Cómo han cambiado los hogares en España

BANCO SABADELL
MRR
Actualizado 04/04/2019 19:04:12 CET

Fernanda tiene 95 años. Vive sola desde hace casi 40, cuando se quedó viuda. Ahora necesita ayuda para hacer la compra o cocinar. Y vence la pereza para salir a andar un poco todos los días empujada por sus tres hijas, que la visitan todas las semanas. Mientras pasean hablan de los nietos, los bisnietos y su primer tataranieto. También de los vecinos y de las novedades del barrio.

Fernanda forma parte de ese grupo de personas que viven solas y que crece cada año en España. El Instituto Nacional de Estadística (INE) contabilizó el año pasado 4.687.400 hogares unipersonales. Representan el 25,5% del total y es la tipología en la que se detectó un mayor incremento en 2017: un 1,1% con respecto al año anterior. Por su parte, los hogares de dos y tres personas aumentaron un 0,1% cada uno, mientras que los de cuatro y cinco o más integrantes crecieron un 0,2% y un 0,3%, respectivamente.

Más hogares, pero más pequeños

Uno de los mayores cambios que ha experimentado en los últimos años la demografía española es el aumento del número de hogares. En 2017 se alcanzaron los 18.472.800 y, según las previsiones del INE, en 2029 esa cifra llegará a los 19.204.058, casi un millón más que en 2014. La causa hay que buscarla en el número de personas que residen en cada vivienda familiar. En 1970 la media era de casi cuatro, en la actualidad es de 2,49 y para 2029 se estima que será de 2,34. Actualmente, los más numerosos son aquellos formados por dos personas. El investigador del Centro de Estudios de Demográficos (CED) de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), Pau Miret Gamundi, recoge en su artículo ‘Cambios en los hogares y en la familia: España en el siglo XXI en el contexto europeo’ que el hogar más habitual en España siempre ha sido el compuesto por una pareja más sus hijos, una tipología mayoritaria en el último cuarto del siglo XX. Sin embargo, en la nueva centuria se ha detectado un cambio.

A mediados de los años setenta, se contabilizaban 4,5 millones, una cifra que fue aumentando paulatinamente hasta casi los siete millones de 2008. Ese año empezaron a disminuir, justo cuando comenzaba la crisis económica. En 2015 descendieron hasta en medio millón. Ese año se contabilizaron 6,5 millones de familias formadas por una pareja con hijos. Momento en el que, si se atiende a las cifras del INE, le toman el relevo otras dos estructuras domésticas: la unipersonal y las parejas sin hijos. Por el contrario, los hogares con tres generaciones tienen cada vez menos presencia.

Cambios estructurales

Llegados a este punto, hay que matizar qué es lo que se entiende por hogar. La Real Academia de la Lengua Española (RAE), lo define en una de sus acepciones como “familia, grupo de personas emparentadas que viven juntas”. Miret Gamundi identifica el hogar como el espacio de convivencia que “hasta ahora siempre ha estado relacionado con el ciclo familiar”.

Dentro de ese ciclo se pasa por diferentes etapas. La primera sería la formación de la pareja a través de la constitución de un hogar independiente al de los padres. Después vendrían los hijos, y su emancipación, con el consiguiente estadio del nido vacío, la muerte de un cónyuge y, finalmente, la desaparición del hogar al fallecer el último integrante que constituía el núcleo familiar.

Sobre esta base, el investigador del CED considera que el concepto fundamental del hogar no ha variado en lo fundamental: “En España la constitución del hogar continúa estando relacionado con la formación de la pareja y los hijos continúan naciendo en el interior de una pareja. Sin embargo –matiza–, dos dinámicas han transformado la panorámica del hogar, a saber, el divorcio y la longevidad”. Dos circunstancias que han propiciado la aparición de nuevos tipos de relaciones y, como consecuencia, la creación de familias alejadas de los estándares predominantes en nuestra sociedad hasta el siglo XX.

Nuevos modelos de convivencia

Son varios los factores que han contribuido a este cambio. “La separación ha supuesto que la pareja no sea para siempre. Esto ha propiciado la aparición de nuevas formas de hogar en alza, como la familia monoparental (normalmente de la madre con sus hijos) o vivir solo como adulto”, apunta Miret Gamundi.

En la misma dirección, señala que “se observa la constitución de hogares en los que la totalidad de los hijos no son de ambos miembros de la pareja, sino que uno o ambos aportan al núcleo familiar hijos de anteriores relaciones. A falta de otro nombre mejor, se las denomina ‘familias reconstituidas”.

El aumento de la esperanza de vida constituye otro de los factores que han contribuido a la aparición de nuevas tipologías de hogar. Atendiendo al ciclo de vida familiar, la etapa de nido vacío –como se denomina al momento en el que los hijos se van de casa– se prolonga en el tiempo. “No obstante, a edades mayores y avanzadas aún persiste la idea de convivir en pareja hasta donde sea posible, de forma que las personas cuidadoras continúan estando relacionadas con el núcleo familiar y, en particular, en primer lugar con la pareja y en segundo lugar con los hijos (fundamentalmente las hijas)”.

Y, como tercer factor, el investigador señala el aumento de la infecundidad, es decir, de las mujeres –y en paralelo, los hombres– que no tienen hijos. Según sus datos, “las nacidas a finales de los setenta tienen niveles de infecundidad que se acercan al 20%, es decir, una de cada cinco mujeres no ha tenido hijos dentro de su vida fecunda”.

Momentos de cambio

Teniendo en cuenta estos tres factores, no parece que las tendencias vayan a variar mucho en los próximos años. El cambio ya se ha producido. En la sociedad actual la diversidad de hogares es patente. Aun así, los mayoritarios continuarán siendo los formados por una pareja con hijos. “Siendo las de dos hijos las más habituales en España –sostiene Miret Gamundi–. Mientras que aquellas que solo tienen un hijo se mantienen estables en un 10% desde hace varios años”.

La separación y el divorcio continuarán su tendencia ascendente, lo que derivará en un incremento del número de familias monoparentales. Las formadas por la madre y sus hijos serán más numerosas que las del padre conviviendo con sus hijos.

En cuanto a la esperanza de vida, seguirá en aumento y crecerán los hogares formados por una pareja mayor, a causa del envejecimiento de la población. Factor este último que también contribuirá al incremento de los hogares unipersonales como el de Fernanda que, a pesar de vivir sola, siempre está acompañada.

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