Atardecer desde el buque oceanográfico durante la campaña Calypso en el mar Balear en 2022. - WOODS HOLE OCEANOGRAPHIC INSTITUTION
PALMA 13 May. (EUROPA PRESS) -
La investigadora del Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (Imedea) Cristina Martí-Solana ha liderado un estudio con que el que ha comprobado que la división de remolinos en el mar Balear resulta un proceso "clave" para distribuir calor, nutrientes y mantener la productividad marina, al favorecer la mezcla vertical y horizontal de las masas de agua.
Esta investigación ha seguido la evolución de un pequeño remolino marino --de unos 20 km-- que se dividió en dos, durante un muestreo intensivo que tuvo lugar en aguas de Baleares durante los meses de febrero y marzo de 2022, según ha explicado el centro de investigación en una nota de prensa.
Aunque estos episodios suelen pasar desapercibidos, han resaltado que su impacto es "notable", dado que durante la fragmentación del remolino, la energía acumulada en grandes corrientes se transfiere hacia movimientos más pequeños, intensos y turbulentos. Este mecanismo desempeña un papel "esencial" en la mezcla del océano y en el transporte de calor, nutrientes y carbono entre la superficie y el océano interior.
Martí-Solana ha señalado que estos pequeños remolinos son "prácticamente invisibles" para los sistemas tradicionales de observación por satélite. Por eso, ha relatado que las campañas oceanográficas intensivas realizadas en el mar Mediterráneo son "esenciales" para captar dinámicas "rápidas y de pequeña escala" que, sin embargo, tienen "efectos relevantes sobre el océano".
En el estudio de la evolución del remolino se utilizó una metodología nueva que consistió en un muestreo repetitivo de alta resolución de las corrientes marinas. El equipo a bordo del buque oceanográfico Pelagia cruzó repetidamente una zona del mar balear durante más de una semana y midió las corrientes a diferentes profundidades. Además, estos datos se complementaron con observaciones satelitales de temperatura superficial del mar y de clorofila.
Pese a que el episodio observado fue "breve y localizado", sus implicaciones "van mucho más allá". El estudio demuestra que procesos "aparentemente pequeños" pueden desempeñar un "papel decisivo" en el equilibrio energético del océano y en la forma en que el Mediterráneo responde a los cambios ambientales.
El estudio liderado se ha realizado en el marco del proyecto internacional Calypso y ha contado con la participación de la Scripps Institution of Oceanography de la Universidad de California) y la Wood Hole Oceanographic Institution. "Esto ha situado nuevamente al Mediterráneo y, especialmente, a Baleares como una región estratégica para la investigación climática y oceanográfica internacional", han reivindicado.
A diferencia de los grandes océanos, las corrientes mediterráneas operan a escalas "más reducidas y evolucionan rápidamente", lo que convierte al mar Balear en un "auténtico laboratorio natural".
En estas aguas se generan remolinos, frentes y ondas internas que permiten analizar procesos difíciles de observar en otras partes del mundo. Aunque ocurren en distancias relativamente pequeñas --de apenas unos kilómetros--, tienen consecuencias "importantes" sobre la circulación marina y el funcionamiento global del océano. Su comprensión ayuda a mejorar los modelos de predicción y la gestión del medio marino en un contexto de cambio climático.
El trabajo, que acaba de publicarse en la revista 'Geophysical Research Letters', refleja que, durante el proceso de ruptura del remolino marino, los investigadores detectaron un cambio en la dinámica del agua, puesto que el flujo pasó de un "estado de equilibrio a otro mucho más inestable". Esto ayuda a explicar cómo la energía se mueve desde las grandes corrientes hacia estructuras más pequeñas y efímeras.
El estudio muestra, además, que estos eventos generan movimientos verticales capaces de transportar materia orgánica y nutrientes hacia capas profundas del Mediterráneo. Este mecanismo influye tanto en los ecosistemas marinos como en la capacidad del océano para absorber carbono atmosférico.
Los científicos también detectaron ondas internas que trasladan energía desde la superficie hacia el interior del mar, un fenómeno "muy difícil de medir directamente y que es fundamental para entender cómo se renuevan las aguas profundas".