Actualizado 08/01/2007 16:22 CET

Zaragoza.- El municipio de Lituénigo muestra a sus visitantes la vida en el mundo rural en el Museo del Labrador

LITUÉNIGO (ZARAGOZA), 8 Ene. (EUROPA PRESS) -

El municipio zaragozano de Lituénigo, ubicado en la Comarca de Tarazona y el Moncayo, da buena muestra a sus visitantes de las costumbres y oficios del mundo rural, tanto en la actualidad como en el pasado, con el Museo del Labrador.

Este centro está promovido por Jesús Hernández, propietario de la colección que en el mismo se expone, y por el Ayuntamiento de Lituénigo, en colaboración con el Centro de Estudios Turiasonenses. Para visitarlo y acceder a algunos de los oficios y tradiciones perdidas, tal y como explicó Jesús Hernández a Europa Press, tan sólo es necesario llamar al teléfono que "hay en la puerta".

Distribuido en tres plantas, la sala baja recoge uno de los emblemas más representativos de Lituénigo, una balanza. Todos los Sanmigueles, los niños o los hijos de los descendientes del pueblo, eran pesados en esa balanza, por lo que la misma se ha convertido en una seña de identidad todavía viva en la localidad.

El peso de todos los muchachos en trigo era donado y subastado en una puja en la que participaba todo el pueblo. Esta balanza del pesaje de los niños es el punto de partida de unas tradiciones y oficios que se desglosan en las siguientes plantas del museo.

"El museo representa el mundo rural, la vida en el campo, los hogares y los corrales" antiguos y modernos, indicó el propietario de la colección. Este centro se inauguró en el año 2000, "aunque antiguamente, desde el año 70, estaba ubicado en un antiguo corral".

Posteriormente, la Diputación Provincial de Zaragoza "restauró las antiguas escuelas y me cedieron el edificio para instalar ahí la colección", aseguró Hernández. Desde entonces, las antiguas escuelas acogen buena parte de una colección que, en palabras de su orgulloso propietario, "daría como para montar tres museos".

"Pero lo que puede verse aquí es una representación de toda la agricultura, no todos los objetos de los que dispongo porque no he querido agobiar los espacios ni exponer excesivas herramientas", por lo que las instalaciones albergan unas 200 piezas en total.

"La pieza más antigua procede de 1848", señaló, piezas todas ellas que llaman la atención a los visitantes, unas por su antigüedad y otras porque suponen para ellos una verdadera "novedad". "A la gente le gusta especialmente lo que es el hogar de hace más de 100 años, los dormitorios con la cama antigua, y el cáñamo, que es un cultivo desaparecido", apuntó su propietario.

A pesar de que el frío del invierno no incita a visitar los rincones de la provincia zaragozana, el museo cuenta también en esta época con visitantes, aunque es "en verano cuando hay muchas visitas". Estas se multiplican "especialmente cuando coincide con la feria de los oficios perdidos porque sacamos el museo a la calle y pueden venir a verlo hasta 2.000 personas", concluyó.