Conversación con el 'optimismo rajoyano'

 

Conversación con el 'optimismo rajoyano'

Publicado 27/02/2017 8:00:09CET

MADRID, (OTR/PRESS)

Junto con un compañero, con el que cada día comparto unos minutos radiofónicos, tuve la oportunidad de mantener este fin de semana una larga conversación con un miembro del Gobierno que en estos momentos desempeña una de las más importantes funciones en conexión estrecha con La Moncloa y el equipo económico. Yo diría que un resumen de este encuentro daría la impresión de que el 'clan Rajoy' está en plena euforia: los escándalos de corrupción se alejan del PP y se centran, en cambio, en el estamento independentista catalán; la economía -inexplicablemente, reconocen nuestras fuentes, aunque traten de explicarlo: menudos están sectores como la hostelería y el automóvil_ va a crecer de nuevo más de lo previsto; habrá diálogo con la Generalitat, que evitará el peor 'choque de trenes' y hasta es posible que se aprueben los Presupuestos Generales del Estado. Ahí queda eso.

La 'euforia rajoyana' es palpable: nadie hay a la derecha y prácticamente nadie a la izquierda de un Mariano Rajoy que ve cómo se consumen los últimos rescoldos de la Gürtel, cómo los cadáveres de sus enemigos pasan sin cesar ante su puerta -yo diría que en el Gobierno hasta se divierten, a mi juicio algo irresponsablemente, viendo los volatines de Pedro Sánchez que tanto desesperan a sus 'barones' correligionarios-, Europa que se rinde a sus pies... y las revelaciones que salpican al 'padre de la independencia que no llegará', Artur Mas. "¿Qué tiene que ocurrir en Cataluña tras lo de los Pujol, lo de Mas, la casi dimisión de Puigdemont, para que los catalanes sensatos se rebelen contra este estado de cosas?", se preguntaba nuestro interlocutor. Pero, eso sí, ahora el Ejecutivo de Rajoy está dispuesto a hacer incluso algún guiño presupuestario a la Generalitat, léase al vicepresidente Oriol Junqueras, que es el interlocutor favorito del Gobierno central, "porque él sí que sabe de política".

Y ahora que hablamos de Presupuestos: desde luego, el equipo económico del PP confía en superar una enmienda a la totalidad -no necesita ni siquiera mayoría para superarla_ y luego, a la hora de las restantes enmiendas parciales, ya veremos. Por lo pronto, el Ejecutivo confía en que vascos y catalanes tengan que respaldar el decreto sobre la estiba, porque, si la huelga se mantuviese, adiós a la hegemonía de los puertos de Bilbao y Barcelona, por no hablar de Vigo o Algeciras: "¿qué diablos ha hecho que la presidenta andaluza, Susana Díaz, se pronuncie tan duramente contra el decreto gubernamental, cuando el principal puerto del sur corre tanto peligro?", se preguntaba nuestro interlocutor. Pero, al final, nos dijeron, el decreto saldrá adelante. Y eso puede ser un buen presagio para los Presupuestos: sin ellos, todo se paraliza, habría que dictar medidas presupuestarias que, si no salen adelante, detendrían el desarrollo económico y forzarían unas elecciones. Y entonces...

Entonces, el PP arrasaría en las urnas y se permitiría frenar sus compromisos 'reformistas' con Ciudadanos, aunque adoptando algunas de esas medidas, las menos onerosas para el quietismo marianista. Entonces, el PSOE se hundiría irreversiblemente, Ciudadanos y Podemos quedarían en posiciones bastante más marginales y el partido que fundó Jordi Pujol, "Coalición o como se llame ahora", desaparecería, a favor de Esquerra. Eso, si hubiese elecciones allá por el mes de julio, una vez agotadas todas las posibilidades presupuestarias.

Bueno, ese es, en todo caso, un panorama que solamente se contempla 'in extremis'. Como pactar un 'ligero choque de trenes' con los independentistas catalanes antes de ponerse ambas partes en serio a hacer concesiones. O como acompañar a Europa en un discreto distanciamiento de Trump, si el presidente americano insiste en su loca carrera hacia el abismo. De momento, esa calma chicha que ha presidido la actuación de Mariano Rajoy a lo largo de toda su carrera va a mantenerse, si no a incrementarse. Nada de espectacularidad: las cosas han rodado bien sin recurrir a las tácticas que tan caras les han costado a Pedro Sánchez y, en el fondo, también a Pablo Iglesias, "que ha acabado peleándose con su mejor amigo y colocando en su puesto a su novia; a saber lo que hubieran dicho de cualquier otro si se hubiese comportado así".

Ah, y por último pero no lo último: el 'juicio Nóos' ha servido, cree nuestro interlocutor, ya en pleno arrebato de optimismo, para reforzar el papel de la Monarquía, "que ha sabido mantener la calma en medio de la tormenta: ya ha pasado lo peor y, en el fondo, no ha pasado nada". Así es como nuestro interlocutor resume la tempestad que ha afectado tanto a la estabilidad de la Justicia española y tantas añrensiones ha suscitado en La Zarzuela. Puede que en el fondo, nuestro interlocutor tenga razón: aquí pasan muchas cosas y, en el fondo, quizá no pase nada. País.

OTR Press

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