Actualizado 13/10/2017 10:43 CET

Nueva región de formación estelar en el lado lejano de la Vía Láctea

Reproducción artística de la Vía Láctea
NASA

   MADRID, 13 Oct. (EUROPA PRESS) -

   Un equipo de astrónomos ha seguido con éxito un brazo espiral en el lado lejano de la Vía Láctea, a 66.000 años luz, un logro que proporciona nuevas perspectivas sobre la estructura de la galaxia.

   Los esfuerzos para observar su lado lejano se han visto obstaculizados por la gran distancia y el polvo interestelar que bloquea la luz óptica de esas regiones.

   Astrónomos han medido directamente con el telescopio 'Very Long Baseline Array' (VLBA) de la Fundación Nacional de Ciencia estadounidense la distancia a una región formadora de estrellas en el lado opuesto de la Vía Láctea desde el Sol.

   Su logro, que se detalla en un artículo publicado en 'Science', casi dobla el récord anterior de medición de distancia dentro de la galaxia. "Esto significa que, usando el VLBA, podemos ahora con precisión mapear toda la extensión de nuestra galaxia", afirma Alberto Sanna, del Instituto Max-Planck de Radioastronomía (MPIfR, por sus siglas en inglés), en Alemania.

   Las mediciones de distancia son cruciales para entender la estructura de la Vía Láctea. La mayor parte del material de la galaxia, que consiste principalmente en estrellas, gas y polvo, se encuentra dentro de un disco aplanado, en el que está incrustado nuestro Sistema Solar. Debido a que no podemos verla de frente, su estructura, incluyendo la forma de sus brazos en espiral, sólo puede cartografiarse mediante la medición de distancias a objetos en otras partes de la galaxia.

   Los astrónomos utilizaron una técnica llamada paralaje trigonométrico, utilizada por primera vez en 1838 para medir la distancia a una estrella. Esta técnica mide el cambio aparente en la posición en el cielo de un objeto celeste en la que se ve desde lados opuestos de la órbita de la Tierra alrededor del Sol. Este efecto se puede demostrar sujetando un dedo delante de la nariz y cerrando alternativamente cada ojo. El dedo parece saltar de lado a lado.

   Medir el cambio de ángulo aparente de un objeto en posición de esta manera permite a los astrónomos utilizar la trigonometría simple para calcular directamente la distancia a ese objeto. Cuanto menor sea el ángulo, mayor será la distancia. El VLBA, un sistema de radiotelescopio de todo el continente con diez antenas parabólicas distribuidas en Norteamérica, Hawai y el Caribe, puede medir los minúsculos ángulos asociados a grandes distancias. En este caso, la medida era aproximadamente igual al tamaño angular de una pelota de béisbol en la Luna.

DISTANCIAS DE CASI 70.000 AÑOS LUZ

   Las nuevas observaciones de VLBA, realizadas en 2014 y 2015, midieron una distancia de más de 66.000 años luz a una región de formación estelar llamada G007.47 + 00.05 en el lado opuesto de la Vía Láctea desde el Sol, más allá del centro de la Galaxia, a unos 27.000 años luz de distancia. El récord anterior de una medición de paralaje fue de unos 36.000 años luz.

   "La mayoría de las estrellas y el gas en nuestra Galaxia están dentro de esta distancia recién medida del Sol. Con el VLBA, ahora tenemos la capacidad de medir distancias suficientes para trazar con precisión los brazos espirales de la Galaxia y aprender sus verdaderas formas", dice Sanna.

   Las observaciones de VLBA midieron la distancia a una región donde se están formando nuevas estrellas. Estas regiones incluyen áreas donde las moléculas de agua y metanol actúan como amplificadores naturales de las señales de radio (masers), el equivalente de onda de radio de los láseres para ondas de luz. Este efecto hace las señales de radio brillantes y fácilmente observables con radiotelescopios.

   "La Vía Láctea tiene cientos de estas regiones formadoras de estrellas que incluyen masers, por lo que tenemos un montón de puntos para utilizar en nuestro proyecto de mapeo, pero éste es especial. Estamos mirando todo el camino a través de la Vía Láctea, pasando por su centro de camino hacia el otro lado", dice Karl Menten, del MPIfR.

   El objetivo de los astrónomos es revelar finalmente el aspecto de nuestra propia galaxia si pudiéramos salir de ella y viajar hacia fuera tal vez a un millón de años luz, y verla de frente, en lugar de a lo largo del plano de su disco. Esta tarea requerirá muchas más observaciones y mucho trabajo minucioso, pero, según dicen los científicos, ahora tienen herramientas en la mano con las que trabajar.

   "Dentro de los próximos diez años, deberíamos tener una imagen bastante completa", predice Mark Reid, del Centro Harvard de Astrofísica (CFA, por sus siglas en inglés) de Smithsonian.