Actualizado 14/04/2015 15:03 CET

La vida bajo Boko Haram en Nigeria contada por los supervivientes

Mujeres en Damasak tras ser recuperada de manos de Boko Haram
Foto: REUTERS/ Europa Press
  

MADRID, 14 Abr. (EDIZIONES) -

   El grupo terrorista Boko Haram logró fama a nivel mundial hace justo un año tras el secuestro de más de 200 estudiantes de una escuela secundaria de Chibok, en el norte de Nigeria, y que generó una campaña a nivel mundial bajo el lema #BringBackOurGirls. Algunas de aquellas niñas consiguieron escapar pero del resto, tras informaciones confusas de inminentes liberaciones que nunca se concretaron, no se ha sabido nada.

   Amnistía Internacional ha publicado este martes un informe, 'Nuestra labor es disparar, asesinar y matar: el reinado del terror de Boko Haram', en el que documenta los múltiples crímenes de guerra y crímenes contra la Humanidad cometidos por el grupo que comanda Abubakar Shekau.

   Así, a través de los testimonios de cerca de 200 personas, incluidas 28 mujeres y niñas secuestradas, ha recopilado al menos 5.500 civiles muertos y al menos 2.000 mujeres y niñas secuestradas entre enero de 2014 y marzo de 2015.

Nigeria

   Estos son algunos de los testimonios recopilados por la ONG en su informe que ponen de manifiesto cómo es la vida en las zonas que controla Boko Haram en el noreste de Nigeria así como las atrocidades cometidas en los ataques y atentados que llevan a cabo.

   - AISHA, de 19 años, fue secuestrada en la boda de una amiga en septiembre de 2014 junto con su hermana, la novia y la hermana de la novia. Boko Haram se las llevó a un campo situado en Gullak, en el estado de Adamawa, donde vivían aproximadamente un centenar de niñas secuestradas. Una semana después, el grupo obligó a la novia y a su hermana a casarse con combatientes. Además, entrenaron para el combate a Aisha y al resto de las mujeres y las niñas.

   "Enseñaban a las niñas a disparar armas. A mí me enseñaron también a utilizar explosivos y atacar pueblos", contó Aisha a Amnistía Internacional". "Nos entrenaron durante las tres semanas siguientes a nuestra llegada y luego comenzaron a enviar a algunas a realizar acciones de combate. Yo fui a una contra mi propio pueblo", explicó.

   Según la joven, durante los tres meses que estuvo cautiva la violaron reiteradamente, en ocasiones grupos de hasta seis combatientes. También presenció el asesinato de más de 50 personas, incluida su propia hermana. "Algunas se negaron a convertirse. Otras se negaron a aprender a matar. Las enterraban en una fosa común entre la maleza. Sencillamente arrojaban los cadáveres en una fosa grande, pero no muy profunda. Yo no vi la fosa, pero hasta nosotras llegaba el olor de los cuerpos en descomposición".

(Mapa del horror causado por Boko Haram en Nigeria)

   - A AHMED Y ALHAJI, de 20 y 18 años, los sentaron junto con otros hombres en espera de ser degollados tras la toma de Madagali por Boko Haram, el 14 de diciembre de 2014. Ahmed contó a Amnistía Internacional que, aunque su instinto le decía que echara a correr, no pudo hacerlo: "Los mataban con cuchillos. Eran dos hombres (...) Todos estábamos sentados en el suelo esperando nuestro turno".

   Alhaji sólo pudo escapar cuando la cuchilla del verdugo de Boko Haram perdió filo y no pudo seguir degollando. "Vi cómo mataban a 27 antes de llegar a mi grupo. Yo los contaba porque quería saber cuándo me tocaría a mí". Según dijo, ese día en Madagali ejecutaron al menos a 100 hombres que se habían negado a unirse a Boko Haram.

   - En Bama, MUSTAFÁ Salé, de 15 años, fue testigo de la lapidación de cinco hombres y cinco mujeres por adulterio en febrero de este año. "Los sentenciaron el viernes. Llamaron a los residentes y les dijeron que les apedrearan. Yo participé en la lapidación. Cavaron un agujero, enterraron todo el cuerpo y los apedrearon la cabeza. Cuando la persona murió, los dejaron".

   - Una mujer de esta misma localidad contó que la vida era particularmente dura para los que se negaban a seguir la interpretación del islam de Boko Haram. "Los que seguían a Boko Haram recibían comida. Si no estabas de acuerdo con Boko Haram, simplemente te dejaban... si veían que habías comprado algo, te preguntaban si lo habías comprado y te decían que fueras y les mostraras dónde lo habías hecho y luego golpeaban al vendedor y a ti".

Nigeria

   - Un doctor de Maiduguri, capital de Borno, indicó a Amnistía el estado en que estaban las personas que abandonaban las zonas bajo control de Boko Haram. "Algunos de ellos están muy enfermos. Algunos están deshidratados por el vieja porque han caminado (hasta Maiduguri). Hay casos de estrés postraumático, malaria, vómitos y diarrea. La gente sufre problemas de nutrición y se puede ver que están por debajo de su peso". Esto, según AI, sugiere que el suministro de alimentos en estas zonas es escaso.

   - El 5 de mayo de 2014, Boko Haram atacó la localidad de Gamborou, en Borno. Aquí, la ONG consiguió recabar el testimonio de ocho supervivientes. Uno de ellos relató que "Boko Haram abrió fuego contra todo el mundo en la localidad, disparando y matando indiscriminadamente".

   "Siguieron a la gente a sus casas y les mataron; también fueron al mercado y mataron a la gente. También abrieron fuego contra personas con un tanque armado que habían traido. Fueron a una tienda de motos en la localidad; se llevaron unas cien y circularon por la localidad matando a personas y quemando casas a su paso", añadió.

   - El 25 de agosto MALLAM YUSUF, un empresario de 47 años, también fue testigo de un nuevo ataque contra esta misma localidad. "Nos dijeron que habían tomado la localidad, pero que todo estaba bien y que no deberíamos huir. Nos pidieron que enterráramos los cuerpos que yacían en las calles (...) nos llamaron infieles y paganos, pero dijeron que si cambiábamos nuestros modos y nos quedábamos, nos alimentarían".

   Esa misma tarde, milicianos de Boko Haram fueron a su casa y robaron su coche. Poco después, su hijo de 20 años fue seguido hasta la casa. "Llegaron a la casa y le dispararon en la cabeza. Justo delante de mí. Registraron toda la casa, pero no se llevaron nada con ellos. Después de que se fueran, cogí el cuerpo de mi hijo y lo enterré". Esa misma noche, Mallam Yusuf cruzó el puente hacia Fotokol, en Camerún.

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