MADRID 23 Ago. (OTR/PRESS) -
Anunciar, con aire grandilocuente, cosas que no se van a cumplir aboca al ridículo al protagonista. El tema no tendría mayor trascendencia si no fuera porque su autor es el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares. Resultará difícil borrar su contundencia cuando aseguró, en Ceuta, que todos, incluido los menores, que cruzaron a nado iban a volver a Marruecos.
Tres semanas después, un número indeterminado de migrantes vaga por las calles de la ciudad o son trasladados en viajes de ida y vuelta desde la playa del Trampolín a la Loma del Colmenar. Y son los barrios más desfavorecidos, con más población marroquí, los que más solidaridad y precariedad muestran.
En el PSOE se empiezan a oir voces críticas con la pésima gestión de esta crisis, descrita por Pedro Sánchez como "una violacion de la integridad territorial de España". Entre esas voces la del vicepresidente de la Asamblea de Ceuta, el socialista Melchor Leon. Ahíto de razón, ante la calamidad que vive su ciudad, exige que Moncloa endurezca su discurso con Rabat y aplique sanciones.
Porque el problema, ahora, es que todos los que se han quedado tienen que ser entrevistados por un juez para determinar su derecho al asilo. Y no hay suficientes jueces. Como no hay suficientes sanitarios para atender las heridas y enfermedades de los que se jugaron la vida cruzando a nado y que ahora duermen en la calle en colchones de goma.
Marruecos hizo la pantomima de que había frenado una nueva avalancha en agosto cuando lo cierto es que sus puertas se han vuelto a cerrar a las devoluciones. Y lo peor de todo es el silencio del Gobierno que no explica porque se produjo la primera avalancha, porque fue tan servil con el régimen alauita. Salvo nombrar al ministro Torres coordinador de la crisis y aprobar una partida económica para la ciudad autónoma, nada cuentan de lo que, de verdad, interesa a los ciudadanos.
La UE no acepta el traslado a la península, salvo a los menores, motivo por el que las mafias están haciendo su agosto (nunca mejor dicho) cruzando a cambio de nueve mil euros, en embarcaciones precarias, a migrantes de Ceuta a Cádiz.
Mientras Mohamed VI se frota las manos. La inestabilidad de las ciudades autónomas facilita su estrategia de reclamar su integración en Marruecos y más si los ciudadanos españoles empiezan a trasladarse a la península ante el deterioro de las condiciones de vida.
Margarita Robles fue la única que dijo, alto y claro, que Ceuta y Melilla son españolas. Ella sabe, como el resto del Gobierno lo que está pasando a nivel geopolítico.
Lo cierto y verdad es que Ceuta no puede seguir así y que la gestión de la crisis es manifiestamente mejorable.