Bidibidi, un nuevo hogar para más de 270.000 refugiados sursudaneses en Uganda

Refugiados sursudaneses en Bidibidi (Uganda)
ALESSANDRO PENSO/UNHCR
   
Actualizado 28/01/2017 11:08:42 CET

El campo de refugiados, abierto en agosto, es uno de los mayores del mundo La falta de agua y de fondos, uno de los principales retos para las agencias humanitarias

MADRID, 28 Ene. (EUROPA PRESS) -

Bidibidi es uno de los mayores campos de refugiados del mundo. Situado en el norte de Uganda, actualmente alberga a más de 270.000 sursudaneses que han huido del conflicto en su país tras el nuevo estallido de violencia que se produjo en julio de 2016, pero su existencia se remonta tan solo al mes de agosto.

El crecimiento del campo, inicialmente previsto para acoger a 150.000 personas, se vio acelerado con la llegada masiva y continuada de sursudaneses en los meses siguientes, siendo necesaria su ampliación, pero actualmente "ha llegado al máximo de su capacidad", ha explicado a Europa Press el portavoz del Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR), Charlie Yaxley.

Esta rápida evolución no ha estado exenta de obstáculos si bien, como ha señalado a Europa Press el gerente humanitario de Oxfam, Edward Mwebaze, este emplazamiento ya fue utilizado en los años 1990 por el Gobierno ugandés y ACNUR para acoger a refugiados por la guerra en Sudán.

"Por tanto, todavía existía alguna vieja infraestructura que fue reparada", ha indicado, precisando que se aprovecharon algunos viejos almacenes y pozos de perforación "para poder empezar". Pero el rápido incremento en el número de residentes y las escasas infraestructuras "plantearon retos para la comunidad humanitaria", ha reconocido Mwebaze.

ACCESO AL AGUA

Sin duda, uno de los mayores retos, como reconocen ACNUR y Oxfam, es el acceso a agua potable y saneamiento. Según Yaxley, "los refugiados están recibiendo unos 10 litros de agua al día, lo que está por debajo del estándar mínimo básico". La falta de agua se debe en gran medida a la ubicación del campo en una zona seca, de ahí el que buena parte del suministro se tenga que hacer mediante camiones cisterna y mediante pozos.

"Las agencias humanitarias han intentado, con fondos limitados, establecer sistemas de suministro de agua, como bombas de mano y pozos de perforación motorizados, para completar el reparto mediante camiones, pero la necesidad es enorme", ha admitido el responsable de Oxfam. Además, los pozos se estropean con frecuencia y "requieren constante reparación y mantenimiento", lo que conlleva cortes de agua, ha añadido.

Alessandro Penso/UNHCR

Tampoco el acceso a saneamiento es todo lo bueno que las agencias humanitarias desearían. Según Mwebaze, el número de letrinas existentes en comparación con el número de residentes es "muy bajo" lo que "incrementa el riesgo de enfermedades transmitidas por el agua". Además, ha agregado, el hecho de que las pocas existentes estén en mal estado hace que muchos sigan optando a defecar en el bosque.

Esta práctica, junto con el hecho de que para recoger agua haya que desplazarse, hace que "mujeres y niñas sean más vulnerables a la violencia sexual", ha alertado el responsable de Oxfam, incidiendo en que se ha constatado casos de agresiones y violencia sexual.

Este factor es especialmente importante teniendo en cuenta que buena parte de los refugiados en Bidibidi son mujeres y niños. Según ha explicado Yaxley, al principio, cuando el campo abrió sus puertas más del 90% de los que llegaban eran mujeres y niños. "Con el paso del tiempo, hemos visto como el número de hombres ha ido aumentando", ha añadido. Aún así, representan el 85%.

HISTORIAS ESPANTOSAS

Todos los que llegan a Bidibidi lo hacen sin apenas nada, prácticamente con lo puesto, pero traen consigo "historias espantosas de violencia por parte de los grupos armados enfrentados entre sí, de ataques contra localidades y civies, de agresiones sexuales contra mujeres, secuestros de chicos y chicas para enrolarlos en sus filas", ha subrayado el portavoz de ACNUR.

Llegar a un lugar seguro, como Bidibidi, es un alivio para todos ellos, pero también tienen unas necesidades que cubrir tanto alimentarias, como de alojamiento, educativas o sanitarias. Las agencias de la ONU y las ONG que trabajan en el campo se esfuerzan por cubrir estas necesidades y de que "puedan vivir de forma digna y segura", ha asegurado Yaxley.

Sin embargo, ha reconocido Mwebaze, a Oxfam le preocupa "la cuestión de aumentar los ingresos y las posibilidades de ganarse la vida de los refugiados". "Muchos jóvenes no tienen nada que hacer, la mayoría no están cualificados y no hay oportunidades de formación", ha señalado, precisando que las mujeres intentan complementar la ayuda alimentaria que reciben vendiendo cosas o cultivando los terrenos que se concede a cada familia.

Alessandro Penso/UNHCR

POLÍTICA DE PUERTAS ABIERTAS

Pese a todo y aún con las carencias y los retos pendientes de resolver en la atención de los cientos de miles de sursudaneses que se encuentra en Bidibidi, tanto Yaxley como Mwebaze han coincidido en que nada de ello sería posible sin la política de "puertas abiertas" de Uganda hacia los refugiados.

"Una de las cosas positivas del modelo de Uganda es que permite libertad de movimiento, permite a los refugiados trabajar y que establezcan sus propios negocios", lo que les da "las mejores oportunidades para desarrollar sus propios ingresos que se pueden encontrar en el mundo", ha destacado Yaxley.

Esto es posible, ha aclarado, porque por una parte los ugandeses son solidarios, ya que muchos de ellos fueron no hace mucho también refugiados. Pero además, ha añadido, "el modelo ugandés no solo beneficia a los refugiados sino que beneficia a los ugandeses".

"El principio que guía la asistencia humanitaria estipula que en torno al 30 por ciento de los recursos y fondos deben beneficiar a las comunidades anfitrionas y sus miembros", ha resaltado, poniendo el acento de que el hecho de que refugiados y ugandeses convivan uno al lado del otro, y que hayan sido los residentes los que han donado los terrenos para construir los campos, facilita la cohesión social.

Pero para poder mantener esta política y atender a los alrededor de 850.000 refugiados que viven en Uganda hacen falta fondos. En este sentido, el portavoz de ACNUR ha lamentado que las agencias humanitarias están centradas en cubrir las necesidades básicas ya que no tienen dinero para ir más allá.

Massoumeh Farman-Farmaian/UNHCR

HACEN FALTA FONDOS

"Instamos a la comunidad internacional a que refuerce su apoyo con el fin de que podamos ofrecer a los refugiados no solo ayuda que salve sus vidas sino a valerse por su cuenta y aprovechar el modelo progresista de Uganda para que puedan rehacer sus vidas", ha reclamado el portavoz de ACNUR.

El responsable de Oxfam también ha reconocido que la falta de fondos limita la actuación de la ONG. "Uganda acoge una de las mayores cifras de refugiados del mundo en medio de un flujo continuado de llegadas", ha resaltado. "El gesto positivo de Uganda debe apoyarse para salvar vidas y proteger a mujeres y niños refugiados de los riesgos de violencia sexual y de género y abusos", ha reclamado, pidiendo también apoyo a las comunidades de acogida.

A este respecto, Yaxley ha puesto el acento en que Uganda alberga ya a unos 850.000 refugiados, de los que más de 673.000 son sursudaneses --incluidos 510.000 llegados desde julio-- y si continúa el ritmo de llegadas diarias actual "puede que no tarde mucho en llegar al millón". "En ese escenario, el país necesitará ayuda para poder seguir acogiendo a estas personas" sobre todo para infraestructuras y apoyar a las comunidades de acogida, para que todos puedan "vivir en paz".

Esta semana, el Consejo Noruego para el Refugiado (NRC) puso en el foco el caso de Uganda, resaltando que el país africano recibió en 2016 a más refugiados que toda Europa en su conjunto. "Uganda ha hecho lo que todos los países deberían hacer. Ha dado a civiles que huyen de la guerra segutidad y una oportunidad de convertirse un recurso, en lugar de encerrar a los desplazados en una situación de depedencia de la ayuda e incertidumbre", sostuvo su director, Jan Egeland.

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