Carmen Lomana, su experiencia paranormal al estilo 'Ghost' con su marido Guillermo

Carmen Lomana, en el plató de 'Cuarto Milenio'
Carmen Lomana, en el plató de 'Cuarto Milenio' - CUATRO
Europa Press Chance
Actualizado: lunes, 31 marzo 2025 12:38

   MADRID, 31 Mar. (CHANCE) -

 En el punto de mira tras salir a la luz su incipiente relación con un consultor estratégico llamado Jesús Arroyo con el que sus citas son cada vez más habituales, Carmen Lomana se convierte de nuevo en noticia tras revelar en el programa 'Cuarto Milenio' la experiencia paranormal que vivió cuando su marido Guillermo Capdevila se le apareció en su dormitorio días después de fallecer, como si del guión de la emblemática película 'Ghost' se tratara.

  Como ha relatado ante unos impresionados Íker Jiménez y Carmen Porter, tras enterrar a su marido en el panteón familiar se encontraba en su habitación preguntando en voz alta a su amor 'Willy, ¿por qué me has hecho esto?' cuando notó un fuerte golpe. "Vi una luz como brillante con la forma de Guillermo" junto a la cama en la que dormían.

  Era como un "aura, pura energía" que se despidió de ella besándola -"se acercó y sentí como electricidad en mis labios, creo que intentaba besarme" y, aunque intentó cogerle el brazo, "era intangible", ha recordado. Le dije "tengo miedo y él desapareció" ha confesado muy emocionada, sincerándose por primera vez sobre este suceso paranormal que vivió tras la muerte de su marido.

  Horas antes de la emisión del programa, confirmando que su relación se afianza a pasos agigantados aunque prefiera no ponerle etiquetas y asegure que se trata de un "amigo especial con el que se ve a menudo" y con el que está dejando que todo "fluya", Carmen se reencontraba con Jesús Arroyo en su domicilio para disfrutar juntos de una nueva cita ajenos a miradas indiscretas.

  Nervioso e ilusionado, el consultor llegaba en taxi a su residencia en el madrileño barrio de Chamberí y llamaba al telefonillo. Después de varios minutos esperando sin que nadie le abriese, el amigo especial de Lomana insistía y volvía a timbrar y, ahora sí, conseguía que le abriesen, acudiendo al encuentro de la socialité.

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