Las mordidas... a la cárcel

Publicado 17/01/2018 8:00:17CET

MADRID, 17 Ene. (OTR/PRESS) -

Cuando se estaba celebrando el juicio, antes por tanto de conocer la sentencia ejemplar, escribí que si en este país hubiera un manual del corrupto, seguramente la explicación de cómo actuar no sería tan clara como la que aportó Felix Millet ante el tribunal. El expresidente del Palau de la Música reconoció, sin problema, que el organismo que dirigía servía para desviar dinero de Ferrovial a CDC a cambio de las adjudicaciones de obra pública. "Convergència sabía que Ferrovial daba este dinero a cambio de que le adjudicaran obra publica", confesó, ante las preguntas del fiscal Emilio Sánchez Ulled.

El sistema era tan fácil de explicar que lo hizo sin pestañear: la constructora donaba el 4% del total del coste de la obra, de los cuales un 2,5% iba a parar a CDC y el 1,5% para él y el ex director administrativo Jordi Montull. Él se quedaba un 1% y su mano derecha, un 0,5%. Así de claro , de rotundo, de demoledor y de vergonzoso. El dinero entraba en el Palau en concepto de patrocinio de Ferrovial pero la realidad es que "sólo una pequeña parte se quedaba en el patrocinio", aseguró.

Muchos al oírle sentimos vergüenza ajena, esa que te produce ver cómo un puñado de sinvergüenzas sin escrúpulos han vivido a todo tren despilfarrando el dinero de todos. Ni siquiera ver a un anciano en una silla de ruedas mitigaba la sensación de asco y repugnancia sobre su relato.

Otro momento cumbre del interrogatorio fue ese en el que aclaró por qué pagó hasta las bodas familiares con lo robado. "Sí, las bodas de mis hijas se pagaron con fondos del Palau. Lo hice mal y me equivoqué pero había un motivo. Necesitábamos publicidad para el Palau de la Música y que la gente supiera que allí también se podían celebrar bodas. Gracias a ella, se celebraron otras cinco más". Cuando lo oí pensé que solo alguien que se cree impune puede actuar así y ¡claro! viendo cómo se las han gastado los Pujol durante décadas, robando a mansalva sin consecuencias, lo normal es que todos normalizaran la corrupción en sus conductas.

Los 500 folios de la sentencia del caso Palau concluyen un caso cuya instrucción se inició hace ocho años y donde ha quedado meridianamente claro que las "mordidas" eran algo habitual, convertido en cotidiano y muchos lo sabían.

Por eso en su día silenciaron a Pascual Maragall y su denuncia del tres por ciento, que en realidad era el cuatro, y por eso en esta forma de actuar ha habido tanto silencio cómplice. Ahora la Audiencia de Barcelona ha condenado penas de cárcel a los máximos máximos responsables del Palau de la Música y a Convergencia por lucrarse con comisiones ilegales.

"El expolio del Palau certifica el "entramado delictivo" que alentó el pujolismo para cimentar su hegemonía política a lo largo de tres décadas en Cataluña". Convergència es ya, después de Unió, en el segundo partido condenado por corrupción. En sí misma, la burda explotación de un templo insigne de la cultura catalana revela hasta qué punto la vieja guardia de la extinta Convergència se creía impune, en connivencia con algunos de los prohombres de la burguesía y de las empresas que participaron en las mordidas, con independencia de la prescripción de los delitos probados", podíamos leer ayer en los editoriales y es cierto.

Sabíamos desde hace muchísimos años que en Cataluña había "mordidas", lo sabíamos, no sólo lo intuíamos, porque era un secreto a voces. Un secreto del 3 por ciento, vinculado a Convergencia sobre el que se levantaron todas las alarmas cuando Pascual Maragall, en la sede del Parlament, destapó la caja de los truenos con aquella famosa frase "ustedes tienen un problema y ese problema se llama 3 por ciento". El socialista fue obligado rápidamente a retirar su afirmación porque Artur Más le amenazó con no apoyar el Estatut que, al fin y al cabo, era el gran cometido del tripartito. "Es muy necesario que entre ustedes y nosotros siga existiendo un cierto círculo de confianza política", le dijo. Maragall se retractó y menos de un año después Artur Más pactó el Estatut con Zapatero en la Moncloa. Ese fue el precio de correr un tupido velo sobre el asunto. Las componendas políticas son lo que tienen. Si se acuerda el "hoy por mi y mañana por ti" puede suponer un respiro temporal pero, ya se sabe que los cadáveres se pueden esconder en los armarios un tiempo pero, al final, se descomponen y su hedor termina por descubrirlos. El asunto de las mordidas es repugnante, escandaloso, vergonzoso, pero sobre todo indignante y una humillación para los ciudadanos que dan su bendición a unos gobernantes a los que la honradez se les debería suponer.

Oír de los labios de los corruptos como amañaban sus "negocios" con los corruptores y como normalizaban sus actos despreciables con los políticos, debería suponer una catarsis colectiva para saber que cosas así no deberían volver a suceder en nuestro país, pero soy pesimista al respecto. Mi opinión y así lo he dicho varias veces es que mientras los ciudadanos no castiguen duramente en las urnas a los políticos que han promovido o tolerado la corrupción y los partidos no hagan una "purga" ejemplar con quienes ha metido la mano en la caja no hay nada que hacer y no parece que eso vaya pasar al menos de momento. Ahí están los resultados de las últimas elecciones catalanas donde han estado y siguen estando los mismos en el machito, aunque hayan cambiado por vergüenza torera el nombre al partido del cuatro por ciento.

 

OTR Press

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