Con los oídos tapados

 
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Con los oídos tapados

Publicado 23/03/2017 8:00:27CET

MADRID, 23 Mar. (OTR/PRESS) -

El Parlamento es el templo de la palabra. También es el templo de la diversidad. Y donde hay diversidad hay conflicto. Dicho sea en su mejor versión. La del debate, que es el cauce expresivo de la diversidad. Significa que cualquier iniciativa, cualquier propuesta que se presente ha de pasar la prueba del contraste. Es la base del parlamentarismo y de la democracia como sistema de convivencia entre personas civilizadas.

Cumple apelar a esos principios para salir al paso, por enésima vez, de uno de los últimos fogonazos verbales del nacionalismo catalán. Esta vez, por boca del mismísimo presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, que se ha ofrecido a dictar una conferencia en el Senado el próximo 24 de abril. Quiere explicar el proyecto independentista -como si aún no lo entendiéramos, hay que amolarse-, que comparte con ERC (Esquerra Republicana de Cataluña) y los "anticapitalistas" de la CUP.

Pues bien, cuando los grupos mayoritarios (PP y PSOE) dicen que estarán encantados de oírle, pero no en sala habilitada al efecto, como solicitó el interesado por carta al presidente de la Cámara, sino en el seno de la Comisión de Autonomías, a fin de que puedan intervenir los portavoces que representan la diversidad política, e incluso otros presidentes autonómicos que desean acudir a la sesión, Puigdemont dice que nones porque eso sería como entrar al Senado "por la puerta de atrás". Toma nísperos, que diría el maestro Campmany.

Se comprende que le gustaría hablar tapándose los oídos. Ha dicho negro sobre blanco que quiere "una conferencia y no un debate". O sea, él habla, como si fuera el sermón de la montaña, y los demás escuchan encantados y felices porque la presencia del president en el Senado "dignificaría este edificio". Entrecomillado que responde a la necedad perpetrada por el portavoz de su partido ( el de Mas, Pujol, Millet, Homs) en la Cámarta Alta, Josep Lluis Cleries.

El sectarismo del pensamiento de los nacionalistas -y de la acción, claro- no tiene límites. El mismo máximo representante de la Generalitat que se negó a acudir a una cita institucional con el resto de los presidentes de Comunidades Autónomas para hablar de problemas comunes (Conferencia de Presidentes), reclama ahora que se le ceda una dependencia de la Cámara Alta para dar una conferencia, siempre que no se abra ningún debate. Con los oídos tapados, como si delante tuviera al Tribunal Constitucional diciendo que es ilegal aprobar una partida presupuestaria para costear un referéndum de autodeterminación, como hizo ayer el Parlament.

La propuesta de Puigdemont supone una falta de respeto a la institución parlamentaria y al principio básico del contraste de opiniones ¿Habrá que recordarle que no es obligatorio ser independentista y que el nacionalismo catalán no es una especie protegida?

OTR Press

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