El vigilante de Mina Conchita declara que "nunca" notó que desaparecieran explosivos ni detonadores

Actualizado 01/03/2007 14:59:07 CET

MADRID, 1 Mar. (EUROPA PRESS) -

El vigilante de Mina Conchita, Emilio Llano, declaró hoy a preguntas de su abogada Pilar Gómez Pavo que "nunca" notó que desaparecieran explosivos ni detonadores de la explotación minera y concretó que si hubieran robado 150 kilos de dinamita hubiera sido imposible continuar el trabajo.

Emilio Llano, responsable del control de Mina Conchita, de donde partió la dinamita utilizada en los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid, está acusado del delito de suministro de explosivos, por el que la Fiscalía solicita en su caso 5 años de prisión. Su intervención fue decisiva, en opinión de la fiscal Olga Sánchez, a causa de la desatención en el control de los explosivos y detonadores.

Según el escrito de conclusiones preliminares de la Fiscalía, Llano omitió el mínimo deber de cuidado imprescindible y creó con ello una grave situación de riesgo al permitir que las llaves de los minipolvorines las tomaran los artilleros, que abrieran los mismos y que cogieran lo que creían necesario,-sin control de cantidad ni anotación-. El asturiano confiaba en las cantidades que le decían verbalmente los trabajadores, que dejaban posteriormente las llaves en un lugar acordado.

El acusado era, pues, el responsable y encargado de registrar las entregas de sustancias explosivas y detonadores, así como de anotar los consumos en documentos internos de la empresa que sin embargo, en vez de custodiarlos y entregarlos a la compañía, rompía al finalizar cada mes. El día 1 de marzo de 2004 se recibieron en Mina Conchita 300 kilos de Goma 2 ECO de una numeración diferente a las halladas en el piso de Leganés. Ese mismo día Llano, como responsable de la mina, justificó documentalmente un gasto de 150 kilos.

Los ajustes reflejados en el libro de control, teniendo en cuenta los 100 kilos de remanente que había del mes anterior, mostraron la falta de 50 kilos de explosivo. Este error fue detectado por la Intervención de Armas de la Guardia Civil de Salas, Asturias. Puesto de manifiesto lo justificó "verbalmente" afirmando que la voladura del día 1 de marzo de 2004 fue de 200 kilos, en lugar de los 150 reseñados. Por ello, con la finalidad de ocultar la sustracción de explosivos llevada a cabo por el grupo del ex minero José Emilio Suárez Trashorras, se reflejó un error documental de 50 kilos de explosivo en las anotaciones realizadas.

En cuanto a este error, Llano explicó que diariamente apuntaba en "vales" el consumo de explosivo de todos los artilleros, detallando los kilos, y el número de detonadores solicitados por los trabajadores. Estas anotaciones se traspasaban posteriormente a un libro que, el último día de cada mes era inspeccionado por la Guardia Civil. En el caso concreto del 1 de marzo de 2004 Llano realizó la corrección en las cantidades ante los agentes que "no dijeron nada" ya que quedó "claro" que se trataba de un simple error de transcripción. "Me mandaron a por los apuntes de las cantidades, los traje y ya está", añadió.

Reconoció que los artilleros "solían tirar por lo alto" a la hora de pedir la dinamita, casi siempre en cantidades redondas, y no devolvían los cartuchos sobrantes. El vigilante se fiaba "de su experiencia", indicó.

Dijo, además, que la Guardia Civil iba todos los meses, de improviso, a realizar controles a la mina. "Comprobaban todos los polvorines, contaban la cantidad de explosivo almacenado y comprobaban que coincidieran con los libros", explicó Llano. Los agentes de este cuerpo en ningún momento llamaron la atención al vigilante sobre el control. Tampoco hubo llamadas de atención por parte de la dirección facultativa, responsable última de la vigilancia.

Llano detalló sus funciones e indicó que su trabajo era "organizar" la labor de los mineros-artilleros. Para acceder al puesto de vigilante, por el que cobraba unos 2.000 euros mensuales, no realizó ningún curso preparativo. El anterior vigilante y el director facultativo le indicaron cómo debía proceder y todo se siguió haciendo "cómo se había hecho siempre".

Cada día, distribuía la dinamita y los detonadores a los artilleros que le solicitaban la cantidad que necesitaban en función de la dureza y el tamaño del terreno. "Nos fiábamos de ellos y su experiencia", dijo el vigilante, que explicó que los detonadores los transportaban los propios artilleros que, no obstante, no tenían acceso a la dinamita de los minipolvorines. Cada trabajador pedía la cantidad que necesitaba que se le subía hasta el nivel donde se encontrara trabajando.

En cuanto a los controles de acceso a la Mina, Llano puso de manifiesto que el único obstáculo para entrar a los terrenos era "una barrera que no se podía traspasar en coche pero no saltar". No había vigilantes de seguridad y, después de las tres de la tarde, cuando los trabajadores finalizaban su jornada, la explotación quedaba vacía con excepción de algunos perros que solían quedar sueltos.

El vigilante de Mina Conchita precisó que este sistema no se cambió inmediatamente después del 11 de marzo. No obstante, el control lo ejercen actualmente dos ingenieros.

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