Menores extranjeros que llegan a España: cómo el colegio Padre Piquer hizo que mi historia no determinara mi futuro

Actualizado 18/12/2018 15:04:14 CET
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Lucía vino a España desde China para vivir con sus padres después de diez años separada de ellos. Anna tiene 16 años y hace uno voló a España desde Georgia para reunirse con su madre tras 14 años viviendo con su abuela. Osama, de 15 años, salió solo de Marruecos hace cuatro meses y llegó a Madrid "sin familia ni amigos".

Ninguna de estas historias es fácil o justa pero todos sus protagonistas son valientes a ojos de Montse, su profesora y 'segunda madre', como la definen. Todos ellos tienen menos de 18 años y se conocieron en el Centro de Formación Padre Piquer, dirigido por la Compañía de Jesús y de la Fundación Montemadrid, en una clase de menos de 20 alumnos con mesas redondas y "más nacionalidades que la ONU", según Montse.

"Hablar de estos niños es hablar de valentía", afirma esta profesora que se siente afortunada por haberlos conocido. Su aula es el primer contacto que tienen con el colegio estos menores extranjeros que llegan a España sin conocer el idioma, en ocasiones a mitad de curso y con historias personales "que no corresponden a su edad".

LA DUREZA DEL PRIMER DÍA

Todos los alumnos del 'aula de enlace' llegan a la puerta de un colegio con niños de 35 nacionalidades diferentes, situado en el madrileño barrio de Ventilla, uno de los más humildes de la capital, y esperan a que Montse se acerque para presentarles a sus nuevos compañeros.

El primer día de Lucía es algo que nunca va a olvidar por el hecho de enfrentarse a una realidad totalmente desconocida y ante la inseguridad de no poder comunicarse con nadie. Nicole, de Filipinas y que acaba de incorporarse a 2º de la ESO, explica que todos han pasado por dificultades muy similares, lo que hace que no exista la vergüenza entre ellos.

Los alumnos pueden llegar en cualquier momento del curso, lo que supone una dificultad añadida para la profesora que afronta varios niveles lingüísticos dentro del aula. Para ello, la clase está formada por seis mesas redondas según su nivel de competencia lingüística.

Dada la diversidad de necesidades, el método de enseñanza es individualizado y trata de adecuarse a cada uno de los alumnos. Durante estos nueve meses que como máximo pasan en el 'aula de enlace', los profesores realizan un plan educativo con el alumno que se adapta a sus cualidades y preferencias. Le ayudan a conocer todas las posibilidades para que sepan qué camino quieren tomar. No todos quieren hacer Bachillerato, también pueden acceder a uno de los cursos de Formación Profesional que imparte el centro de formación desde Electrónica hasta Administración y Finanzas.

Montse, junto a otros profesores, convierte a los alumnos en parte activa del aprendizaje mediante juegos, excursiones y explicaciones accesibles para todos. Para Montse, es fundamental conocer la historia de todos ellos y que se sientan en un espacio seguro en el que esten arropados por sus profesores y compañeros.

MENORES NO ACOMPAÑADOS

Uno de los casos más difíciles de abordar para la profesora es el de los menores no acompañados (MENAS), que como Osama, llegan a Madrid solos y pasan a ser tutelados por la Comunidad. Estos niños llegan en una situación emocional muy deteriorada, ya que huyen de unas circunstancias familiares y sociales complicadas, cruzan la frontera en patera o escondidos en camiones y, una vez llegan a España, viven en centros de acogida "sin familia ni amigos".

Para Montse, estas circunstancias hacen que enseñarles el idioma sea solo "la punta del iceberg" del problema que viven e indica que estos niños primero deberían ser atendidos a nivel emocional por psicólogos o trabajadores sociales y después incorporados a un centro educativo.

HACER POSIBLE LO QUE PARECÍA IMPOSIBLE

Anna, que terminó su etapa en el 'aula de enlace' y se ha incorporado este año a 4º de la ESO, asegura su vida ha sido "muy complicada". Pero en las clases de Montse empezó su nueva vida, "empezó todo" y, aunque le ha resultado difícil la adaptación al nuevo curso, ahora quiere continuar estudiando y terminar Bachillerato.

Lucía coincide con ella. Se sintió "muy sola" los primeros meses: todos sus compañeros hablaban español a un ritmo que no entendía. Ahora está al mismo nivel que el resto y sueña con ir a la Universidad y estudiar un grado en Nutrición.

Todo el trabajo con estos chicos y chicas da sus frutos y, a pesar de las dificultades, para la coordinadora de Infraestructuras y Metodología y profesora de inglés, Pilar de Sotto, es sorprendente observar todo lo que van logrando a medida que van pasando de curso, cómo aprenden a relacionarse y a trabajar juntos, y los recursos pedagógicos que van adquiriendo.

Todo ello reafirma la premisa del centro que asegura que "la persona jamás será determinada por sus condiciones económicas, sociales o culturales". Los profesores de este centro creen en las enormes posibilidades de los alumnos y destacan con frecuencia sus enormes capacidades de superación. 

Este aula posibilita que muchos niños que llegan con una situación personal muy difícil, puedan acceder a unas posibilidades de formación, integración y desarrollo personal que parecían impensables cuando llegaron el primer día a la puerta del colegio. Lucía, Anna, Osama y Nicole coinciden en que se llevan una segunda familia con la que contarán de por vida y la seguridad de que pueden cumplir sus sueños.