Publicado 21/04/2024 08:01

Victoria Lafora.- Nadie quiere ir

Archivo - La periodista Victoria Lafora
Archivo - La periodista Victoria Lafora - EDUARDO PARRA / EUROPA PRESS - Archivo

MADRID, 21 Abr. (OTR/PRESS) -

La medicina de familia se ha convertido en ese destino al que ningún facultativo quiere ir. Las consultas desbordadas de pacientes y la absurda burocracia que les roba un tiempo que deberían dedicar a su labor de atención, ha convertido a los ambulatorios en un frente de batalla. Además del riesgo de sufrir agresiones físicas y verbales, porque los centros de salud son los que tienen las tasas más altas de esta conducta incívica y repugnante. Resulta comprensible, por otro lado, que tras haber estudiado una de las carreras universitarias más larga y difícil y haber superado el examen de MIR, los futuros profesionales sanitarios quieran ejercer en un centro donde el prestigio y la investigación sean metas alcanzables.

Conclusión: cuatrocientas cincuenta y nueve plazas de médicos de familia han quedado vacantes. Los MIR prefieren repetir el examen y poder elegir un hospital. Son el doble que el año pasado y la tendencia es imparable. La ministra de Sanidad, Mónica García, tan preocupada, con ramón, en la lucha contra el tabaco en las terrazas, debe afrontar, cuanto antes, una remodelación del funcionamiento de los centros de salud si no quiere ver colapsados los hospitales. El problema es que su ministerio es un cascarón vacío, dado que la sanidad está transferida a las Comunidades Autónomas y cualquier decisión tiene que pactarla con los consejeros autonómicos. Muchos de los cuales sufren el recorte económico de sus gobiernos en el tema sanitario. Ejemplo más claro: Madrid. No se trata de cuestionar la colaboración pública/privada, sino de incrementar las partidas presupuestarias destinadas a la sanidad pública para que no haya ochocientos cincuenta mil españoles esperando más de ciento veinte días para ser intervenidos quirúrgicamente.

No se trata de convocar más plazas de médicos de familia que luego quedan desiertas; se trata de mejorar las condiciones de trabajo, fijar número de pacientes, ampliar competencias y dotar a los ambulatorios de las urgencias con un médico al frente y no enfermeras y celadores.

Si la atención primaria no funciona el sistema sanitario público se viene abajo. Este es el principal problema que Mónica García deberá afrontar con los consejeros autonómicos, porque el sector empieza a dar muestras de fin de época. La pandemia no sirvió para corregir los grandes agujeros de la Seguridad Social y nada se ha avanzado desde aquel momento trágico en que los ancianos no eran atendidos. La comunidad científica no descarta que se produzca en cualquier momento una nueva pandemia y ya no funcionarán ni los centros de salud, huérfanos de facultativos.