uno al otro, mirándonos a los ojos y sin chocarnos la mano.

Pero volvamos al calvo. Sonaba 'Las ballenas' y Jero le hizo un favor a la chica de los besos: "Hoy es un buen día para hacer el amor con este señor", y así echó a andar esta canción mientras la complicidad de los dos ya era superlativa. Muy mal se les tuvo que dar el resto de la noche si es que acaso no acabaron durmiendo juntos.

El tramo final del pase continuaba con 'Has hecho como yo', el tema que el año pasado le sirvió para enseñar la patita de lo que sería 'Miracoloso' y que apuntaba todas las maneras que confirmó el disco completo.

El ticket de la ORA que habíamos puesto a la cápsula del tiempo aparcada en el escenario tocaba a su fin y volvimos atrás para cantar 'Las leves' justo cuando empezaban a convivir las ganas de que el concierto no acabara y la seguridad de que estábamos ya pidiendo la cuenta. "Quiero mi tristeza y cuéntale tu vida a los demás".

Ya nos había devuelto todo antes de que tocara 'Devolverte' y aún así nos consolaba que "cada vez no puede ser la única vez". Este concierto fue la semilla de los conciertos que vendrán. Al menos, todos los que ya nos hemos sacado el C1 de Jero Romero sabíamos a esas alturas que necesitábamos volver a vivir la experiencia. Aunque tenga a veces gestos antiguos de 'Hombre mayor'. Pero, con todo, 'Fue hoy' cuando todos volvimos a nuestro papel, a "querer la guerra y querer paz".

'Plantas de Interior' fue la elegida antes de coger aire para el bis. Los que paseamos Toledo a diario tenemos la pequeña ventaja de poder cantar el tema con los ojos cerrados. Yo, que cada día desayuno en La Malquerida de la calle Trinidad, creedme, tarareo siempre que termino la calle Hombre de Palo antes de enfilar la cuesta. A los toledanos: sabéis de lo que hablo. A los que no: qué sabréis vosotros.

"Me he propuesto hablar más entre concierto y concierto. Lo llevo haciendo desde el 2000", dijo antes de empezar. "Pero si hablo poco me voy jodido y si hablo mucho me voy jodido porque hablo mucho", dijo antes del bis. Un postre que brindó a Miren Iza, "una de las mejores compositoras en Europa". Y lo hizo versionado 'Oda al amor efímero' de Tulsa. Regalo inesperado que me hizo preguntarme por qué esa canción, cuestión a la que solo puedo responderme: "Y qué más dará".

Con 'También' abrochó el concierto. Un concierto que me vino por sorpresa como regalo adelantado de cumpleaños. Será por eso que me supo a poco y me supo a todo. Jero, quiropráctico de un jueves cualquiera y sublimador de silencios a tiempo parcial. Ojalá me lea el calvo y ojalá me perdone el no saber su nombre para referirme a él de un modo más cortés.

Leer más acerca de: