MADRID, 11 Oct. (EUROPA PRESS) -
La CIA no atraviesa por su mejor momento. Sus agentes son incapaces de recabar información de primera mano dado que nunca consiguen integrarse en la sociedad del país en el que trabajan, mientras el aparato bélico estadounidense opera sobre "elucubraciones" a la espera de que el nuevo presidente estadounidense "elimine la mancillada imagen" del país en el exterior, causada por las prácticas de tortura emprendidas por los servicios clandestinos de la agencia.
Esa es la opinión del periodista y escritor estadounidense Tim Weiner, que esta semana ha presentado en España el libro 'Legado de Cenizas: Historia de la CIA', galardonada con el Premio Nacional de Literatura de No Ficción en EEUU.
"Deberíamos aprender la lección impartida por la Inteligencia británica en el siglo XIX, cuando había un Imperio Británico que proteger en India, Pakistán y Afganistán", explicó Weiner, ganador del Premio Pulitzer, en una entrevista concedida a Europa Press. "Los británicos se introdujeron en la cultura de esos países, y permanecieron allí durante generaciones".
El comportamiento de los servicios de Inteligencia estadounidenses es bien distinto. "El tiempo medio de un operativo de inteligencia en un país extranjero es sólo de dos años", indicó el autor. El resultado es que se obtiene "una información de segunda mano", conseguida en su mayor parte de lo que erróneamente se consideran "servicios de inteligencia amigos", lo que es una proposición equivocada porque Weiner defiende la idea de que "no hay amistad entre países".
"CONOCE A TU ENEMIGO"
La labor de un espía estadounidense es relativamente simple: proteger a su país obteniendo información que contribuya a prever cualquier tipo de ataque de los intereses estadounidenses tanto a nivel nacional como en el extranjero. Pero las implicaciones más profundas de esa labor se le han escapado a la CIA prácticamente desde su concepción, como indicó el autor.
"La función de un agente de la CIA es reclutar a agentes de inteligencia extranjeros, a los que se les pide que traicionen a su país, a su gente, a su Ejército, a parte de sus principios", indicó Weiner. "Se trata de seguir la doctrina propuesta hace ya 26 siglos por el estratega chino Sun Tzu en 'El Arte de la Guerra': "Conoce a tu enemigo".
Al introducirse en el país, póngase Irak, en recintos exclusivos como la Zona Verde, los operativos de inteligencia estadounidenses carecen de la información de la que podría disponer un agente de inteligencia completamente integrado en la cultura y la sociedad del lugar en el que trabaja. Hacen falta más de dos años, porque "se trata de una tarea generacional", apuntó Weiner.
IMAGEN DESAJUSTADA
En el libro, la imagen que se presenta de la CIA al lector no tiene mucho que ver con la realidad, lejos de la imagen todopoderosa que se proyecta de la agencia en multitud de obras. "La mayor parte de las cosas que creemos conocer de la CIA proceden de películas y literatura de segunda", manifestó el autor, quien indicó que los enormes recursos tecnológicos con los que cuenta la agencia son insuficientes para desempeñar una adecuada labor de inteligencia.
"Sí, hay satélites espaciales; sí, hay dispositivos de escuchas secretas", pero la tecnología "no sustituye la labor de un componente humano", uno que "sea capaz de hacer amistad con una fuente interna del país y logre extraer de ella toda la información posible", y eso "no lo hace un satélite".
Es por ello por lo que la percepción actual de los servicios de inteligencia estadounidenses no responden a la realidad, y más aún si tenemos en cuenta el difícil momento que atraviesan. Para el autor, la realidad actual ha superado la capacidad de la CIA, particularmente después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, y el inicio de la Guerra contra el Terror organizada por el presidente estadounidense, George W. Bush.
"UNA GUERRA DE INTELIGENCIA"
La Agencia Central de Inteligencia necesita de una reforma, quizás no radical, pero sí una que contribuya a mejorar su imagen interna frente a una administración sumamente decepcionada con su actuación tras los atentados contra el World Trade Center, y sobre todo durante la posterior invasión de Irak, en 2003.
"Bush perdió la fe en los servicios de inteligencia cuando se reveló que no había armas de destrucción masiva en Irak", indicó Weiner. Consecuencia de ello, en diciembre de 2004 se creó la oficina del Director de Inteligencia Nacional (DNI), encargado de las responsabilidades de inteligencia que anteriormente habían sido competencia de la CIA.
La razón, nuevamente, es la falta de información ajustada. Esa carencia se suma a una característica personal, humana. "A nadie le gusta recibir una información que desafíe sus ideas preconcebidas", apuntó el autor, que señaló al mismo tiempo que "tanto en Irak como en Afganistán" se está librando "una guerra que no se ganará con tanques y con misiles, sino con inteligencia e ideas". Y ahora mismo, las operaciones en ambos países no funcionan sobre información sólida y verificable, sino sobre "elucubraciones, y eso no es inteligencia", declaró el autor.
EN MANOS DEL PRESIDENTE
La tarea de reformar la Agencia corresponde sobre todo a una persona: el presidente de Estados Unidos. Demócrata o republicano, da lo mismo. La CIA debe cambiar su modo de operar, pero la presidencia estadounidense, "que se encuentra por encima de toda ideología" debe contribuir a cambiar "el estigma" asociado a las operaciones clandestinas de la agencia. Es decir, el fin de las prácticas de tortura.
El mundo ya no obedece a la estructura bipolar de la Guerra Fría. "En esa época", consideró Weiner, "era mucho más fácil convencer a los operativos de que se pasaran al otro bando" porque "EEUU era el paladín de la democracia y de la libertad" frente a la amenaza comunista. "Hoy en día esa imagen ha sido mancillada, y corresponde al presidente de los Estados Unidos eliminar esa mancha", indicó.
A partir de ahí, el objetivo consiste en integrar, en la medida de lo posible, al operativo de Inteligencia dentro del país. "Hay que crear una nueva generación de agentes de inteligencia que hablen chino, que hablen árabe, pastún, urdu... aprendiendo la historia y la cultura del país", concluyó.