BILBAO 31 Oct. (EUROPA PRESS) -
El escritor guipuzcoano Bernardo Atxaga ha presentado este viernes, en el Museo de Bellas Artes de Bilbao, su nuevo libro 'Enarak' (Pamiela), escrito en euskera, en el que Urtain, "el último" pintor profesional, es el protagonista, y las golondrinas, que dan título a la novela, "también están ahí, volando a diez metros por segundo sin parar", con los montes de los alrededores de Arroagoia, que son "poliverdes", de fondo.
En la presentación de su último libro, Atxaga ha explicado que cuatro narradores, "cuatro voces diferentes", son los encargados de "coser" la novela, aunque "la voz cantante la lleva uno, que es el que está en crisis y un poco marginado", mientras que otro es "muy provocativo y habla fatal, muy sucio".
Atxaga, que ha explicado que conoce el mundo de los levantadores de piedra "desde la niñez" y que Urtain ha sido en su vida personal "una persona de referencia", ha afirmado que su vida es "casi como un ejemplo, una fábula, una parábola; su mundo, como empezó, como terminó".
Tras detallar que entre los narradores está "el hombre que odiaba a Urtain" y "el hombre que amaba a Urtain, que es el pintor que conoció a Urtain, que desea estar cerca de Urtain", ha señalado que los cuatro narradores "han intentado por todos los medios que Urtain se suicide".
Además, en la parte final de la novela Atxaga cita a unos 35 pintores, "todos conocidos en Euskadi", con los que ha tenido trato personal o sabe sobre ellos, con la intención de "mostrarles la amistad recordando sus cuadros". De estas últimas diez páginas ha dicho sentirse "bastante contento".
Por otro lado, Atxaga ha hecho referencia a la "similitud" entre una novela y el teatro, y ha reconocido que, "en la ideología literaria dominante, siempre se ha considerado una vergüenza si el teatro se parece a una novela", cuando, según ha señalado, "es evidente que la forma de dialogar en las novelas responde 100% a la forma teatral".
El escritor guipuzcoano ha añadido que, "en cierta ideología literaria, eso siempre ha dado vergüenza al escritor, de forma que lo ha intentado disimular de mil maneras, algunas horribles como poner todos los diálogos seguidos, poner guiones o no poner comillas".
Atxaga ha dicho "pensar lo contrario" y ha defendido que "el hecho de que haya personajes hace que el teatro y la novela se parezcan mucho". En ese sentido, ha reconocido que "el problema para el escritor es que en el teatro hay una fisicidad, ves al actor, tiene un cuerpo y una voz, y ves la escenografía, pero el escritor no tiene nada de eso, tiene que crear ese movimiento a partir de las palabras y a partir del movimiento interno del texto".
"Yo no voy a decir que lo he conseguido, pero es un ideal que un libro sea un texto, una representación, que tenga los movimientos del teatro, pero lo difícil es hacerlo con un material que es mudo, inodoro, incoloro", ha precisado, para añadir que "un actor es muy superior en ese sentido a la hora de expresar un mensaje, salvo que la imaginación del lector construya ese personaje dentro a partir de su propia vida, porque entonces es irrebatible".
En ese sentido, ha dicho que la gente que dice que ha visto la película pero la novela le ha gustado más, "lo que quiere decir es que con la imaginación vio otra cosa que le gustaba más que lo que ha visto en la pantalla".
TRAYECTORIA
Atxaga (Asteasu, 1951), escritor de novela, poesía, cuento, teatro y ensayo, cuenta con obras tan desatacadas como Etiopía (1978), Bi anai (1985), Obabakoak (1988), Behi euskaldun baten memoriak (1991), Gizona bere bakardadean (1993), Zeru horiek (1995), Soinujolearen semea (2003), Zazpi etxe Frantzian (2009), Nevadako egunak (2013), Etxeak eta hilobiak (2019), Kilker bat autopistan (2020) y Paradisuaren kanpo aldeak (2023).
Es un autor traducido a 35 idiomas, y su obra ha sido llevada al cine por Montxo Armendariz (Obaba, 2005), Aizpea Goenaga (Zeru horiek, 2006) e Imanol Rayo (Bi anai, 2011).
Licenciado en Ciencias Económicas por la Universidad de Bilbao, se estrenó en el mundo de la literatura en euskera en 1972, cuando publicó su primer texto, una pieza teatral de corte experimental 'Borobila eta puntua'.
En 1978 editó su primer libro de poesía, Etiopía, y fue a partir de 1980 cuando se dedicó ya de forma profesional a la literatura. Su novela más conocida es Obabakoak (1989), por la que recibió el Premio Nacional de Narrativa y el Premio Euskadi.
En 2006 fue nombrado miembro de Euskaltzaindia, la Academia de la Lengua Vasca, y en 2010 de Jakiunde, Academia de las Ciencias, de las Artes y de las Letras. En 2019 se le otorgó el Premio Nacional de las Letras Españolas por su "contribución fundamental a la modernización y a la proyección internacional de las lenguas vasca y castellana".