María Luz Esteban Saiz, sociolingüista sorda y doctora en Estudios Lingüísticos, es directora del Centro de Normalización Lingüística de la Lengua de Signos Española (CNLSE). - CNLSE
Cada 21 de febrero se celebra en todo el mundo el Día Internacional de la Lengua Materna con el objetivo de preservar la diversidad lingüística y el patrimonio cultural. Del 23 de enero al 1 de marzo, el Teatro María Guerrero acoge 'Grito, boda y sangre', una producción del Centro Dramático Nacional que dialoga de manera directa con el sentido profundo de esta conmemoración.
Basada en 'Bodas de sangre' de Federico García Lorca, así como en fragmentos de otras de sus obras y poemas, la pieza se presenta en lengua de signos española (LSE), castellano y otras formas de expresión como visual vernacular, danza signada, música en directo y títeres. Dirigida por Ángela Ibáñez, sorda, y protagonizada por Mari López y Emma Vallejo, también sordas, la obra trasciende el homenaje a Lorca para convertirse en una afirmación poderosa de la LSE como lengua visual, plena y profundamente literaria.
Esta puesta en escena no es una traducción añadida ni un recurso de accesibilidad incorporado al final del proceso creativo. Es una creación concebida desde la lengua de signos, desde la cultura sorda, desde una manera distinta de percibir y habitar el mundo. Esto transforma radicalmente la experiencia teatral: el ritmo, la energía, el lenguaje visual y la forma de narrar desde los cuerpos.
Para Ángela Ibáñez, 'Grito, boda y sangre' es mucho más que una adaptación teatral, es "un acto de reivindicación, de memoria y de libertad". Reivindicación de la lengua de signos, una lengua que, pese a los avances normativos y a los esfuerzos nacionales e internacionales, sigue siendo minorizada en la práctica y escasamente presente en los escenarios y espacios culturales. Memoria, porque Lorca encarna tantas voces históricamente silenciadas. Y libertad, porque esta propuesta celebra la diferencia como fuerza creativa y política.
Salí del María Guerrero desbordada de emociones, con la certeza de haber asistido a algo que iba mucho más allá de lo escénico. Una experiencia que remueve y amplía nuestra manera de entender el teatro, el lenguaje y la cultura. En un momento en el que la cultura sorda y las expresiones culturales de la LSE han sido reconocidas como manifestación representativa del patrimonio cultural inmaterial mediante el Real Decreto 155/2024, esta obra adquiere un significado aún mayor: no solo como expresión artística, sino como acto de preservación viva de una lengua y de la cultura que la sostiene.
La comunicación humana es multimodal y las lenguas de signos poseen una tetradimensionalidad que amplía de forma extraordinaria las posibilidades expresivas del lenguaje y de la creación artística. A menudo hablamos de accesibilidad como un añadido, como un gesto final. 'Grito, boda y sangre' rompe con esa lógica. Aquí la lengua de signos no acompaña: sostiene. No traduce: crea. Y eso lo cambia todo. Cambia el ritmo, la energía, el uso del espacio, la relación entre cuerpos, objetos y palabras. Cambia, sobre todo, la mirada del público.
El carácter multidimensional del medio visual supera la linealidad propia del medio sonoro. El uso del espacio sígnico permite descripciones precisas de formas, repeticiones de acciones y movimientos. Con las lenguas de signos hacemos como si los objetos o personas referidas estuvieran en el espacio mismo de la comunicación, signamos con ellas, hacia ellas, sobre ellas. No solo las manos, el cuerpo y particularmente la mirada y la expresión del rostro juegan un papel decisivo.
Proteger una lengua no es solo legislarla. Cuando una lengua se arrincona, se debilita también una forma de entender el mundo. Porque la lengua materna no es solo un medio de comunicación: es identidad, memoria, conexión emocional y cultural. Proteger la lengua de signos implica garantizar espacios donde pueda ser transmitida, creada y celebrada. Significa darle espacio en la educación, en el arte, en los escenarios, en la imaginación colectiva. Significa permitir que las personas crezcan viéndose reflejadas, con referentes, con futuros posibles.
'Grito, boda y sangre' es, en este sentido, mucho más que una obra de teatro: es un acto de resistencia cultural y una invitación a mirar la cultura desde otro lugar, donde todas las lenguas y culturas importan.
María Luz Esteban Saiz, sociolingüista sorda y doctora en Estudios Lingüísticos, es directora del Centro de Normalización Lingüística de la Lengua de Signos Española (CNLSE).