Después de dos años bajo Estado Islámico, los niños iraquíes vuelven a la escuela

 
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Después de dos años bajo Estado Islámico, los niños iraquíes vuelven a la escuela

Niñas salen del colegio en Qayara, Irak
REUTERS
Publicado 18/11/2016 13:25:27CET

QAYARA (IRAK) 18 (Reuters/EP)

Después de más de dos años bajo el control de Estado Islámico, miles de niños de la región norte de Irak han comenzado a retomar su educación, tras pasar meses siendo forzados a recibir una educación yihadista, razón por la que muchas familias decidieron dejar de llevar a sus hijos a la escuela y ahora han perdido dos años escolares.

A pesar de que el curso escolar comenzó de forma oficial en septiembre, los niños iraquíes que viven en la ciudad de Qayara acaban de recibir sus libros de texto oficiales, los que estipula el Ministerio de Educación. Sus libros antiguos fueron reemplazados por libros de texto elegidos --y en ocasiones hasta redactados-- por los yihadistas, que esperaban poder adoctrinar a los menores a través de las escuelas.

Las tropas iraquíes expulsaron a los milicianos del Estado Islámico de Qayara hace poco más de tres meses. Recuperaron la ciudad como parte de la ofensiva que ha lanzado el Ejército iraquí, con el apoyo aéreo de Estados Unidos, para expulsar a los yihadistas de la ciudad de Mosul. Qayara se encuentra a unos 60 kilómetros al norte de Mosul, que antes del conflicto era la segunda ciudad más importante de Irak.

"Estamos muy contentos de poder volver a clase", ha explicado Iman, una niña de ocho años, que como muchas de sus compañeras, dejó de ir a la escuela cuando los milicianos tomaron el control de la ciudad. "Querían que viniéramos a clase pero no queríamos porque no sabemos cómo estudiar en su idioma, en el idioma de la violencia", apunta la pequeña.

EDUCACIÓN YIHADISTA

Cuando los islamistas radicales llegaron a la ciudad en el verano de 2014, permitieron que las escuelas siguieran funcionando como de costumbre. No obstante, a medida que fueron pasando los meses, Estado Islámico comenzó a prohibir muchas asignaturas consideradas como "no-islámicas", como Historia, Geografía y Educación Cívica.

Para el curso siguiente, en septiembre de 2015, la organización terrorista introdujo un nuevo plan de estudios específicamente creado para inculcar la ideología del grupo. Los ejercicios de Matemáticas, por ejemplo, se expresaban en munición y armas: "¿una bala más dos balas cuántas balas son?".

Llegados a este punto, gran parte de los padres de estos niños decidieron dejar de mandar a sus hijos a la escuela. Muchos de los alumnos más mayores dejaron de ir por voluntad propia.

Como resultado, la mayor parte de los niños de Qayara y de muchas otras localidades bajo el control de los yihadistas están dos cursos por detrás que el resto de niños de su edad. Por otra parte, como muchos de los profesores han huido de la ciudad, las escuelas cuentan con un maestro para 80 alumnos.

"Se han olvidado de sus lecciones. Ahora se las intentamos recordar", ha explicado una de las pocas profesoras que quedan en la ciudad, Maha Nadhem Kadhem, mientras se pasea por el aula, donde las niñas estudian apiñadas de cuatro en cuatro en pupitres originalmente destinados para dos personas. "No queremos que sean ignorantes ni analfabetas", ha añadido.

La directora del centro ha contado que la facción del Estado Islámico conocida como Hisba hacía visitas al centro regularmente para controlar que se estaban cumpliendo los requisitos educacionales y de vestimenta impuestos por el grupo terrorista.

Faruq Mahjoub, vicedirector de una escuela de secundaria para chicos, ha contado que recibió amenazas de muerte por parte de los milicianos por no ir a trabajar, a pesar de que para finales de 2015 apenas había alumnos que acudieran a clase. "El impacto más grande lo sufren los niños", ha afirmado Mahjoub. La escuela donde trabajaba fue destruida en un bombardeo hace unos meses. "Los niños son maleables, puedes cambiar su opinión y sus creencias muy rápido", ha asegurado.

Según él, desde la llegada del Estado Islámico, los niños muestran un comportamiento cada vez más violento, en especial a la hora de jugar en la calle. Mahjoub estima que se necesitarán cinco años o más para revertir el daño, incluso si se ponen en marcha programas de rehabilitación para los menores.

En Qayara todavía faltan muchos niños en las aulas. La mayoría de ellos son familiares de civiles que han decidido afiliarse al Estado Islámico y no pueden volver a la ciudad. Mahjoub cree que alrededor de un 10 por ciento de sus antiguos alumnos se han unido a las filas de la organización terrorista.

En una de las calles cercanas a la escuela jugaba un grupo de niños cantando canciones típicas iraquíes. Al ser preguntados por su experiencia, han contado con todo lujo de detalles la violencia que vieron bajo el control de los yihadistas.

Thamer, un niño de 11 años, explicaba entusiasmado cómo uno de los milicianos locales del Estado Islámico, Abu Suleiman, había sido linchado por las fuerzas iraquíes al recapturar la ciudad. "¡Se le salieron el cerebro y el corazón del cuerpo! Se vengaron de él. Era lo que había que hacer, estábamos tan contentos....", ha explicado el chico.

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