Rato, los Pujol, las malas compañías

 

Rato, los Pujol, las malas compañías

Publicado 19/04/2017 8:00:32CET

MADRID, 19 Abr. (OTR/PRESS) -

Las informaciones que están apareciendo estos días sobre cómo Rodrigo Rato benefició a sus empresas desde el Gobierno y desde la jefatura del Fondo Monetario Internacional escandalizan durísimamente incluso en los sectores del conservadurismo menos proclives a cualquier actitud condenatoria de la corrupción. Leer esos informes de "El Mundo" produce una sensación comparable estos días con lo que cuentan en "La Sexta" (Cristina Pardo) en torno a la hipercorrupción valenciana, o con las novedades de la increíble historia protagonizada por el clan Pujol. Creo que estamos en otra cúspide de infrahistoria corrupta y creo también que estamos corriendo el riesgo de rebaja de la sensibilidad social, aunque no mediática, frente a la gran vergüenza de la sociedad española. Por eso me sorprenden algunas reacciones como esas condenas al "Tramabús" de Podemos y Pablo Iglesias que, aunque mezclen algunas cantidades heterogéneas, me parece que incluso se quedan cortos en la denuncia. Porque con toda legitimidad podrían pedir la desaparición de la faz de la tierra política de tantos rostros y estelas. Y no lo hacen.

Es muy sorprendente la tolerancia -bella palabra, a veces no tan bella- que muestran con la corrupción en sectores sociales muy poderosos, los mismos que luego energumenizan con inofensivos chistes que para nada merecen más reprobación que alguna llamada al buen gusto, aunque no hay gusto más horripilante que aquella tolerancia corruptiva. Con esfuerzos uno llegaría a entender algo esos comportamientos si vienen de la derecha, ultra o no tan ultra. Pero es muy difícil entenderlos si vienen, por ejemplo, del Partido Socialista, donde a veces exhiben reacciones que son muy distantes de las mejores etapas de su historia pasada. Y otra cosa es cómo en el PSOE consumen meses y meses sin más ocupación que la guerra interna y los enfrentamientos de las primarias. O cómo en el catalanismo les importa más el procés de la independencia que la condena de la infinita corrupción, que muchos quieren tapar con los sobrevenidos entusiasmos soberanistas. Y así seguimos en estos días siguientes a la Semana Santa, tan calurosa y tan turística. Bendito sea Dios

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