Empoderando a las mujeres refugiadas rohingyas

Empoderando a las mujeres refugiadas rohingyas
WORLD VISION
Rohingyas Rohingyas
Publicado 08/03/2019 8:29:48CET

Poder trabajar no solo les reporta ingresos sino que también contribuye a su dignidad y autoestima

COX'S BAZAR, 8 Mar. (Por Himaloy Joseph Mree y Karen Homer, World Vision) -

Hamida llena bolsas de arena junto a su equipo de trabajadoras de la construcción, formado exclusivamente por mujeres. Vestidas con largos burkas negros y pañuelos que envuelven sus cabezas, ayudan a construir un puente de bambú sobre una zanja de aguas residuales.

El olor es insoportable; el calor sofocante. A las 10 de la mañana hay 35°C, con la humedad que se aproxima al 90 por ciento en el campamento de refugiados más grande del mundo, en Cox's Bazar, Bangladesh.

En la cultura musulmana de los refugiados rohingyas, es poco común que las mujeres trabajen fuera del hogar, especialmente realizando trabajos manuales.

Pero Hamida y sus compañeras de equipo, todas mujeres jóvenes y viudas, están dispuestas a poner a prueba la tradición si eso significa ganar algo de dinero para ayudar a mantener a su familia. Se encuentran entre las 295 mujeres que participan en el innovador programa de dinero en efectivo por trabajo de World Vision en los campamentos de refugiados que ahora albergan a casi un millón de personas.

"No nos importa qué tipo de trabajo nos den. Llenamos bolsas con arena y cemento, nivelamos caminos y tejemos vallas de bambú", dice Hamida. Perdió a su esposo durante la violencia genocida en Birmania en agosto de 2017. De repente, se convirtió en la única fuente de ingresos para sus dos hijos, Ayatulá y Rashidulá, de 8 y 11 años.

"Es difícil para una mujer ganar dinero aquí, en el campamento", dice Hamida. En Birmania, ella y su esposo llevaban una pequeña granja, donde cultivaban la tierra y cuidaban de sus tres vacas y cinco cabras. Hamida nunca esperó ser viuda a los 40 años y tener que encontrar una forma de alimentar a sus hijos.

MUCHAS MUJERES CABEZA DE FAMILIA

Pero ella no está sola. En los campamentos hay 32.684 hogares encabezados por mujeres, según ACNUR. Ellas son las que luchan por dar a sus hijos algo más allá de las raciones mensuales de arroz, lentejas y aceite vegetal que todos los refugiados reciben del Programa Mundial de Alimentos (PMA).

Los niños necesitan una dieta más equilibrada y diversificada, pero las madres no tienen medios para comprar la carne, el pescado y las frutas y verduras frescas que necesitan, aunque estos alimentos están disponibles en el mercado.

La ONG World Vision está proporcionando trabajo a corto plazo a 1.000 refugiados rohingyas, el 30 por ciento de los cuales son mujeres, lo que les permite obtener algunos ingresos por construir carreteras, caminos y puentes en el campamento de refugiados.

Los equipos de trabajo están formados por 1.000 refugiados rotando cada 20 días para asegurar que muchas familias puedan participar en el programa. Los trabajadores ganan 350 taka (4,50 dólares) por día, un salario justo comparable con las tarifas locales para el trabajo diario ocasional. Los ingresos totales de 82 dólares por el trabajo de 20 días dan para mucho en los campamentos donde un kilo de tomates cuesta cerca un dólar y un pollo se vende por un dólar y medio.

UNA VÍA PARA RECUPERAR LA DIGNIDAD Y LA AUTOESTIMA

La capacidad de trabajar ayuda a estas mujeres refugiadas a recuperar su autoestima y dignidad. Nadie quiere depender completamente de la ayuda de otros. Ganar dinero les da a estas mujeres opciones para sobrevivir y un sentido de control sobre sus vidas, algo que muchos sienten que perdieron en la frenética huida de Birmania.

Aunque ha sido un éxito, el programa no ha estado exento de problemas en sus comienzos. Trabajar fuera del hogar no es culturalmente aceptable para las mujeres, especialmente en los trabajos de construcción. Los transeúntes masculinos abucheaban y se burlaban de los primeros equipos de trabajo femeninos, a veces incluso amenazando a las mujeres verbalmente.

"Fue un desafío lograr que las mujeres participaran", reconoce Agatha Sarker, directora del proyecto de World Vision. "Entonces nos reunimos con líderes de la comunidad para obtener su aceptación. Estuvieron de acuerdo en que las mujeres deberían recibir apoyo para hacer este trabajo, especialmente las familias encabezadas por mujeres". El acoso amainó, nos explica Agatha, aunque las mujeres todavía deben enfrentarse a críticas y burlas por parte de sus vecinos.

Con su primer pago en efectivo, Hamida ha podido comprar lo que necesitaba para ella y sus hijos. "Mis hijos solían pedirme buena comida cuando tenían hambre, pero no podía pagarla. Después de ganar este dinero, estoy muy feliz. Es un apoyo para mí ya que mi esposo ya no está conmigo. Puedo ir al mercado a comprar comida para mis hijos. He comprado una gallina y algunas verduras, así como algunas manzanas y uvas".

Hamida también ha comprado algo de ropa nueva. Sin ingresos, los refugiados dependen de la ropa usada donada por organizaciones de Bangladesh. La mayoría de las personas solo tienen una muda y tienen pocas opciones para elegir la talla, el color o el tipo de prenda.

"He comprado camisas y pantalones nuevos para mis dos hijos, y una falda, un pañuelo y un trozo de tela para mí", cuenta sonriendo. Al final se trata de recuperar la dignidad.

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