Publicado 02/05/2024 08:02

Antonio Casado.- El post-sanchismo que viene

MADRID, 2 May. (OTR/PRESS) -

No puede haber impunidad para los tramposos.

Claro que a Pedro Sánchez le va a pasar factura el hecho de que en cuestión de horas hiciera su extraño viaje entre el depresivo "no se si vale la pena seguir" (previo al plañidero clamor de sus fans) al "estoy con ánimo para a seguir tres años más y los años que quieran los españoles" (posterior al grito implorante pero no masivo de la militancia).

Estamos ante un explícito ofrecimiento de disponibilidad para continuar liderando al PSOE sin límite de tiempo. Tan explícito que nos invita a interpretarlo como un aviso a quienes creen -creemos- que después de la su teatral retirada al rincón de pensar el PSOE está abocado a una travesía del desierto.

O sea, un tiempo de sanadora revisión cuyo objetivo central ha de consistir en reactivar un partido histórico que durante estos últimos años se ha vaciado a mayor gloria del líder totalizante que lo puso a su servicio y al de sus personales ambiciones de poder.

Ojo al dato:

No muy lejos de la hipótesis anterior están los análisis del órgano informativo más próximo a este presidente y este Gobierno. "El País", un diario histórico al que tanto debe la obra de la transición y el asentamiento institucional posterior a la muerte de Franco, editorializaba este miércoles con el hecho de que, paradójicamente, haya sido el propio secretario general del PSOE quien "ha alimentado el debate sucesorio al amagar con un paso atrás que nadie esperaba".

El editorial del respetado medio informativo va más allá al entender que, con su disponibilidad para seguir los años que sean, el actual líder del PSOE "intenta frenar cualquier movimiento interno" en clave sucesoria, aunque está por ver que eso pueda ser controlable por Sánchez y su reconocible estado mayor.

Se entiende esa previsión, pues el PSOE está desangrado por diez años de caudillismo. La entrada en el post-sanchismo es inevitable. Solo podemos especular sobre el "cuándo". Pura cuestión de agenda.

En mi opinión, el proceso de regeneración interna se va a acelerar después de las elecciones europeas del 9 de junio, cuyas urnas cantarán el castigo de los votantes a una forma de hacer política.

La prueba más reciente es el golpe a la credibilidad de Sánchez que ha supuesto el hecho de convertir su propia vulnerabilidad política con el ataque a una democracia supuestamente desprotegida ante la conjura de los malos. Es decir, la de quienes política y mediáticamente no lo reconocen como una víctima de los fabricantes de "fango" y de crispación.

Como si él y sus teólogos no tuvieran nada que ver con eso.

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