Navidades de posguerra: imágenes de una España austera

 Interior de una tienda de juguetes en la que los niños escogen los regalos durante la campaña navideña
Interior de una tienda de juguetes en la que los niños escogen los regalos durante la campaña navideña - ARCHIVO
Historias con valor

Una imagen vale más que mil palabras y hay novelas y películas que se convierten en radiografías de una época. ¡Qué bello es vivir!', de Frank Capra, pone de relieve la importancia de los valores en la sociedad estadounidense de los años 40; mientras que 'Cuento de Navidad', de Charles Dickens, sumerge al lector en la Inglaterra victoriana.

En España, 'La Gran Familia', con Pepe Isbert encarnando a un abuelo de quince nietos, es el espejo de la Navidad de los años cincuenta, una época en la que España se encontraba sumergida en una dictadura tras una Guerra Civil que había dejado al país empobrecido.

En esas Navidades, no todo el mundo tenía árbol, las calles no estaban llenas de luces, ni había comidas lujosas sobre la mesa, sino que la ilusión residía en reunir a la familia, principalmente en el interior de cada casa, alrededor del brasero o de la estufa, y celebrar juntos las fiestas con pequeños gestos.

Navidades de posguerr.
Archivo Europa Press

Tal y como muestra 'La Gran Familia', los niños pasaban las mañanas en casa jugando a muñecas, a coches o a indios y vaqueros, como en 'Rin Tin Tin', y por las tardes, si vivían en una ciudad, iban pasear por los escaparates del centro, que eran los que iluminaban las calles, ya que en las ciudades aún no era común el alumbrado navideño municipal.

Navidades de posguerra
Navidades de posguerra
Archivo Europa Press

La Navidad madrileña olía a castañas asadas, a churros recién hechos y a carbón de las estufas, mientras que el aire de Barcelona condensaba olor a mar y a turrón de las pastelerías de barrio.

En la capital, la Plaza Mayor era una de las paradas obligatorias. Pese al frío, allí se agolpaban vendedores de artículos navideños, como figuritas, zambombas o árboles de Navidad, una tradición que llegaba de fuera y que aún trataba de hacerse un hueco en las grandes ciudades.

Navidades de posguerra
Navidades de posguerra
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EL BELÉN Y LOS REYES, UN MOMENTO EN FAMILIA

Poner el belén era un plan en el que participaban todos los miembros de la familia. Mientras que los padres se encargaban de sacar del trastero las piezas, minuciosamente guardadas de año en año, los abuelos narraban sus historias y los niños colocaban las figuritas.

La lavandera, los pastores, el río hecho en casa y los prados de musgo eran protagonistas de esta pequeña recreación de Judea. Si alguna pieza se rompía, se pegaba. Con suerte, cada año se añadía alguna figura al Nacimiento. Era un recado que se hacía en familia y, junto a las visitas a las exposiciones de belenes, conformaba uno de los planes por excelencia de la Navidad de los austeros años 50 y 60.

La Cabalgata, con Sus Majestades los Reyes Magos de Oriente montados a caballo, desfilaba por el centro de las ciudades y las calles se llenaban de familias que tenían que esperar al raso a ver aquellos modestos séquitos de pajes y pastores. Después, los niños se iban a casa a esperar la que empezaba a considerarse la noche más mágica del año.

Navidades de posguerra
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En muchas ciudades como Bilbao, era costumbre dejar una copa de anís o brandy o unos mazapanes para que en su parada en casa Los Reyes pudieran reponer fuerzas. Mágicamente, a la mañana siguiente, esos tentempiés habían desaparecido y, a cambio, al lado de las zapatillas empezaban a aparecer los detalles que dejaban los Reyes.

Navidad en España años 60
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Los regalos, muy lejos de las videoconsolas, eran libros, muñecas de trapo, coches de hojalata, tebeos o indios y vaqueros de goma. Trompos metálicos, peonzas de madera o trenes eléctricos aparecían el 6 de enero en los zapatos de los niños que se habían portado bien.

EL GORDO, UN CLÁSICO DE LA NAVIDAD

Al margen de lo puramente religioso, la Navidad en España está marcada por la lotería y la Nochevieja. Sin embargo, lo que ahora son tradiciones muy asentadas, en aquellos años podían parecer un lujo en muchas zonas del país.

Más avanzada que el resto de España, en Madrid 'El Gordo' ya estaba presente en 1960. Los niños de San Ildefonso cantaban los números por la radio y en pesetas, pero con el mismo soniquete que hoy en día retumba en las casas cada 22 de diciembre.

Lotería de Navidad años 60
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El 31 de diciembre, el imaginario colectivo nos lleva a la Puerta del Sol. Al igual que sucede en la actualidad, la gente acudía al kilómetro cero de la capital a celebrar la llegada del año nuevo. No había tanta gente como hoy en día, ni fuegos artificiales, pero si vendedores ambulantes y gente tomando las uvas.

Nochevieja en Puerta del Sol años 60
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SABORES DE FIESTA

En esta época también era el momento de saborear alguna comida especial o diferente a la del resto del año. En cocinas de carbón o de leña, abuelas y madres preparaban guisos que no eran comunes a diario. Cardo con almendras, borraja y sopas de ajo eran habituales en zonas rurales y el pescado, en los puertos de mar; mientras que en Madrid imperaba la tradición castellana del cordero y en ciudades como Bilbao, como día grande, se comía pollo.

Turrones (del duro y del blando), peladillas, garrapiñadas y mazapanes se sacaban a los postres, cuando la conversación fluía alrededor de la mesa mientras de fondo se escuchaba a los niños jugar o cantar villancicos al ritmo de panderetas, zambombas o botellas de anís.

La Navidad era sentarse todos juntos alrededor de la radio o de la única televisión que, con suerte, tenía la casa; las noches de compartir cama con los primos; las excursiones a por el musgo del belén o los paseos en familia. España no invitaba a grandes celebraciones, pero, tal y como muestran las películas, la Navidad se vivía a través de los pequeños detalles de cada casa.

Navidad familiar años 60
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