MADRID, 4 Nov. (EUROPA PRESS) -
Los presuntos homicidas del coleccionista de arte Abel Martín Calvo, que murió hace 15 años durante un atraco en su chalé de Aravaca (Madrid), se declararon hoy inocentes del asesinato y negaron haber sustraído varias piezas de arte para traficar en el mercado de obras robadas. Se apoderaron de un cuadro del pintor abstracto Poliakoff, otro del valenciano Mompo y siete dibujos del artista catalán Julio González, que trabajó durante años en un taller con Pablo Picasso.
El crimen se produjo sobre las 16.00 horas del 5 de agosto de 1993, cuando los hermanos Manuel José Franco Da Silva Moztezuma y Gonzalo Manuel, de nacionalidad portuguesa, acudieron al chalé de la víctima, con quien les unía una amistad. Una vez en el interior, los acusados golpearon a Abel con un objeto en la cabeza, lo que le provocó la muerte, con el fin de apropiarse de cuantas obras de arte hubiera en el interior de la casa.
Tras acabar con su vida, se apoderaron de un cuadro del pintor francés de origen ruso Poliakoff, otro de Mompo y siete dibujos de gran valor del barcelonés Julio González, entre ellos 'Cabeza Extraña', 'Boberta con nudo rosa', 'Dos mujeres implorando' y 'Mujer leyendo'. Actualmente, los dibujos del colaborador de Picasso se encuentran expuestos en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía.
Fuentes de la Guardia Civil indicaron a Europa Press que conocieron que los autores del asesinato eran los hermanos Da Silva después de localizar un lote de piezas de Julio González en una subasta de Bruselas, que resultó paralizada por Interpol. El galerista que proporcionó las piezas, que declarará mañana, reconoció que había adquirido los dibujos de la mano de los procesados. Manuel José Franco S.M. y Gonzalo Manuel S.M. eran entonces viejos conocidos de la Policía portuguesa por dedicarse a traficar con obras de arte robadas. Al primero se le detuvo en Italia en septiembre de 2005, mientras al otro en portugal en marzo de 2007.
"Yo no maté a nadie ni sustraí nada. Nunca tuve esas obras en mi poder", apostilló Manuel José en su declaración, en la que admitió que conocía desde hace doce años a la víctima porque se trataba en Portugal en una clínica propiedad de su padre. El acusado relató que la última vez que acudió a visitarle a su casa fue en junio de 1993, negando haber ido el 5 de agosto. Ese día, según narró, se encontraba a las 11.00 horas en la localidad portuguesa de Coimbra, tal y como certificaba un resguardo bancario que aportó al Instituto Armado.
OBRAS DE PICASSO, MIRO Y SEMPERE
A preguntas de la fiscal, Manuel José reconoció que entonces sabía que Abel tenía obras de arte en su casa, puesto que en el salón había un Picasso original, un cuadro de Joan Miro y obras del alicantino Eusebio Sempere. Insistió en que nunca vio ninguna obra de Poliakoff, Mompo y Julio González, añadiendo que ni siquiera sabía quiénes eran, pese a que en la sesión se mostró un experto en arte.
Por ello, la fiscal le recordó que en el registro de su domicilio la Guardia Civil halló un catálogo de la obra de Poliakoff, varios libros de Julio González y una xerigrafía de Sempere. El procesado la contestó que formaba parte del cúmulo de libros de arte que coleccionaba desde hace años por su paso en diferentes galerías de todo el mundo.
Gonzalo Manuel, que durante años tuvo una galería de arte en Portugal, relató la misma versión que su hermano, negando la participación de ambos en el crimen. Respecto a las obras robadas, apuntó: "Nunca me interesé por Poliakoff, Mompo y Julio González porque estaban por encima de los presupuestos que manejábamos".
La Fiscalía de Madrid solicita 20 años de prisión para los procesados por un delito de homicidio, con la agravante de abuso de confianza, y otro de robo con violencia. Además, reclama que indemnicen con 95.000 euros a los herederos de la víctima.