Más que palabras.- El laberinto del PP

Publicado 07/07/2018 8:01:33CET

MADRID, 7 Jul. (OTR/PRESS) -

Hay partido y las espadas seguirán en alto hasta la celebración del Congreso. En los próximos días nada va a ser como parece. Ni la ganadora de la primera vuelta Soraya Sáenz de Santa María puede ser finalmente las presidenta del PP, ni el segundo clasificado, Pablo Casado, va a resignarse a un papel de segundón. En cuanto a la perdedora en la clasificación, María Dolores de Cospedal que se ha quedado fuera de la carrera puede que sea quien tenga en su mano el "dedazo" definitivo, es decir conseguir a través de los compromisarios que su enemiga íntima no se lleve el gato al agua y se alce con la victoria final. Dicen que la venganza es un plato que se sirve frío y mira por donde si finalmente la Secretaría General convence a quienes le han votado a ella para que su opción sea Casado podría decir aquello que "quien ríe el último, ríe mejor". Ahora ya no vale el argumento utilizado contra la moción de censura de Pedro Sánchez que ellos mismos han denominado "pacto de perdedores". De hecho aunque las bases del PP dejaron claro quienes querían que fuera su líder, el modelo perverso y enrevesado de primarias ideadas para una coronación y no para una competición, puede dar la vuelta al resultado gracias a la figura del compromisario. Así pues la segunda vuelta no solo, ha revalorizado su impacto sino que será la que marque el futuro. Nada más conocerse el resultado Pablo Casado ratificó lo previsible: que no renuncia a la batalla e hizo guiños a Cospedal. "Con ella trabajé en 2013". Dicen que la exministra de Defensa a pesar del disgusto por su derrota y aún dejando todo abierto en la rueda de prensa tras el escrutinio, dio orden a su equipo de que el mensaje no fuera precisamente el de la equidistancia. "No hemos llegado hasta aquí para que nadie cambie", dijo el vicesecretario general del partido en sus primeras declaraciones, tras valorar los resultados. Sus colaboradores más cercanos dan a entender que ya se ve como ganador en el Congreso del próximo del 20 y 21 de julio y a la hora de hacer números afirman que cuenta con el 63% de los votos de todos aquellos que votaron por candidaturas distintas a la de su adversaria. "Durante nuestros años de Gobierno hemos perdido tres millones de votos. Si me he presentado es para hacer una refundación y volver a los 11 millones de votos. Hace falta un proyecto nuevo en el que no hay que hacer lo mismo con los mismos", ha dicho por activa y por pasiva en un 'zasca' directo a su rival y además insiste en que su candidatura es la única que garantiza la unidad del partido: "Es en la que todo el mundo se puede sentir cómodo. En la que no se va a hablar de familias ni de corrientes. Ni del pasado. Solo del futuro. Sin fracturas territoriales ni personales".

Se ha dicho y es verdad que Santa María ha ganado la batalla pero no tenía más remedio que tender la mano a su adversario para no perder la guerra y su amarga victoria ha tornado en dulce derrota la de un aspirante que tiene mucho su favor. Ni siquiera esa imagen de que detrás de la joven promesa, la mano que ha movido esa cuna es la de Aznar o la contraria de que finalmente Rajoy 'el silente' preferiría una persona de perfil más similar al suyo, como Soraya parece que vaya a influir para cuadrar este puzzle y que se salga del laberinto antes de la cita congresual. "Todas las experiencias pioneras son problemáticas, y no ha sido una excepción el proceso estrenado en el PP para elegir al sucesor de Mariano Rajoy. Nadie preveía un desalojo abrupto del poder mediante una moción de censura, por lo que se esperaba que Rajoy pudiera pilotar una transición tranquila. Pero Rajoy decidió abandonar la política sin contemporizaciones, Aznar hace tiempo que tomó distancia crítica con la formación que él mismo refundó y el candidato de consenso, Núñez Feijóo, con su imprevista espantada entregó el partido a una pugna hosca entre Santamaría y Cospedal. Hostilidad que se ha dirimido finalmente en una campaña más bien poco edificante, marcada por el crudo personalismo antes que por el debate programático". Se podía leer en unos de los párrafos del editorial de El Mundo. Aunque la descripción es acertada, convendría que toda la familia del PP, pero especialmente sus dirigentes, hagan un análisis crítico de por qué están en la oposición parlamentaria, salgan del pozo oscuro del enfrentamiento fraticida -esas guerras se sabe como empiezan y no como acaban- se adentren en el terreno de las propuestas y diseñen cómo rearmar al partido de ideas que le permitan una regeneración democrática -dejando atrás el estigma repugnante de la corrupción- y se planteen ser una opción real de futuro para ganar las próximas convocatorias electorales... las municipales y autonómicas ya están a la vuelta de la esquina.