El acusado por homicidio asegura que "no estaba bien" y que vio en la víctima una "sonrisa delatadora"

Policía en el portal del asesinato de María Teresa Gil de Gárate en Logroño
EUROPA PRESS
Actualizado 18/10/2017 14:09:41 CET

   LOGROÑO, 18 Oct. (EUROPA PRESS) -

   El acusado por homicidio en el Crimen de Maria Teresa Gil de Gárate, J.J.B, ha asegurado hoy que aquel día "no estaba bien" y que vio en la víctima una "sonrisa delatadora".

En la vista oral, el acusado ha empezado por reconocer los hechos, tal y como ya había hecho en un acuerdo previo con Fiscalía, Acusación particular y Defensa, según los que el 9 de noviembre de 2015 habría matado al marido de su ex pareja, con la que compartía una hija.

A la pregunta de si mató a la víctima ha dicho: "Sí, pero bueno, yo en ese momento no estaba bien". Luego ha contado que llevaba un cuchillo porque: "Lo que quería era sacarle los abusos que estaba cometiendo a mi hija".

Siguiendo el relato del escrito conjunto entre las partes J.J.B, de 57 años y sin antecedentes penales, presuntamente causó la muerte del marido de la mujer con la que tiene una hija en común en el transcurso de una discusión en la que le recriminó a la víctima el trato a su hija.

El acusado había mantenido una relación extramatrimonial de cuatro meses, desde finales del 2008 y principios de 2009, con la mujer de la víctima (en ese momento divorciada), fruto de la cual ella quedó embarazada.

Terminada la relación, el acusado volvió con su esposa y ella, embarazada, retomó la relación con la víctima, de 48 años, y se volvieron a casar en octubre de 2015. Tenían dos hijas, de dieciocho y diecisiete años cuando sucedieron los hechos.

Cuando ella dio a luz, en julio de 2009, el acusado reclamó la paternidad y la custodia compartida de la hija que tenían en común. Un juzgado otorgó la guarda y custodia a la madre, estableció un régimen de visitas para el padre y fijó la pensión que éste debía abonar en concepto de alimentos a la menor.

Entre ambos hombre había una "profunda enemistad" que hoy el acusado ha confirmado, y que ha explicado que venía desde cuando ella estaba embarazada. Ha asegurado que la víctima le había amenazado con ponerle "una bomba en el coche".

Uno de los policías que ha declarado hoy así lo ha corroborado, explicado que había una "mala relación" y que existía el antecedente de un "altercado anterior, con insultos" y también problemas con el régimen de visitas.

El fin de semana anterior al día de los hechos, el acusado había pasado el fin de semana con su hija. El lunes, tras dejarla en el colegio, fue a casa de la madre de la niña y preguntó por la víctima.

"Lo que quería era sacarle los abusos que estaba cometiendo a mi hija", ha relatado y, entonces, la víctima puso, ha dicho, una "sonrisa delatadora". Le colocó "el cuchillo en el estómago" y comenzó un forcejeo en el que, ha asegurado: "Lo retiré para no clavárselo".

La fiscal le ha preguntado si no asestó "tres cuchilladas". "Sí, pero no miré", ha contestado, "no miré", ha insistido y, sin mirar, se fue del portal dejándolo en el suelo. A los gritos salió el dueño de un bar cercano, que hoy a testificado, y vio salir al acusado, pero "muy tranquilo" y no como alguien que acaba de dejar a una persona muriendo.

"La inercia", ha seguido el acusado relatando, "me llevó casi al colegio de la hija" y, en la Plaza Primero de Mayo, limpió el cuchillo y se deshizo de él. Entonces, empezó a oír sirenas, se acercó a un coche de Policía Local y les dijo: "Creo que he matado a una persona" y les llevó hasta donde estaba el cuchillo.

En este punto, el abogado de la acusación ha querido saber a qué se dedica; y le ha explicado que "a las cárnicas". Por tanto, ha concluido el abogado, tiene "habilidad con los cuchillos".

"Estaba con depresión", ha insistido el acusado, "con tremendas pesadillas, tomando pastillas para dormir; lo siento mucho, pido perdón", ha confesado.

Los peritos han descrito que la víctima tenía once heridas en el cuello, que fue una "muerte muy rápida por las heridas" y que, además, tenía heridas defensivas en la mano, al intentar coger el arma.

La acusación les ha preguntado si eran heridas para causar la muerte: "Evidentemente", ha contestado el perito. "Había una intención clara de matar", ha añadido.

Para el Fiscal, los hechos están "suficientemente probados" y, entre estos, se ha referido a que había una "antigua enemistad", que acudió al domicilio de la víctima sabiendo a qué iba, y por eso portaba un cuchillo; y "sabía lo que había hecho" y, por eso, acudió a los policías.

A esto ha añadido la "dirección de las heridas" de lo que ha descrito como un "auténtico degollamiento". También ha preguntado al jurado si sabían lo que es una puñalada trapera.

Les ha explicado, mientras el abogado de la acusación asentía: aquella que se da con un trapo para que el cuchillo no resbale y haga "el mayor daño posible". En este caso, ha dicho, llevaba un plástico en el mango. "Fu un homicidio buscado", ha concluido.

La abogada de la defensa ha creído que, en realidad, fue "una mala relación que se agravó ante una sospecha". "No supo gestionar la situación", ha insistido, "fue a pedir explicaciones con un cuchillo, no supo gestionar la situación y la cosa terminó en tragedia".

El acusado ha acabado afirmado: "No era yo, lo siento mucho".

Antes del juicio, las partes habían llegado a un acuerdo en el que el acusado reconocía los hechos y aceptaba once años de cárcel (además de 150.000 euros para la viuda y 50.000 para cada uno de los hijos).

El juicio, no obstante, se ha tenido que celebrar porque cuando se trata de penas mayores a seis años así debe ser. Durante el día de hoy, el jurado tendrá el objeto de veredicto, deliberará, tomará una decisión y, en base a esta, la jueza redactará sentencia, que irá en los términos del acuerdo.

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