Plantando cara al estigma de ser viuda en India

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Viudas indias apoyadas por la Fundación Vicente Ferrer
PABLO LASAOSA/FVF
   
Actualizado 24/09/2017 9:42:06 CET

Marginadas por la creencia de que traen mala suerte, luchan por sacar adelante a sus hijos y por acabar con esta tradición

MADRID, 24 Sep. (EUROPA PRESS) -

"Mis vecinos no querían verme la cara porque simbolizaba mala suerte y estuvieron años sin hablarme". Naga Lakshmi se casó a los 14 años con un hombre diez años mayor y ahora es viuda. Su caso no es una excepción. En India, sobre todo en las zonas rurales, las viudas son vistas como portadoras de mala suerte y objeto de marginación y estigmatización, con las consecuencias que ello tiene no solo para ellas, sino también para sus hijos.

"En India, si una mujer pierde al marido debe demostrar tristeza toda su vida, aunque se quede viuda con 16 años", explica a Europa Press Sheeba Baddi, que trabaja como traductora para la Fundación Vicente Ferrer (FVF) en Anantapur y que perdió a su padre con solo tres años. "En el caso de los hombres es totalmente lo contrario. Cuando se quedan viudos lo primero que les pregunta la familia es cuándo se van a volver a casar", lamenta.

La situación es especialmente complicada para las mujeres más pobres ante la dificultad de reunir el dinero para una nueva dote, pero tampoco las de castas altas lo tienen fácil, ya que no está bien visto que se vuelvan a casar. El panorama de las viudas con hijos es aún más desalentador. Socialmente no se ve con buenos ojos que las mujeres estén solas sin un hombre a su lado, pero buscar un nuevo marido plantea riesgos respecto a la aceptación de los hijos por la nueva familia política, por lo que aquellas que se casan de nuevo suelen hacerlo "con hombres muy mayores, personas con discapacidad u hombres que se han quedado viudos", precisa la trabajadora de la FVF.

Aina Valldaura/FVF

"He conocido algunas mujeres viudas que se han vuelto a casar y el nuevo marido ha tratado mal a los hijos del matrimonio anterior", cuenta Farida, quien se casó por amor pese a la oposición de su familia y cuyo marido, alcohólico, se suicidó por las deudas acumuladas. "No quiero que les pase eso a mis hijos. Por eso es tan importante trabajar y poder ser independiente", explica esta madre de dos hijos que tiene la suerte de trabajar como maestra en su pueblo.

BÚSQUEDA DE TRABAJO

Pero encontrar trabajo es prácticamente imposible en las zonas rurales, por lo que algunas optan por emigrar a las ciudades o incluso al extranjero, como Bibi Shaik. Cuando tenía 27 años y su marido aún vivía, fue captada por una mafia de trata de personas que le prometió un buen trabajo en Arabia Saudí que resultó ser la prostitución. Cuando su marido enfermó, la dejaron volver con la condición de que regresara a los dos meses.

"Tras la muerte de mi marido mis suegros, con los que vivía, me repudiaron y me echaron de casa con mi hija, por lo que me vi obligada a volver a Arabia Saudí dejando a mi hija con mi madre", añade. Una vez allí enfermó por lo que la mafia la envió de vuelta a India "puesto que en mis condiciones ya no les era útil", relata esta viuda que ahora tiene 31 años y trabaja en uno de los talleres de la FVF.

Leticia Pellicer/FVF

Ante la dificultad de obtener ingresos propios y la "dependencia total" de su familia política a a que se ven abocadas, algunas optan por "sacar a sus hijos del colegio", explica Baddi. "Que los más pequeños se pongan a trabajar es muchas veces la única opción para garantizar unos mínimos ingresos", añade, reconociendo que "es un círculo vicioso difícil de parar".

En el caso de su madre, relata, tenía muy claro que no quería depender de nadie. "Mi madre sabía que si se iba con sus hermanos, pronto ella sería una carga. La ayudarían uno o dos meses y se cansarían y ella lo que quería era trabajar y garantizar un futuro para nosotras", destaca.

El mismo año que enviudó, en 1980, la madre de Sheeba entró a trabajar en la FVF con el objetivo en mente de dar a sus hijas una educación para su futuro. "Mi madre siempre dice que 'si tienes el trabajo en tu mano, el resto está hecho' porque la independencia económica es esencial", subraya.

ACABAR CON LAS SUPERSTICIONES

Irene G. Dugo/FVF

Además de la búsqueda de empleo, poner fin a las supersticiones se ha convertido en la lucha particular de muchas de las viudas. Al enviudar, la tradición manda que las mujeres dejen de llevar el 'bindi' (el punto rojo entre las cejas) o pulseras, ya que se considera que deben estar tristes por la pérdida de su marido y no ponerse guapas.

Mallaka, que a sus 28 años ya lleva nueve viuda, se revela: "¿Por qué debo dejar de sentirme guapa por ser viuda? Llevaba joyas antes de casarme y quiero seguir llevándolas". Y argumenta que le sirven como defensa en un país donde los abusos sexuales son frecuentes. "Los hombres reconocen a la mujeres casadas por las joyas, así que mientras las siga llevando creen que estoy casada y me siento más segura", precisa.

Cruzarse con una viuda por la calle también es visto como un signo de mal agüero por muchos. Por ejemplo, explica Baddi, "si una familia sale de casa para ir a conocer al novio o novia para su hijo o hija y por el camino se cruzan con una viuda, son muchos los que dan media vuelta, convencidos de que va a salir mal y les traerá mala suerte". Tampoco se quiere a viudas presentes en la inauguración de casas o en las bodas, donde si se les permite asistir tienen que ocupar un segundo plano y no tocar nada.

"Mi familia prefirió que no estuviera cerca de mi hija en su boda, porque todos los invitados sabían que era viuda y que podía ser dañino para ellos", cuenta Durgamma, que ha tenido que sacar adelante ella sola a sus tres hijos desde que enviudó. "Estoy segura de que en la generación de mis hijas la situación no será igual que la que yo he vivido, pero para ello hay que luchar", subraya.

Irene G. Dugo/FVF

Lakshmi Narasamma, viuda desde los 23, también confía en que la situación mejorará con la generación de sus hijas, aunque admite que en los pueblos pequeños, "llevará mucho tiempo". "Las tradiciones están muy arraigas, y no muchos comprenden que más allá de las supersticiones hay un ser humano, una persona que se ha quedado sola", incide.

Sin embargo, resalta Baddi, "es importante decir que cada vez son menos las personas que creen en este tipo de supersticiones". "La situación de las viudas ha mejorado mucho en los últimos 20 años y cada vez son más las que se cuestionan estas supersticiones, aunque muchas aún tienen muy integrada la discriminación que sufren y la viven con resignación", añade.

"De pequeña no entendía lo que me contaba mi madre sobre las viudas, pero ahora que he conocido a muchas en mi vida me he dado cuenta de la dimensión de la discriminación que sufren", asegura la traductora de la FVF, para quien "uno de los principales problemas que viven es la falta absoluta de apoyo moral, emocional y social". "Están completamente desamparadas", lamenta.

AYUDA DE LA FVF

"Mejorar la situación de las mujeres en la India rural, siempre ha sido un tema prioritario en el trabajo que realizamos en la Fundación Vicente Ferrer", explica a Europa Press la delegada de la FVF en Madrid, Luz María Sanz, subrayando que desde la organización tratan de "disminuir la discriminación de este colectivo y fomentar su integración social dentro y fuera de su comunidad".

Las viudas participan en las asociaciones de mujeres, los 'shamgans', en donde se les incentiva a conocer sus derechos y se les informa de las oportunidades que la FVF les ofrece, entre otras cosas ayuda alimentaria y sanitaria, pero principalmente formación y talleres de sensibilización que "les ayudan a mirar hacia el futuro y plantearse una vida nueva", precisa.

Todo este apoyo se complementa con "las iniciativas de empleo que se generan en los grupos de mujeres, con el soporte de la Fundación", añade Sanz. Se ofrece una pequeña cuantía económica con la que se les asesora para que puedan invertirlo en crear un negocio o en formarse de cara al futuro "para que sus hijos puedan vivir con respeto y dignidad".

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